«Otro Consolador»: la promesa del Espíritu Santo en la Trinidad. El significado del Paráclito en el evangelio de Juan.
En artículos anteriores de esta serie hemos abordado tres preguntas importantes relacionadas con la comprensión cristiana de Dios:
- ¿Los pioneros adventistas rechazaron la doctrina de la Trinidad?
- ¿La Biblia enseña la Trinidad?
- ¿El Espíritu Santo debe entenderse como una persona divina o simplemente como la presencia de Dios?
En esta ocasión nos detenemos en una de las promesas más profundas del evangelio de Juan: la promesa del «otro Consolador».
Las palabras aparecen en el discurso de despedida de Jesús: «Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre» (Juan 14:16).
¿Qué quiso decir Jesús con esta expresión? ¿Quién es ese «otro Consolador»?
La promesa en el discurso de despedida
Las palabras de Juan 14–16 se pronuncian en una situación cargada de emoción. Jesús acaba de anunciar a sus discípulos que pronto se marchará. La noticia provoca inquietud y tristeza.
En ese contexto, Cristo ofrece una promesa que transformará completamente la experiencia de los discípulos: no quedarán solos.
El Espíritu Santo vendrá para continuar la obra que Él mismo había iniciado.
El teólogo adventista Wilson Paroschi señala que en estos capítulos el Espíritu recibe funciones que van mucho más allá de una simple fuerza o influencia divina. Según las palabras de Jesús, el Espíritu:
- Enseñará a los discípulos.
- Recordará las palabras de Cristo.
- Guiará a toda la verdad.
- Hablará lo que oiga.
- Anunciará lo que ha de venir.
- Dará testimonio de Jesús.
Como ya hemos visto en artículos anteriores, estas acciones describen claramente la actividad de un agente personal.
El significado del término «Paráclito»
El evangelio de Juan utiliza un término griego muy particular para referirse al Espíritu Santo: Paráclito, del griego parakletos.
Tradicionalmente, se ha traducido este término como «Consolador», aunque esa palabra no recoge toda la riqueza del concepto. El término procede del verbo parakaleō, que significa literalmente ‘llamar al lado de alguien para ayudarle’.
Por eso el término puede abarcar varios matices: ayudador, consejero, defensor o intercesor.
Miguel Ángel Roig, máster en Teología y doctor en Filología Clásica, quien fue mi profesor de griego, dedicó un estudio muy interesante a este término y lo publicó en forma de artículo en esta misma revista hace años: La venida del Consolador. Recientemente compartió dicho artículo conmigo y, al leerlo, descubrí matices extraordinarios que considero importante rescatar.
El profesor Roig señala que el término es difícil de traducir con una sola palabra y propone entenderlo en un sentido amplio: alguien que acompaña, aconseja y asiste al creyente.
Esta perspectiva ayuda a comprender mejor el papel del Espíritu Santo en el evangelio de Juan.
Jesús, el primer Consolador
Un detalle muy significativo es que el Nuevo Testamento utiliza el término parakletos no solo para el Espíritu Santo. En 1 Juan 2:1 se aplica también a Jesucristo.
Esto significa que Jesús mismo había cumplido entre los discípulos la función de parákletos. Él había sido su maestro, su guía, su defensor y su consolador.
Por eso, cuando Jesús promete enviar «otro Consolador», está anunciando que el Espíritu continuará ese mismo ministerio.
El sentido de «otro»
El griego del texto aporta un matiz muy importante:
En Juan 14:16, el evangelista utiliza el adjetivo allos, que significa ‘otro’. En griego existen dos términos que pueden traducirse así: allos y heteros. El primero suele indicar otro del mismo tipo, mientras que el segundo se refiere a otro de naturaleza diferente.
El hecho de que Juan utilice «allos» sugiere que el Espíritu Santo realizará una obra semejante a la de Jesús. En otras palabras, el Espíritu continúa el mismo ministerio que Cristo había ejercido entre sus discípulos.
¿Es el Espíritu Santo Jesús mismo?
Aquí aparece una pregunta frecuente. En el mismo discurso, Jesús afirma: «No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros» (Juan 14:18).
Algunos interpretan estas palabras como si el Espíritu Santo fuera simplemente Cristo regresando en forma espiritual. Sin embargo, el contexto del evangelio de Juan apunta en otra dirección.
Jesús habla del Espíritu como «otro Consolador», lo cual indica distinción personal. El Espíritu es enviado por el Padre en nombre de Cristo, da testimonio de Cristo y glorifica a Cristo.
Paroschi explica que el evangelio de Juan presenta una profunda unidad entre el Hijo y el Espíritu, similar a la unidad entre el Padre y el Hijo. Pero esa unidad no implica identidad de persona.
La promesa de Juan 14:18 puede entenderse entonces de esta manera: Cristo continúa presente con su iglesia por medio del Espíritu Santo.
El Espíritu continúa la obra de Cristo
Este punto es fundamental. Según las palabras de Jesús, el Espíritu no viene a iniciar una obra diferente, sino a continuar la obra de Cristo.
El Espíritu:
- Recuerda las enseñanzas de Jesús.
- Guía a los discípulos en la verdad.
- Da testimonio de Cristo.
- Glorifica a Cristo.
El ministerio del Espíritu está inseparablemente ligado al ministerio del Hijo.
La presencia de Cristo en su iglesia
La promesa del Consolador muestra que la partida de Jesús no significaba el abandono de sus discípulos.
Al contrario, por medio del Espíritu Santo, la presencia de Cristo se haría aún más cercana y universal. Mientras que durante su ministerio terrenal Jesús estaba limitado por su humanidad a un lugar concreto, el Espíritu puede acompañar a los creyentes en cualquier lugar.
De esta manera, la promesa de Jesús se cumple de una forma sorprendente: aunque Cristo ya no esté físicamente entre sus discípulos, su presencia continúa en la vida de la iglesia.
Conclusión
La promesa del «otro Consolador» constituye una de las revelaciones más profundas del evangelio de Juan».
El Espíritu Santo aparece como el parákletos enviado por el Padre para continuar la obra de Cristo: enseñando, guiando, testificando y acompañando a los creyentes.
El lenguaje del evangelio mantiene al mismo tiempo dos verdades importantes. El Espíritu Santo es distinto del Hijo, pero comparte con Él una profunda unidad en la obra de la salvación.
Por eso, cuando los creyentes experimentan la obra del Espíritu, también sienten la presencia viva de Cristo entre ellos.
Autor: Óscar López Teulé, presidente de la Iglesia Adventista del Séptimo Día en España.
3. El Espíritu Santo: ¿presencia divina o persona divina de la Trinidad?


