Hay una parte de la historia de la Navidad que nunca aparece en las tarjetas navideñas, ni en las obras de arte de las iglesias. Tampoco en los sermones navideños, ni en las obras de teatro del Belén. Un aspecto esencial de la historia se pasa por alto. Esta escena olvidada, situada en el acto de apertura del Evangelio de Mateo, revela una realidad profunda: el conflicto entre dos reinos diamentralmente opuestos, que se manifiesta claramente en como cada uno de ellos trata a los niños.
La batalla oculta en la historia de la Navidad
Después de que Jesús naciera en Belén, durante el reinado del rey Herodes, unos sabios del oriente llegaron a Jerusalén. Estos investigadores gentiles habían seguido una estrella brillante, preguntando: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Vimos su estrella al salir y hemos venido a adorarlo». Aunque Herodes gobernaba solo como un rey vasallo —con métodos tiránicos y poco derecho al trono legítimo— la idea de otro «Rey de los judíos» le perturbaba profundamente. Los sabios, guiados por revelación divina, habían venido a honrar al Mesías.
Cuando Herodes escuchó la noticia, convocó a los principales sacerdotes y maestros de la Ley. Les ordenó que estudiaran todos los escritos religiosos que había en la época, no para conocer la voluntad de Dios, sino para ubicar el lugar donde se encontraba este nuevo «gobernante» que amenazaba su poder. Citando a Miqueas, «los escribas le dijeron a Herodes que el Mesías nacería en Belén».
Herodes pidió entonces a los sabios que le informaran cuando encontraran a este nuevo Rey, fingiendo reverencia por el Mesías. Pero después de que los sabios encontraron a Jesús, fueron advertidos por Dios de no regresar con Herodes. Mateo 2:16 es la parte eliminada de la historia de la Navidad (cita de la NVI): «Cuando Herodes se dio cuenta de que los sabios se habían burlado de él, se enfureció y ordenó matar a todos los niños menores de dos años en Belén y en sus alrededores, conforme al tiempo que había averiguado de los sabios».
Las órdenes de Herodes resultaron un uso horrendo de las Escrituras, con la intención de aniquilar a los inocentes. Aquí vemos la primera indicación clara de la lucha cósmica en acción: un tirano decidido a eliminar al niño que traería justicia a Israel.
Los niños como la revelación definitiva de los reinos
En el corazón de la historia de Navidad está el conflicto de dos reinos: el Reino de la paz y el reino de un tirano opresor que quiere mantener a las personas en esclavitud. Una y otra vez, el trato hacia los niños revela la verdadera naturaleza de su poder. A lo largo de la Biblia —y de hecho, de la historia— la forma en que un pueblo o institución trata a sus miembros más jóvenes es un poderoso indicador del bien o del mal. Una sociedad que valora y protege a los niños refleja el compasivo Reino de Dios, mientras que la opresión y crueldad hacia ellos señalan lealtad al Reino de Satanás. Satanás odia a los niños.
Hoy en día, es difícil discernir entre el bien y el mal en medio de una fuerte polarización sobre lo que es correcto. Eso se aplica a organizaciones religiosas, líderes espirituales, cívicos o filosofías. Las voces opuestas reclaman estar en terreno moral alto. ¿Podemos sugerir una regla de discernimiento? Casi siempre puedes discernir si personas, organizaciones, filosofías o sociedades están dirigidas por Dios o por Satanás en función de cómo tratan, en efecto, a los niños, no por lo que dicen de ellos.
La sabiduría de Salomón en 1ª de Reyes proporciona una ilustración convincente. Cuando dos mujeres discutían por la custodia de un niño, Salomón no se basó solo en sus palabras; observó su preocupación natural por el bienestar del niño. Salomón discernió que la mujer que deseaba lo mejor para el niño era guiada por el espíritu de Dios, mientras que la otra, al decir fríamente «ni tuyo ni mío, divídelo», estaba guiada por Satanás.
Dios demuestra Su cuidado especial por los niños
En la historia de la Navidad, Dios muestra su cuidado especial por los niños. Tras advertir a José en un sueño, un ángel les dirigió a él, a María y al niño Jesús a Egipto, protegiéndolos del decreto mortal de Herodes. Esta protección divina frente al intento asesino de Satanás hacia Jesús nos recuerda la promesa original de salvación en el Edén y la predicción de enemistad entre la descendencia de la mujer y Satanás (Génesis 3:15). Entendemos que esa «descendencia» es Jesús, nacido como un bebé en Belén. Pero, en cierto sentido, la enemistad de la serpiente contra la descendencia de Eva se manifiesta en su odio hacia cada niño que ha nacido, no solo hacia el Cristo niño.
Las Crónicas de Narnia de C.S. Lewis capturan este concepto con la imagen de una adversaria implacable —una bruja que busca destruir a los «hijos de Adán» y a las «hijas de Eva»—. Dicha imagen simboliza poderosamente la enemistad continua entre Satanás y la «descendencia de la mujer», en contraste con la disposición de Aslan a dar su vida por salvar a los niños. En la mayoría de las historias épicas, el mal busca destruir la belleza ingenua de los niños y la infancia.
