La Biblia es el libro de los libros. En él, Dios te habla acerca del bien y del mal, así como de sus consecuencias. Habla de ti, de tu identidad, del Amor que el Creador siente por tu persona, y de Su Plan para salvarte del pecado, el sufrimiento y la muerte. Su Amor (sí, así, con mayúscula) está enlazado a tu libertad, pero no te librará de los efectos de tus actos. Tu Padre respeta tus decisiones, y tú deberás vivir con las consecuencias.
La mejor prueba de inteligencia no es ostentar un título o varios, es escoger bien. Tomar las mejores decisiones. Sabiendo, además, que hay una vida eterna, y que este mundo es menos de un segundo de la eternidad.
Por tanto, es saber que las mejores elecciones son aquellas que te acercan a Dios y a ese destino.
Diferencias entre inteligencia y sabiduría
La inteligencia es una facultad cognitiva innata (no es mérito tuyo, te viene de serie) que, además, se puede desarrollar con estudio, práctica y estimulación. Por otro lado, la sabiduría es la capacidad de tomar buenas decisiones, actuar con prudencia y vivir de manera justa. Mientras que la inteligencia puede ser medida por pruebas académicas, la sabiduría se manifiesta en la calidad de vida, en las decisiones correctas y en un carácter que busca imitar al de Cristo.
Desde una perspectiva moderna, psicólogos como Howard Gardner han identificado distintos tipos de inteligencia, lo que demuestra, además, que no hay una sola forma de ser inteligente. Algunos de estos tipos son:
- Inteligencia lingüística (facilidad con las palabras y los idiomas).
- Lógico-matemática (razonamiento lógico y numérico).
- Espacial (capacidad de visualizar en tres dimensiones).
- Musical (sensibilidad al ritmo, tono y melodía).
- Corporal-kinestésica (uso hábil del cuerpo).
- Interpersonal (capacidad de entender y relacionarse con otros).
- Intrapersonal (autoconocimiento).
- Naturalista (conexión con la naturaleza).
La sabiduría vale más que la inteligencia
Todas estas formas de inteligencia son útiles y valiosas, pero ninguna de ellas garantiza una vida sabia. Una persona puede ser muy inteligente académicamente y, sin embargo, tomar decisiones destructivas o vivir de manera egoísta o imprudente.
Desde la perspectiva bíblica, la sabiduría tiene un valor superior a la inteligencia. En las Escrituras, la sabiduría está profundamente relacionada con el temor de Dios (respeto), es decir, con una actitud de reverencia, obediencia y dependencia de Él. Proverbios 1:7 declara: «El principio de la sabiduría es el respeto a Dios», lo cual significa que vivir con sabiduría empieza con reconocer a Dios y someterse a su voluntad.
Mientras la inteligencia está más relacionada con la memoria y la mente, la sabiduría abarca el corazón, la voluntad y la conducta. En Santiago 3:13-17, la Biblia enseña que la sabiduría verdadera se manifiesta en una vida pura, pacífica, amable, y llena de buenos frutos, no en cuánto se sabe, sino en cómo se vive. Jesús mismo enseñó que el hombre sabio es el que oye sus palabras y las pone en práctica (Mateo 7:24), no solo el que las conoce.
En resumen, la inteligencia puede ayudarte a ganar títulos, resolver problemas y destacar en lo académico o profesional. Pero la sabiduría es la que te permite vivir bien, escoger lo correcto y agradar a Dios. Una persona puede ser muy inteligente, pero necia en sus elecciones; en cambio, una persona sabia siempre sabrá cómo vivir con propósito, integridad y paz.
Verdadera sabiduría: elegir bien
Según la Biblia, la verdadera sabiduría tiene más que ver con las elecciones que haces en la vida que con los títulos que tienes. La «titulitis» está más relacionada con la memoria y la adquisición de conocimientos. La sabiduría está en la línea de decidir bien para obtener de la vida las mejores consecuencias. (Proverbios 1:7, Proverbios 3:5-7, Proverbios 14:16, Eclesiastés 7:12, Santiago 3:13-17, Mateo 7:24, 1 Corintios 1:27).
