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DÍA 22: DISCIPULADO Y PROPÓSITO

Efesios 2:10 usa la palabra «hechura» para describir nuestra singularidad. Esta proviene del griego poiema, y significa, literalmente, «obra de arte». Es la raíz de la palabra «poema» en español. Tú no eres solamente una obra de arte que las amorosas manos de Dios moldearon, sino que además eres una exclusiva obra de arte divina.

No existe nadie más como tú, y esa es la razón por la cual el Padre celestial anhela que descubras cuán especial y único eres. Dios proyectó a cada uno de nosotros de manera tal que no hubiera copias en el mundo. Tú eres singular, maravillosamente complejo; una composición de muchos factores diferentes. Aquello para lo cual Dios te hizo determina lo que él proyecta que hagas. Dios tiene un ministerio específico para que lleves a cabo, y tu manera de ser determina ese ministerio.

¿Aceptas el desafío de descubrir y de realizar su propósito para ti en el Reino? Si aceptas, dejarás un legado a la posteridad. Serás un contribuyente, y no un consumidor. Dios te mostrará cuál es tu ministerio, y te ayudará a causar un impacto para la eternidad. Dios quiere que ministres a las personas que «están pasando por lo mismo que tú has pasado».

Tu contribución única

Cuando Dios planeó la ópera prima que ibas a ser tú, decidió darte ciertos dones que te permitirían compartir su amor de una manera efectiva y realizar tu propia contribución para su Reino. Él colocó habilidades especiales dentro de ti, y espera que las descubras. Dios está seguro de que te llenarás de alegría al descubrir y usar los dones espirituales que él te dio.

Tú eres un ministro

El Espíritu te concedió cada don que has recibido para que participaras en algún servicio. De esta manera, no deberías tener complejos de inferioridad, pues tener la consciencia de ser un hijo dotado con una de las áreas del ministerio debería satisfacer tus necesidades psicológicas y hacerte sentir querido y de inmenso valor.

No es raro ver personas que cargan pesados fardos de frustraciones porque sirven en áreas para las cuales tienen pocas habilidades, o ninguna. Por otro lado, también vemos personas que, ciertamente, han descubierto los dones que Dios les dio.

No importa que tu vida no parezca ahora una ópera prima de Dios; una grandiosa obra de arte toma tiempo. La Palabra de Dios dice que «el que comenzó en vosotros la buena obra la perfeccionará hasta el día de Jesucristo» (Filipenses 1:6). Él promete continuar trabajando en ti hasta que la obra de arte de tu vida quede tan bien terminada que se parezca a Jesús mismo (Efesios 4:13).

Para reflexionar: «Cuando hombres de diferentes vocaciones: agricultores, mecánicos, abogados, etc., se hacen miembros de la iglesia, vienen a ser siervos de Cristo; y aunque sus talentos sean completamente diferentes, su responsabilidad en cuanto a hacer progresar la causa de Dios por el esfuerzo personal y con sus recursos, no es menor que la que descansa sobre el predicador. El ay que caerá sobre el ministro si no predica el Evangelio, caerá tan seguramente sobre el negociante, si él, con sus diferentes talentos, no coopera con Cristo en lograr los mismos resultados» (Elena G. de White, Joyas de los Testimonios, t. 1, p. 548).

Desafío para hoy: Reflexiona hoy en qué misión sientes que Dios te ha dado. ¿Cuáles son tus dones y habilidades? ¿Qué experiencias que has atravesado pueden ayudarte a sentir empatía con otros? ¿Estás colaborando con tus dones en tu iglesia local?

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