Skip to main content

“En un reino muy muy lejano, vivía una nación gobernada por un buen rey y una buena reina, que querían a su gente, y todos estaban en paz. Y todos vivieron felices y comieron felices. Fin”

¿Conoces alguna historia así? Hemos escuchado fábulas, de reinos muy lejanos donde todo parece estar en su sitio, y todo el mundo vive feliz.

¿Qué pasa con nuestro reino? ¿Qué pasa con el mundo en el que vivimos- hoy? ¿Si tuvieras que escribir una historia sobre este reino terrenal en el que vivimos- sea donde sea que estés en el mundo- como sería? ¿Qué palabras usarías para describir el mundo en el que vives ahora mismo?

No creo que sea un reino de “felices para siempre”. Uno solo tiene que echarle un vistazo a las noticias y a los eventos que ocurren por todo el mundo cada día- y encontrará muchísimas historias de desolación, de vidas humanas destrozadas. Nuestro reino, este mundo en el que vivimos, es una realidad diferente. Vivimos en un mundo de pecado.

Cuán importante es para nosotros, entonces, leer las promesas de la Biblia- de un reino futuro- el perfecto, maravilloso y pacífico reino de Dios. Donde el cordero y el león descansan hombro con hombro, donde no habrá dolor, ni sufrimiento, ni lágrimas. Donde la luz del día será la gloria de Dios- ¡Qué reino será!

Pero ahora mismo, estamos viviendo en este reino terrenal, tan gris y aburrido en comparación con el futuro reino celestial. ¡Cuán maravilloso es, entonces, tener destellos de ese reino de Dios en este mundo! Y, para nuestra fascinación, estos destellos del reino de Dios no solo se encuentran en el libro de Apocalipsis y en las descripciones de la tierra nueva. El reino de Dios lo podemos encontrar también en otros textos.

El reino de Dios en Jesús

El reino de Dios es como… ¡una semilla de mostaza! Es como… ¡la levadura! Es como como… ¡el hombre que plantó buenas semillas en su campo! El reino de Dios es como… ¡Un tesoro escondido, como una perla! El reino de Dios se describe en tantas parábolas, tantas historias. Historias, que fueron contadas, no solo para explicar cómo el reino de Dios será algún día- sino cómo puede ser ya mismo. La Biblia trata de decirnos que el reino de Dios está en marcha ya, hoy.

Lo más cerca que hemos estado del reino de Dios en esta tierra es en la encarnación de Dios: en Jesús. Dios mismo, que se hizo hombre y vivió en esta tierra. No solo HABLÓ sobre como será o como es el reino de Dios- Él era Dios en la tierra. El reino de Dios estaba viviendo en la tierra. Pero, ¿Qué tipo de reino era?

Jesús mismo describe su trabajo, su misión aquí en la tierra al principio de su ministerio. En Lucas capítulo 4, Jesús está en la sinagoga en Nazaret, y se le da a leer el libro de Isaías. Lo abre y lee un texto específico. Elige un texto concreto de los 66 capítulos de Isaías. Un texto en particular para describir su misión. Jesús recita Isaías 61, y esto es lo que dice:

“A predicar buenas nuevas a los pobres
Vendar a los quebrantados de corazón
A publicar libertad a los cautivos, y liberar a los presos.
A proclamar el año favorable del Señor”

Este es el texto de Isaías, que el mismo Jesús usa para describir cómo es su trabajo. ¡Qué interesante elección! El antiguo testamento y especialmente el libro de Isaías contiene muchas promesas mesiánicas distintas que Jesús podría haber elegido. ¿Por qué escogió esta?

Las buenas nuevas en Isaías 61

Echémosle un vistazo a Isaías 61. El principio del capítulo está, en general, referido al texto mesiánico, porque tiene muchas similitudes con el resto de textos de Isaías, que también, son interpretados como mesiánicos, reflejando en muchas partes el ministerio de Jesús. ¿Quién exactamente es la audiencia de Isaías 61? En los primeros versículos no está muy claro, pero el texto está incrustado con promesas para Israel y su futura restauración. Este es el contexto de Isaías. Y seguramente, las promesas de libertad fueron muy significativas para los israelitas en exilio. Estas promesas seguramente fueron una fuente de consuelo en este contexto.

Pero cuando Jesús usa este texto para describir su misión, de repente el mensaje se vuelve cercano a nuestra realidad. De pronto empezamos a preguntarnos ¿cómo se está cumpliendo este texto en su ministerio en la tierra? ¿Está trabajando en mi vida también?

