DÍA 14: UN LLAMADO PERMANENTE A LA ORACIÓN
Sin oración no existe culto, devoción personal, intercesión. Sin incorporar habitualmente la oración a nuestro estilo de vida es imposible vencer la tentación y no caer en pecado. Sin una vida permanente de oración quedamos desprotegidos contra los ataques del enemigo.
Luego de recibir el bautismo diario del Espíritu Santo, nos enfrentamos al desafío de permanecer en la presencia del Señor hasta el final del día. Orando, estudiando la Biblia, meditando y alabando podemos tener una experiencia como la de Enoc, que «anduvo con Dios».
Cuando no oramos habitualmente…
- Nos alejamos de la luz de Dios. «Las tinieblas del maligno cercan a los que descuidan la oración» (Elena G. de White, El camino a Cristo, p. 94).
- No tenemos poder contra las tentaciones. La oración le abre la puerta a Dios a luchar por nosotros contra el enemigo. Cuando no oramos, no podemos distinguir las sutilezas de Satanás en sus tentaciones, nos volvemos confiados en nuestras propias capacidades y caemos.
- Abandonamos los caminos del Padre. «Sin oración incesante y vigilancia diligente, corremos el riesgo de volvernos indiferentes y de desviarnos del sendero recto» (Elena G. de White, El camino a Cristo, p. 94).
- Nos podemos volver indiferentes y orgullosos. «Velad para que el orgullo no halle cabida en vuestro corazón. Velad para que las malas pasiones no os dominen en vez de ser dominadas por vosotros. Velad para que un espíritu indiferente y descuidado no se apodere de vosotros y descuidéis vuestros deberes y seáis livianos y frívolos» (Elena G. de White, La fe por la cual vivo, p. 226).
Cómo orar
- Con la seguridad de que Dios es nuestro mayor bien. «Alma mía, dijiste a Jehová: «Tú eres mi Señor; no hay para mí bien fuera de ti». […] A Jehová he puesto siempre delante de mí; porque está a mi diestra, no seré conmovido» (Salmos 16:2, 8). Así como David, Moisés y Enoc, debemos ser conscientes de que estamos en la presencia de Dios a cada paso que damos.
- Con la mirada fija en Cristo. «Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios» (Hebreos 12:2). Cuando miramos la cruz, entendemos cuánto nos ama Dios. Esa mirada firme y fija despierta en nosotros profunda gratitud: la indiferencia, la frialdad, la malicia, el odio, el egoísmo, la falta de amor, la codicia y la inmoralidad, todos son borrados de nuestro corazón. Así, el poder del mal es quebrado y nos transformamos en más que vencedores por medio de Cristo y del poder que emana de la cruz, y podemos continuar nuestro caminar con seguridad.
- A lo largo del día, donde estés. «Si tu presencia no ha de acompañarnos, no nos saques de aquí» (Éxodo 33:15). Sigamos, entonces, el ejemplo de Moisés, manteniendo comunión con Dios dondequiera que estemos.
Beneficios de orar
Así como no podemos vivir sin respirar, tampoco podemos vivir sin orar. La oración es la respiración del alma, el conducto de todas las bendiciones.
Cuando oramos en el nombre del Señor Jesús, tenemos acceso directo al Trono de Dios, «para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro», dice el apóstol Pablo en Hebreos 4:16. El profeta Jeremías afirma, además, que las misericordias de Dios «nuevas son cada mañana» (Lamentaciones 3:22-23).
La gracia nos lleva a apreciar el don de la salvación. La misericordia, por su parte, nos garantiza que Dios nos acepta, a pesar de lo que somos; nos ama, a pesar de que no lo merezcamos.
En todo instante y en cada problema, por menor que sea, debemos ver una invitación para orar. El llamado para una vida de oración es, en definitiva, diario.
Para reflexionar: «No siempre es necesario arrodillarse para orar. Cultivad la costumbre de conversar con el Salvador cuando estéis solos, cuando andéis o estéis ocupados en vuestro trabajo cotidiano. Elévese el corazón de continuo en silenciosa petición de ayuda, de luz, de fuerza, de conocimiento. Sea cada respiración una oración» (Elena G. de White, El ministerio de curación, p. 408).
Desafío para hoy: Lee los siguientes textos bíblicos que nos animan a la oración. Márcalos en tu Biblia o escribe tu favorito en una tarjeta que puedas tener visible: Efesios 6:18; Marcos 13:33-37; 1 Tesalonicenses 5:17; Colosenses 4:2; Judas 20-21.


