Lección 9 para el 30 de agosto de 2025: CÓMO VIVIR LA LEY.
Tras proclamar el Decálogo, el pueblo pidió a Moisés que fuese el intermediario entre Dios y ellos (Éxodo 20:19). A partir de ese momento, Dios dio las leyes a Moisés, y éste las transmitió al pueblo.
Estas leyes, denominadas «código del pacto», estaban destinadas a regular la vida del pueblo de Israel y, por lo tanto, también las nuestras (con las adaptaciones necesarias a nuestra realidad actual).
Son, en definitiva, la aplicación práctica de los diez mandamientos a casos específicos de la vida cotidiana.
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Cómo vivir la ley:
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Cómo gestionar la violencia (Éxodo 21:1-32)
- El código del pacto comienza regulando tres aspectos vitales para la sociedad hebrea:
- La esclavitud (Éxodo 21:2-11): Los varones salían libres al séptimo año; las mujeres, si no se casaban, también salían libres; un hombre podía quedar como esclavo si así lo decidía
- La pena de muerte (Éxodo 21:12-17): Para el asesino intencional; para el que hiera o maldiga a sus padres; para el secuestrador
- Las lesiones (Éxodo 21:18-32): Obligación de compensación económica; si se produce un aborto, el juez y la mujer (con su marido) imponen la multa
- Todas estas leyes intentan frenar el abuso y la violencia entre las personas.
- El código del pacto comienza regulando tres aspectos vitales para la sociedad hebrea:
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Cómo vivir la ley en sociedad (Éxodo 21:33-23:19)
- Dios no se conformó con dejarnos unas leyes «base» y dejar que nosotros las apliquemos según nuestro criterio. Se preocupó de dar ejemplos concretos para que pudiésemos aplicarlas de la forma correcta.
- Estos ejemplos incluyen ataque entre animales (Éxodo 21:35-36); préstamos y alquileres (Éxodo 22:14-15); relaciones prematrimoniales (Éxodo 22:16), etc.
- Se hace énfasis especial en la protección de los débiles y marginados, pero sin concederles beneficios injustos –es decir, sin pervertir la justicia para beneficiarlos o perjudicarlos (Éxodo 22:21-23; 23:2-3, 6).
- Al ser un pacto entre Dios y su pueblo, estas leyes incluían también la forma en la que nos debemos relacionar con Él. A los descansos sabáticos se añadía la obligación de guardar las fiestas que nos recuerdan la liberación del pecado, la protección divina, y el futuro glorioso que nos espera.
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Vivir la ley y obtener la victoria (Éxodo 23:20-33)
- ¿Por qué no le entregó Dios a Abraham la tierra de los cananeos? «Porque aún no ha llegado a su colmo la maldad del amorreo» (Génesis 15:16).
- Tras cuatro siglos de gracia, los cananeos no habían cambiado de proceder. Era el momento de entregar la tierra a Israel… ¡Pacíficamente! (Éxodo 13:17).
- Si Dios los había sacado de Egipto sin que tuviesen que pelear, había abierto el mar en dos, les alimentaba milagrosamente y les guiaba su Ángel… ¿No sería capaz de darles Canaán sin que tuvieran que pelear por ella?
- Dios dice a Israel lo que debía hacer
- Oír su voz, para que Dios sea enemigo de sus enemigos (23:21-22)
- Servir solo a Dios, para que Él quite toda enfermedad (23:24-26)
- No hacer alianza alguna con los cananeos, para no adorar a sus dioses (23:32-33)
- Dios dice a Israel lo que Él va a hacer
- Enviará a Su Ángel para guardarlos e introducirlos [protección] (23:20)
- El Ángel irá delante de ellos y los llevará hasta Canaán [dirección] (23:23)
- Enviará terror a los habitantes (23:27)
- Enviará la avispa para expulsarlos (23:28)
- Los echará paulatinamente (23:29-30)
- Los entregará a Israel hasta que dominen desde el Mediterráneo hasta el Éufrates (23:31)
- Dios dice a Israel lo que debía hacer
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Cómo entender y vivir la ley:
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La ley del talión
- Cuando Jesús pronunció el sermón del monte anuló la ley del talión (Mateo 5:38-42) … ¿O no?
- La fórmula «oísteis que fue dicho… pero yo os digo» no anulaba ninguna ley (Jesús usó la misma fórmula para «no matarás» o «no cometerás adulterio», pero nunca pretendería anularlas). En realidad, Jesús siempre ampliaba la Ley, la mejoraba, y le daba su verdadero significado.
- Nunca fue la verdadera intención de la ley del talión que una persona perdiese su ojo o su mano por haber dañado a otra.
- Esta ley fue formulada con la intención de evitar la venganza, de poner fin a las contiendas sangrientas y a las represalias sin una investigación previa. Los daños debían ser evaluados por jueces, y luego se establecía y pagaba una compensación monetaria adecuada. Esta práctica surgió para evitar que las personas tomaran la justicia en sus manos. Era necesario hacer justicia, pero en armonía con la Ley de Dios.
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Recompensa y castigo
- El deseo de venganza está profundamente arraigado en nosotros. Y siempre es desproporcionado respecto al mal recibido: «si me ha hecho esto, yo le haré más».
- Jesús nos invita a hacer lo contrario a lo que deseamos: pagar bien por mal (Mateo 5:44). Entonces, ¿dónde queda la justicia? ¿Quién pagará al agresor lo que merece?
- Dios no nos dice que el agresor no sea castigado, ni que ningún acto sea vengado. Pero nos dice claramente, que Él será el vengador (Romanos 12:19-21).
- Aunque la venganza personal es tolerada en el código del pacto, se le puso freno al crear un sistema judicial que evitase los abusos (Éxodo 21:12-13, 22; 22:8-9).
- Nadie puede asumir el papel simultáneo de juez, jurado y verdugo. Si se debe castigar, debe ser hecho a través de un proceso judicial justo. Y Cristo será el Juez final supremo e inapelable.
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Para meditar:
«A través de los siglos, la Ley de Dios se ha preservado como la norma más elevada de moralidad. Ninguno de todos los inventos de la ciencia, resultado de las imaginaciones de las mentes productivas, ha podido descubrir un deber esencial que no esté incluido en este código.
»La Ley de Dios es la seguridad de la vida, de los bienes, de la paz y la felicidad. Fue dada para asegurar nuestro patrimonio presente y eterno». (Elena G. White, Alza tus ojos, 7 de octubre).
«Como Creador de todo, Dios es gobernador de todo, y está comprometido a hacer cumplir su ley en todo el universo. Esperar de sus criaturas menos que la perfecta obediencia a su ley sería abandonarlas a la ruina. No castigar la transgresión de la ley sería confundir al universo. La ley moral es el muro que Dios interpone entre el agente humano y el pecado. Así, la sabiduría infinita ha puesto ante los hombres la distinción entre el bien y el mal, entre el pecado y la santidad». (Elena G. White, The Signs of the Times, 5 de junio de 1901).
Autor: Sergio Fustero, de la Iglesia Adventista del 7º Día en Zaragoza. Responsable, junto con su esposa Eunice Laveda, de la web de recursos para la E.S. Fustero.es
Imagen: Librito oficial de Escuela Sabática.