Cada niño tiene un ángel que lo cuida
Pero, cada niño tiene un ángel que lo cuida. Jesús mismo confirmó esta verdad. En Juan 10:10, contrastó las intenciones destructivas del «ladrón» con su misión de dar vida en abundancia. En Isaías 40:11, se le representa como un pastor amoroso que recoge en brazos a los corderos. Y en Marcos 10:13–16, a pesar del rechazo inicial de sus discípulos, Jesús dio la bienvenida a los niños pequeños, declarando que «el Reino de Dios es de quienes son como ellos». Al sanarlos, enseñarles y bendecirlos, Jesús demostró el tierno cuidado de Dios por los niños.
Jesús insinuó una protección más profunda y misteriosa: la idea de que cada niño tiene un ángel que lo cuida. Esta imagen refuerza poderosamente cuánto valora Dios a cada niño. «Mirad que no tengáis en poco a alguno de estos pequeños, porque os digo que, en el cielo, sus ángeles siempre están en la presencia de mi Padre celestial.». (Mateo 18:10)
Un conflicto cósmico con implicaciones eternas
Apocalipsis 12 presenta una imagen dramática de la batalla entre dos reinos. En medio de este conflicto entre Dios y Satanás, un bebé aparentemente indefenso desempeña un papel monumental, desenmascarando el odio asesino de Satanás hacia los niños. Esa es la historia de la Navidad en el libro de Apocalipsis:
«El dragón se paró frente a la mujer que estaba por dar a luz, para devorar a su hijo tan pronto como naciera. Ella dio a luz un hijo varón, que «regirá a todas las naciones con cetro de hierro». Y su hijo fue arrebatado hacia Dios y su trono».
La narrativa navideña es mucho más que una historia serena de un nacimiento milagroso. Es una confrontación dinámica y continua entre dos reinos radicalmente distintos. Esta narrativa nos obliga a enfrentar la dura realidad: las Escrituras, la historia y nuestra propia experiencia revelan el reino del mal más claramente a través del maltrato a los niños.
Desde los sacrificios humanos descritos en Jeremías 7:31 —donde se construyeron altares para quemar a hijos e hijas— hasta los edictos del faraón en Éxodo para matar a todos los recién nacidos hebreos, el mensaje es inconfundible. A lo largo de la historia, la lealtad al reino de Satanás se ha revelado mediante la crueldad y la opresión de los niños, e incluso su sacrificio. Y, a lo largo de la historia, las parteras hebreas y los sabios gentiles alineados con el Reino de Dios han practicado desobediencia civil para proteger a los niños.
Más de una cuarta parte de los esclavos en el mundo son niños
Esta lucha se revela hoy en la explotación infantil: más del 20 % de los esclavos en el mundo son niños. Y se manifiesta también en los desafíos respecto al desarrollo saludable de los niños, que presenta nuestra sociedad moderna: Aproximadamente uno de cada cuatro niños padece una enfermedad crónica. La infancia es, literalmente, un valle de sombra de muerte.
En la historia de Job, también vemos cómo el primer ataque de Satanás fue matar a sus hijos. Esto nos recuerda el asalto continuo contra la vida joven —una batalla que comenzó mucho antes de Belén y que continúa en cada generación.
Elegir un Reino: Un llamado al discernimiento
En última instancia, la historia de Navidad es un llamado a elegir bando en el conflicto entre dos reinos: el reino que inflige sufrimiento a los niños y el reino que sana y alimenta a los niños. La invitación de Jesús en Mateo 19:14 es clara: «Dejad que los niños vengan a mí, y no se lo impidáis, porque el Reino de los cielos es de quienes son como ellos».
Cada acto de bondad hacia los niños, cada esfuerzo por protegerlos, y cada oposición contra la crueldad es un avance decisivo en esta lucha cósmica. El mensajero del Señor, Malaquías, predijo que en los últimos días Dios «hará volver el corazón de los padres hacia los hijos». Al celebrar nuevamente el nacimiento de Cristo, te invitamos a considerar dos verdades de esta historia familiar: Primero, Dios se encarnó como un bebé para desenmascarar completamente el odio de Satanás hacia la nueva vida. Segundo, el conflicto de los dos reinos se ve más claramente en cómo se trata a los niños.
Una oración
Señor, te damos gracias por entrar en nuestro mundo en forma humana, Emanuel, «Dios con nosotros». Perdónanos por modificar tu historia, por pasar por alto el feroz conflicto espiritual escondido dentro del relato del nacimiento de Jesús. Abre nuestros ojos a la realidad de la batalla cósmica y concédenos discernimiento para unirnos al Reino de los Cielos, un reino que valora, protege y empodera a cada niño. Amén.
Autor: Alister L. Hunt y Bill Roberts. Alister fue contable en Nueva Zelanda y Ruanda antes de que él y su esposa, Ángela, se mudaran a los Estados Unidos en 1991 para que él realizara estudios de doctorado en economía. Alister enseñó durante muchos años en programas de posgrado en negocios antes de fundar Finology, una pequeña consultora de economía financiera. Actualmente, él y Angela dedican su tiempo a fortalecer la comunión y las instituciones eclesiásticas. Tienen tres hijas adultas: Grace, Olympia y Liberty. Por su parte, el pastor Bill Roberts es un ministro adventista del séptimo día con una amplia trayectoria en el noroeste de Estados Unidos. Actualmente, se desempeña como director ministerial de la Conferencia de Washington, donde promueve una visión del liderazgo eclesiástico centrada en el servicio.
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