DÍA 30: ¿QUIÉN ES EL ESPÍRITU SANTO?
¿Quién es el Espíritu Santo? Dios lo envió para continuar el ministerio de Cristo. Vino a consolidar en el corazón del pecador la salvación que Cristo proveyó. Además, mediante su ministerio en la vida de los pecadores, el gobierno de Satanás queda subyugado y vencido.
Qué dice la Biblia: una personalidad propia
La Biblia presenta al Espíritu Santo como uno de los tres miembros de la Deidad, como una persona y como una personalidad diferente. Veamos, entonces, cuáles son los elementos básicos de una personalidad, para evaluar si el Espíritu Santo tiene estas características.
La mente. Es la capacidad de pensar, adquirir conocimiento y razonar. «Pero el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos» (Rom. 8: 27). Aquí Pablo destaca la mente del Espíritu y su intercesión por los santos. Además, el versículo 14 del mismo capítulo lo presenta como guía de los hijos de Dios, y el 26 como intercesor. Todas estas acciones son típicas de los seres personales, y no de una fuerza impersonal.
La voluntad. Es el poder de decisión, la autodeterminación y la capacidad de realizar elecciones. «Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere» (1 Cor. 12: 11). El texto deja en claro el poder del libre albedrío del Espíritu Santo, su deliberación y su accionar según su voluntad. En este contexto de distribución de dones, el Espíritu Santo conoce a las personas, entiende las necesidades de la iglesia y elige qué dones darle a cada uno. La capacidad de elegir constituye uno de los rasgos más profundos de los seres personales.
Emociones y capacidad de hablar
Las emociones y los sentimientos. «Y no entristezcáis al Espíritu Santo de Dios» (Efe. 4: 30). Aquí vemos al Espíritu Santo capaz de entristecerse, una sensación que solo los seres personales, con sentidos, sentimientos y empatía, pueden experimentar.
La capacidad para hablar. «El Espíritu dijo a Felipe: “Acércate y júntate a ese carro”» (Hech. 8: 29). Según los antropólogos, la señal más grande de la personalidad consciente es la capacidad de hablar. La energía no habla; el Espíritu Santo sí. Por eso no tenemos dudas de que el Espíritu Santo es un ser personal.
La divinidad del Espíritu Santo
Las Escrituras presentan al Espíritu Santo como la tercera persona de la Deidad. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son iguales en esencia y propósito. Son iguales, pero diferentes; sin embargo, están unidos. Aun siendo iguales, tienen funciones distintas para realizar los planes de salvación.
Pablo dice: «La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros» (2 Cor. 13: 14). En Mateo 28: 19 leemos que debemos bautizar a las personas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, en el mismo nivel: «Por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo».
Pero más importante que cualquier teoría es saber cómo relacionarnos con el Espíritu Santo, como persona, en la primera hora de cada mañana. ¿Lo veo como un amigo? ¿Dejo que él me guíe a Cristo y a su Palabra sin ofrecerle resistencia de ninguna naturaleza? ¿Le permito cumplir el papel de agente de la redención para pasar ese día con él?
Para reflexionar: «El Espíritu Santo se da como agente regenerador, para hacer efectiva la salvación obrada por la muerte de nuestro Redentor. El Espíritu Santo está tratando constantemente de llamar la atención de los hombres a la gran ofrenda hecha en la cruz del Calvario, de exponer al mundo el amor de Dios, y abrir al alma arrepentida las cosas preciosas de las Escrituras» (Elena G. de White, Los hechos de los apóstoles, p. 43).
Desafío para hoy: Lee los siguientes textos bíblicos y analiza qué atributos de Dios se le atribuyen también al Espíritu Santo: Romanos 8: 2; 1 Corintios 2: 10-11; Salmo 104: 30; Salmo 139: 16; Hebreos 9: 14.


