DÍA 21: PERMANENCIA MIENTRAS ESPERAMOS
Como iglesia, nos aferramos a la promesa de la segunda venida de Cristo. Creemos que falta muy poco para que Jesús regrese a esta tierra, y esta vez para llevarnos a vivir con él por la eternidad. ¿Estamos viviendo con esto en mente todos los días?
El sentido de urgencia
Tal vez uno de los factores que más lleva a los adventistas a descuidar la vigilancia espiritual sea la falta del sentido de urgencia. En otras palabras, hemos perdido la noción de que el regreso de Cristo está cercano. Algunos podrían objetar que nuestra preparación no debe basarse en cuánto tiempo falta para que Cristo regrese, sino en la certeza de que él regresará. Esto sería lo ideal. Pero, lamentablemente, todos sentimos la tentación de dejar para mañana lo que podríamos hacer hoy. Si en el fondo de nuestro ser no creemos que Jesús volverá en breve, ¿por qué deberíamos prepararnos?
Preparación y urgencia, de la mano
La preparación y la urgencia deben ir de la mano. Cuando miramos a la iglesia primitiva, podemos ver eso de forma clara. La manera en que el apóstol Pablo escribió nos lleva a creer que los cristianos de aquella época esperaban a Cristo en sus días: «Luego nosotros, los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor» (1 Tesalonicenses 4:17).
Los cristianos de aquellos tiempos creían que podrían ver a Cristo sin pasar por la muerte. Por eso se dieron por completo a la causa del evangelio, y los resultados llegaron hasta nosotros.
Mientras esperamos
Mientras esperamos el regreso de Cristo, debemos vivir cada día como si fuese el último de nuestra existencia sobre la Tierra. Al contrario de las vírgenes de la parábola de Mateo 25, debemos estar despiertos, porque no sabemos la hora en la que el Novio vendrá.
El apóstol Pablo, en Romanos 13:11, parece decirnos que habría un tiempo en el que no podríamos dormir más. Ese tiempo es ahora. Él afirmó: «Es ya hora de levantarnos del sueño, porque ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos».
Por lo tanto, debemos estar atentos diariamente a las señales, a la luz de las enseñanzas proféticas. Debemos hacer lo que esté a nuestro alcance, con la motivación correcta, para que pronto podamos ver a aquel a quien esperamos, y en quien depositamos todas nuestras esperanzas.
Para reflexionar: «En el mundo todo es agitación. Las señales de los tiempos son alarmantes. Los acontecimientos venideros proyectan ya sus sombras delante de sí. El Espíritu de Dios se está retirando de la tierra, y una calamidad sigue a otra por tierra y mar. Hay tempestades, terremotos, incendios, inundaciones, homicidios de toda magnitud. ¿Quién puede leer lo futuro? ¿Dónde hay seguridad? No hay seguridad en nada que sea humano o terrenal. Rápidamente los hombres se están colocando bajo la bandera que han escogido. Inquietos, están aguardando y mirando los movimientos de sus caudillos. Hay quienes están aguardando, velando y trabajando por la aparición de nuestro Señor. Otra clase se está colocando bajo la dirección del primer gran apóstata» (Elena G. de White, El Deseado de todas las gentes, p. 590).
Desafío para hoy: Mira los titulares de un periódico de hoy. ¿Cuántos te indican que no hay seguridad, sino agitación en la sociedad? ¿Cuántos hablan de esperanza? Conversa con Dios sobre su pronto regreso: dile cuánto lo anhelas y pídele que te use hoy para contarle a alguien las buenas nuevas de su amor y su segunda venida.