«Solo me interesan los pensamientos de Dios, el resto son detalles» (dicen que dijo Einstein). Es el Señor quien puede ayudarte a tomar esas decisiones correctas. Es el Espíritu Santo quien te guiará en la vida, si le dejas, para que ésta sea transformada; y es el propio Jesús, tu salvador, a quien querrás parecerte, quien te alentará a la edificación de un carácter y una vida santos a su imagen, gracias a tu relación con Él y al poder del Espíritu Santo en ti.
Cuidado con la soberbia y el «racismo» intelectual
Estudiar está bien, de hecho cuanto más conocimiento tengas más libre serás, porque tendrás más herramientas y recursos para vivir en esta sociedad. Pero la vida es mucho más que eso. Esta vida es menos de un segundo de la eternidad.
No te engañes, tus títulos no te hacen más inteligente, especialmente si tus elecciones de vida te hacen desgraciado. Alguien realmente inteligente sabe que «cuanto más aprende, se ignora mucho más». Por otro lado, «todos sabemos mucho… solo que no todos sabemos las mismas cosas». Es posible que sepas realizar una trepanación intracraneal y no seas capaz de poner un enchufe; o puedas diseñar un rascacielos pero no sepas cultivar una lechuga.
Juzgar a alguien por su nivel académico demuestra una necedad y una falta de visión importante. No todos tenemos las mismas oportunidades en la vida, ni los mismos dones, ni los mismos intereses. La «titulitis» solamente te llevará a ser necio y orgulloso.
Puede, incluso, alejarte de Dios, de modo que a más distancia de la Verdad, mayor distorsión de la realidad.
Debes entender que Dios es la fuente de todo conocimiento, y que ese conocimiento es tan intenso que transformará tu vida. Solamente el Creador es la Verdad. El que existe por sí mismo, el origen de todo. Y solo la Verdad te hará libre, porque solo Él puede liberarte de tus cadenas y darte Vida eterna y de calidad.
«Examínenlo todo y quédense con lo bueno. Eviten toda clase de mal. Que el Dios de la paz les conceda vivir totalmente consagrados a él, de modo que todo su ser —espíritu, alma y cuerpo— permanezca sin tacha para el día en que se manifieste nuestro Señor Jesucristo» (Juan 8:31-36).
El conocimiento de Dios transforma
La sabiduría que emana del Creador no se queda en un mero conocimiento intelectual, te cambia por completo.
El mundo se abre ante ti con una nueva perspectiva. Lo que antes tenía importancia, carece de valor; y lo que no valorabas, es de pronto importante.
«Dirigiéndose a los judíos que habían creído en él, dijo Jesús: «Si se mantienen fieles a mi mensaje, serán verdaderamente mis discípulos, conocerán la verdad y la verdad los hará libres». Ellos le replicaron: «Nosotros somos descendientes de Abrahán y nunca hemos sido esclavos de nadie; ¿qué significa eso de que ‘seremos libres'»? «Yo les aseguro —les contestó Jesús— que todo el que comete pecado es esclavo del pecado.
»Y el esclavo no forma parte de la familia de modo permanente; el hijo, por el contrario, es siempre miembro de la familia. Por eso, si el Hijo les da la libertad, serán verdaderamente libres. Ya sé que ustedes son descendientes de Abrahán. Sin embargo, quieren matarme porque mi mensaje no les entra en la cabeza. Yo hablo de lo que he contemplado estando con el Padre; ustedes, en cambio, hacen lo que han aprendido de su propio padre»» (1º Tesalonicenses 5:21-23).