El versículo 1 de Isaías 61 dice que está trayendo las buenas nuevas de Dios. ¡Buenas noticias para los afligidos! Está trayendo buenas noticias para aquellos que viven bajo circunstancias que les han hecho sufrir, circunstancias que son las menos que ideales. ¡Está trayendo buenas noticias a aquellos que viven en el reino del pecado!

¿Qué es tan bueno de estas noticias? El versículo 1 continúa: “Él me ha mandado para vendar a los quebrantados de corazón”. ¡Menuda promesa! ¿A quién de nosotros nunca le han roto el corazón? Comenzando con el desgarrador llanto de un niño frente a una lesión, continuando por todas nuestras relaciones, fracasos, falsas esperanzas, mala suerte en esta vida hasta que nos rompemos por el pensamiento del tener que dejar ir a quienes amamos. A todos se nos parte el corazón a lo largo de nuestra vida. Y Jesús dice que su misión es vendar esta ruptura, curar ese dolor. Realmente son buenas noticias.

Ha venido a “proclamar la libertad a los cautivos y libertar a los prisioneros”. Cuánto significado debe tener esta promesa para aquellos de nosotros que tengan que sufrir persecución, cautiverio, incluso la muerte por su fe. Y cuán significante es esta promesa para cada uno de nosotros que vivimos en este mundo, luchando bajo la cautividad del pecado, siendo prisioneros de nuestra propia culpa y de nuestros fracasos. ¡Jesús proclama la libertad de este cautiverio! ¡Hay libertad en Cristo! Cuán relevantes son estas buenas noticias para nosotros también.

“¡Este es el año favorable del Señor!” Esta es una promesa mesiánica de libertad y sanación. ¡No es de extrañar que Jesús eligiera este texto! Qué bien describe su ministerio, su ministerio de curación que libera a la gente de sus miedos y de sus ataduras espirituales. ¿No es por esto por lo que amamos a Jesús? Él es la encarnación del amor de Dios, quien sana al herido y venda al quebrantado de corazón.

Justicia para el oprimido

Isaías continúa hablando del día de la venganza, en el capítulo 2: “el día de la venganza de nuestro Dios, a consolar a los que lloran”. Ahora esto puede sonar como un pensamiento negativo, pero no lo es. La idea de venganza es muy relevante para una persona oprimida. ¡Pero en realidad se refiere al concepto de justicia! Y si te han hecho algo malo, ¡es parte de la experiencia humana el reclamar justicia! ¡Este es el llanto de cada ser humano bajo la opresión del pecado! ¡Tenemos que sufrir las consecuencias del pecado y anhelamos justicia! El concepto justicia está ahí para confortar a los que lloran. También podemos consolarnos en el pensamiento de que el mal será destruido, ¡que la muerte y el Hades no existirán más! Eso es justicia. Y nos consuela mientras todavía vivimos bajo el poder del pecado.

Isaías continúa describiendo en imágenes vívidas, como el llanto de los herederos se convertirá en gozo, como los espíritus descorazonados se tornarán en alabanza. Esta es la imagen de una corona de celebración y aceite de unción en vez de cenizas de llanto ¡la promesa de un futuro mejor! Esta es una promesa de cambio de fortuna.

Los árboles de justicia

El versículo 3 termina con la reacción de los herederos, que han experimentado esto y han oído las buenas nuevas “Serán llamados árboles de justicia, plantío del Señor, para gloria suya”.

¡Qué imagen más interesante! Árboles de justicia. Lo que reciban la gloria de Dios son como árboles, son como un bosque.

¿Qué es lo que más disfrutas en un bosque? ¿Es acaso el blando suelo bajo tus pies, cubierto por hojas, o la húmeda y oscura tierra que huele a vida? ¿El aire que respiras, producido por los árboles que te rodean, dándote sombra, protegiéndote del calor del sol o de la niebla de la lluvia? ¿Es el refrescante color verde que revive tu visión, que inspira tus pensamientos y te habla de crecimiento y de nuevas esperanzas? ¿Qué es lo que más disfrutas del bosque?

“Serán llamados árboles de justicia”. “Justicia”, eso es “Zedek” en Hebreo. Esta palabra tiene una variedad de significados. Describe lo que es correcto, honesto, equitativo justo y bien intencionado. Y los que reciban la gracia de Dios, este ministerio de Jesús- Son como árboles poderosos, un bosque de justicia.

