Sociedad

A menos que olvidemos…

Foto: BUC/Victor Hulbert. Objetores de Conciencia Adventistas Británicos durante la Primera Guerra Mundial. Con amapolas gigantes llenando las rotondas, banderas…

Foto: BUC/Victor Hulbert.

Foto: BUC/Victor Hulbert. Objetores de Conciencia Adventistas Británicos durante la Primera Guerra Mundial.

Con amapolas gigantes llenando las rotondas, banderas de la Unión ondeando a lo largo de las avenidas principales, y vigilias y servicios de conmemoración presentes a lo largo y ancho de las Islas Británicas, el público está preparado para un gran y sombrío memorial de los 8,5 millones de personas que perdieron la vida en la Primera Guerra Mundial.

El lunes 4 de agosto se cumplió el 100 aniversario de un fragmento horrible de la historia mundial. 65 millones de personas intentaron matarse mutuamente durante cuatro añoss. Además de aquellos muertos, 21 millones de personas más resultaron heridas y una cantidad incontable de personas resultaron también con secuelas psicológicas.

Se llamó «la guerra que acabará con todas las guerras», y aún así, tristemente, en Gaza, Siria, el Congo, y otros innumerables lugares evidencian la guerra hoy día. El concepto de «guerra» lleva a tomar elecciones éticamente difíciles.

El ex-presidente de Estados Unidos, John F Kennedy dijo: «La humanidad debe poner fin a la guerra, o la guerra pondrá fin a la humanidad… La guerra existirá hasta ese día distante cuando los objetores de conciencia disfruten de la misma reputación y prestigio que los combatientes disfrutan hoy.»

Este es un clamor que los Adventistas del Séptimo Día pueden atribuírse también. Tradicionalmente una iglesia pacifista, durante el recuerdo que se hace estos días de aquellos que perdieron la vida en la Primera Guerra Mundial deberíamos recordar también a aquellos objetores de conciencia que optaron por una postura diferente, defendiendo la paz y los valores morales en un mundo bajo destrucción.

Imagínese a usted mismo con 16 años de edad en 1914. Usted es uno de los 2.500 Adventistas del Séptimo Día en el Reino Unido. Por 1916 se habrá convertido en uno de los 130 jóvenes adventistas reclutados en el ejército. Como objetor de conciencia, una persona incomprendida durante la Primera Guerra Mundial, podrá pasar el resto de la guerra en prisión, sentenciado a trabajos forzados en las prisiones de Dartmoor, Knutsford o Wakefield. La observancia del sábado será un problema. También lo serán las blasfemias y los valores morales en general. Su elección de guardar el sábado probablemente acabará en una paliza, o en trabajos degradantes tales como limpiar las letrinas sin ningún tipo de material.

16 jóvenes del área de Stanborough Park lo pasaron incluso peor aún. En un documental que será publicado por el Centro Adventista Multimedia en el Reino Unido, se cuenta la historia de su  reclutamiento en la 3ª Compañía de Cuerpos no Combatientes en Bedford Barracks el 23 de Mayo de 1916, su rechazo a portar armas en el barco rumbo a Francia, y su juicio marcial posterior así como el terrible trato recibido en la prisión militar Nº 3 en Le Harve. Dos de ellos murieron a causa de sus heridas.

Como continuación a las ceremonias conmemorativas del 4 de agosto, el pastor Víctor Hulbert ha compartido su historia con grupos de la iglesia en encuentros de las Asociaciones Adventistas Británicas del Norte y del Sur, así como en varias iglesias. Con una actitud sombría, los miembros dieron expresión del poder del mensaje compartido.

El pastor Philip Anderson es yerno de uno de los objetores de conciencia,  J McGeachey. Puede mostrar el historial del servicio militar, cuya última anotación es el juicio en la corte marcial y una condena de seis meses a trabajos forzados.

En la Iglesia Adventista de Stanborough Park, el sábado 26 de julio comentó la importancia que tiene contar esta historia olvidada por largo tiempo. Él era uno de los cuatro descendientes de los jóvenes de Stanborough presentes en la iglesia local ese día. Otra persona, la hija de Alfred Bird, manifestó agradecimiento de que esta difícil e impopular historia sea ahora contada. «Sus oraciones por los descendientes de aquellos jóvenes que hace mucho tiempo tuvieron el valor de poner a prueba su fibra moral fueron muy emotivas. En el mundo de hoy en día es una historia difícil de comprender. La inutilidad de la guerra es evidente en muchas partes del mundo hoy en día, y es una lección que tiene que aprenderse.»

¿Tenían razón al no combatir? «Quizá sea una pregunta abierta», comentó Víctor. «Mi tío abuelo, Willie Till era uno de esos jóvenes en Francia. Tras su decisión, estoy plenamente de acuerdo y admiro su coraje. En cualquier caso, incluso viendo la guerra como el resultado de un fallo puedo entender la necesidad de plantarse contra una agresión. Es un tema difícil. En todo caso, ya sea que usted esté de acuerdo o no con estos jóvenes, debe admirar su coraje. Esos jóvenes eran tan valientes como los soldados que enfrentaron al enemigo en las trincheras.»

Esta es una pregunta que los Adventistas que han escogido unirse al ejército hoy día deben enfrentar. Varios iniciaron un debate abierto tras la presentación de Víctor. Él respondió: «Puede que hagan lo correcto siguiendo el viejo consejo del Duque de Wellington: ‘Los hombres escrupulosos  respecto la religión, no tienen cabida en el ejército o la marina’.»

A Matter of Conscience‘ será publicado a principios de septiembre en www.hopetv.org.uk. Se puede encontrar investigaciones importantes sobre los Adventistas del Séptimo Día y la Primera Guerra Mundial, y una presentación en vídeo en la web dedicada a ello: https://adventist.org.uk/ww1.