Sabiduría para alcanzar la Vida eterna
Hace tiempo, tuve la oportunidad de ver un vídeo de 3 min en YouTube, que me impactó. No tanto por lo que decía, sino por el ejemplo que el pastor utilizó. Se trata de parte de un mensaje del pastor Francis Chan (desconozco su denominación religiosa), en el que usa una cuerda para explicar nuestra vida aquí y la vida eterna.
Tenía en la mano un trocito pequeño pintado en rojo, y la cuerda, gruesa, blanca y larga seguía y seguía, se enrollaba en sí misma y continuaba hasta detrás del telón. La parte roja era la vida en esta tierra. El resto de la cuerda «eterna» era la vida que Dios nos ofrece si aceptamos el regalo de su amistad y Su Salvación. Nuestra mente no abarca la eternidad.
¿Títulos? No son más que trozos de papel que unos hombres dan a otros hombres por conocimientos de hombres… ¿Inteligencia? ¿Sabiduría? ¿Verdadero conocimiento? Todo eso está en Dios, más allá de que la inteligencia sea una capacidad genética que podemos ampliar, o que haya múltiples tipos, el conocimiento absoluto se nos escapará siempre porque lo que realmente hace inteligente a un ser humano es aceptar que la sabiduría, el conocimiento de Dios, es el camino; que la Verdad transforma y salva, y que Jesús es la Verdad, el Camino y la Vida. (Juan 14:6).
Conclusión
¿Quieres ser sabio? Busca a Dios. No hagas un dios de tus conocimientos o títulos, no permitas que te alejen del Señor. No te creas «demasiado listo, en tu propia opinión» (Proverbios 3:7). Porque la sociedad te enseñará muchos conocimientos, y te dará muchos títulos, pero tal vez tengas, como Moisés, que cambiar e incluso desaprender algunos, para llenarte de los correctos y asumir que los verdaderamente importantes están únicamente en el Creador. El conocimiento de la sociedad pocas veces está alineado con la sabiduría de Dios.
«Pongo hoy como testigos contra ustedes al cielo y a la tierra: te he dado a elegir entre la vida y la muerte, entre la bendición y la maldición. Elige la vida y vivirán tú y tu descendencia. Ama al Señor tu Dios, obedécele y sé fiel a él; de esto depende la vida». (Deuteronomio 30:19)
Toma las mejores decisiones: Vive de la mano de Dios; profundiza en el mayor de los conocimientos, busca al Señor de todo corazón y comprende que no hay nada más sabio que una vida transformada a imagen de Cristo. No hay lecciones más importantes que las de Vida que nos dio el Maestro, ni examen más importante que el de tu carácter. (Proverbios 2 y 3)
Te propongo un máster de Vida, basado en el Plan de Salvación y el carácter de Cristo. Universidad: La vida. Libros: la Biblia y los libros de EGW. Requisitos: tu libre elección. Profesor: Dr. Espíritu Santo. Titulación: Verdadero cristiano, salvo por la fe.
«Llámame y te responderé; te comunicaré cosas importantes y recónditas, que no conoces» (Jeremías 33:3).
Autora: Esther Azón, teóloga y comunicadora. Redactora y coeditora de revista.adventista.es
Imagen: Shutterstock
Leyendo el artículo de Esther, he de reconocer que tiene razón. Hoy en día se sobrevalora el tener un título universitario lo que muy acertadamente se llama «titulitis». Me parece también ridículo valorar la sabiduría y conocimiento en base a los títulos que tiene. Yo que estudié en la Universidad conocí a personas inmensamente instruidas que en nada se diferencian de las personas que salen a la televisión a contar sus miserias. Lo que realmente nos hace felices no es el título o Master, es conocer a Dios y amarle. El que entiende esto es sabio.
Muchas gracias Rafael. Ciertamente no hay mayor sabiduría, ni prueba de inteligencia, que aprender de Dios y confiar en Él… Porque como Creador es la única Verdad absoluta que existe.
«Solo me interesan los pensamientos de Dios, el resto son detalles» (Einstein) 😉
Un abrazo en Jesús.