Los estudios han mostrado que pasar tiempo en el bosque puede ser increíblemente favorable para la salud. Puede tener beneficios en la salud, tanto física como mental. ¡Ahora imagina un bosque de la justicia de Dios! Respirar aquello que es correcto, honesto, equitativo, justicia. ¡Bien intencionado en todos los aspectos y sentidos de la palabra! Esta es la imagen de las personas siendo bendecidas por la bondad de Dios. ¡Son plantadas por Dios! Y reflejan su gloria. ¿No querrías visitar un bosque como ese?

Los que hemos experimentado la bondad de Dios, los que hemos escuchado las palabras de Jesús y hemos presenciado su poder en nuestras vidas, hemos sido hechos para reflejar la gloria de Dios a nuestro alrededor. Hemos sido plantados para ser un bosque, para traer “Zedak”, justicia, honestidad, lo que es correcto, bien intencionado a nuestro alrededor. ¡Esta es la versión de Isaías de lo que es el reino de Dios en la tierra! El reino de Dios… es como un bosque de justicia. Y estamos llamados a ser ese bosque.

Somos llamados a ser un Bosque de justicia

Escuchamos historias de distintos reinos en esta tierra. Historias reales de guerra, aflicción, opresión, hambre, pobreza. Todavía no estamos en el final feliz. Sabemos cómo es este mundo. También escuchamos y vemos a gente a nuestro alrededor, gente con el corazón roto. Y para ellos somos llamados a ser un bosque de justicia, ¡Un bosque de buena intención! A ser parte del Reino de Dios, creando una parte de este reino ya en la tierra. No tenemos por qué viajar a países lejanos para hacer esto. ¿Qué pasa con ayudar a la gente que viene a nosotros? Esta no es una tarea lejana. Está frente a nuestros ojos. Vivimos en una crisis de refugiados. ¿Estamos siendo un bosque de justicia y buena intención en medio de ella? No hace falta un príncipe o una princesa para hacer un impacto y crear ese reino. Tú y yo, podemos empezar a hacer la diferencia: irguiéndonos como un árbol y trayendo el reino de Dios a quién lo necesita.

La parte principal de la misión de Jesús aquí en la tierra fue llevar nuestro pecado y morir por nosotros, para que pudiéramos tener vida en él. Estas son las buenas noticias. Pero él vivió en esta tierra y nos dio un destello de lo que Dios quería, de cómo es su reino. Trajo las buenas nuevas a los afligidos, vendó a los quebrantados de corazón, proclamó la libertad y liberó a los cautivos. No estamos llamados a completar la misma misión que él hizo, no podemos hacerlo. Él es el único a través del cuál podemos ser salvos. Pero podemos reflejar su amor y bondad, podemos esparcir su reino aquí en la tierra. Podemos traer buenas nuevas a los afligidos, podemos vendar a los quebrantados de corazón y proclamar libertad y liberar a los oprimidos. Podemos consolar a los que lloran.

Hay muchas formas de hacer eso. En esta crisis de refugiados, podemos ayudar de forma práctica, podemos ser las manos y los pies de Jesús. Podemos ofrecer nuestro tiempo, nuestro dinero, nuestras habilidades, nuestra presencia. A veces lo que se necesita de nosotros está justo ahí. Tener las orejas abiertas, hacer un amigo, conocernos los unos a los otros, sembrar la semilla del reino de Dios y ver cómo crece. ¿Quién sabe? Como resultado, ¡quizá empiece a crecer en nosotros mismos!

¡Llega su reino!

Qué día glorioso será, cuando venga a nosotros el reino de Dios, cuando veamos a Jesús cara a cara. Entonces enjugará cada lágrima de nuestros ojos y las primeras cosas pasarán. ¡Qué día será! Ese será nuestro felices para siempre. Pero mientras esperamos el futuro cumplimiento de estas maravillosas promesas, no tenemos que solo sentarnos y observar. ¡Podemos comenzar a construir ese reino de Dios aquí y ahora! ¡Podemos reflejar su amor, bondad y gloria a nuestro alrededor! Hemos probado cómo es el reino de Dios, ¡así que plantemos la semilla y veamos cómo crece a nuestro alrededor!

“Venga tu reino, hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo”. ¿Qué pasa si no solo lo pedimos, sino que lo hacemos? Entonces no sería solo un deseo, un sueño lejano o una frase al final de una oración. ¡Dios quiere que la hagamos realidad!

Venga su reino, hágase su voluntad, así en la tierra como en el cielo.

Autora: Marjukka Ostrovljanovic. Iglesia Adventista del Séptimo Día. División Inter-Europea.

 

Revista Adventista de España