A) Oraciones en momentos difíciles
Elías: oración en medio de la crisis.
- ¿Cómo responde Dios a nuestras oraciones en medio de la crisis?
Una respuesta fue inmediata y milagrosa. Otra, tras siete periodos de oración, envía la lluvia pedida. Finalmente, tras 40 días, una respuesta verbal y animadora. Dios sabe cómo y cuándo responder en cada una de nuestras situaciones.
Ana: una respuesta que no llega.
- La oración de Ana por tener un hijo parece una oración respondida rápidamente por Dios (tras nueve meses de gozosa espera, claro) (1S. 1:9-20).
- Sin embargo, al leer los versículos anteriores observamos que esta respuesta tardó muchísimo tiempo en llegar (1S. 1:1-8).
- Penina, la otra esposa de Elcana, tenía “hijos” –es decir, más de un hijo–, y “todos los años” irritaba a Ana porque Dios no le había concedido hijos.
- Desde este punto de vista, ¿cuántos años estuvo Ana pidiendo un hijo sin obtener respuesta?
- En ocasiones, el silencio de Dios puede deberse a nuestro egoísmo (Stg. 4:3); un pecado acariciado (Sal. 66:18); falta de fe (Stg. 1:6); o, simplemente, no es el momento propicio.
- En todo caso, Dios ve el panorama completo y sabe qué es lo mejor para nosotros (Jer. 29:11). Él siempre contestará, en Su momento y a Su manera, la oración hecha con fe (1Jn. 5:14-15).
B) Oraciones modelo
Jesús: El contenido de la oración
- Hacer oraciones largas y elaboradas para impresionar y ser alabado por los oyentes no es el estilo de oración que Jesús nos enseñó (Mt. 6:5-8).
- Nuestras oraciones deben ser hechas con sinceridad y sencillez, en un lenguaje cotidiano. La oración es una parte vital de nuestra vida.
- Este es el modelo de oración que Jesús nos dio:
Daniel: La estructura de la oración
- La oración registrada en Daniel 9:4-19 nos presenta las cuatro partes fundamentales de la oración:1. Alabanza (DN. 9:4)2. Confesión y perdón (Dn. 9:5-15)3. Peticiones (Dn. 9:16-19)4. Acción de gracias (Flp. 4:6)
- Daniel fue interrumpido por Gabriel antes de terminar su oración (acción de gracias).
- Este patrón sirve tanto para nuestras oraciones privadas como públicas. Evidentemente, el apartado de “confesión y perdón” deberá adaptarse al ámbito de la oración.
- Esta estructura nos ayuda a centrar la oración en Dios, evitando que se convierta en una especie de “lista de la compra” del almacén divino.
C) Cuatro preguntas sobre la oración.
¿Por qué debemos orar si Dios ya lo sabe todo?
La oración nos eleva al trono de Dios y nos obliga a examinarnos a nosotros mismos, y a replantearnos cada día nuestra relación con Él. Aún si no sabemos qué decir, el Espíritu Santo nos ayuda (Rm. 8:26).
¿Por qué orar cuando todo está bien?
Los ángeles que no han pecado adoran a Dios continuamente. ¿Cuánto más debemos hacerlo nosotros? Pensar que no necesitamos a Dios porque todo nos va bien es ser orgulloso.
¿Con quién debo orar?
Según el momento: En soledad (es cuando nuestra oración se vuelve más íntima); en familia o en grupos pequeños; en la iglesia.
¿Cómo debo escuchar?
La forma más clara y segura de hacerlo es combinar la oración con el estudio de la Biblia como parte de nuestra devoción personal, evitando dejar la mente vacía o escucharnos a nosotros mismos.
Para meditar:
“Aprended a hacer oraciones cortas y al punto, pidiendo justamente lo que necesitáis. Aprended a orar en voz alta cuando únicamente Dios puede oíros. No ofrezcáis simulacros de oración, sino peticiones fervientes y sentidas que expresen el hambre del alma por el pan de vida”. Elena G. White (Palabras de vida del gran Maestro, p. 105).
“Un profundo sentido de nuestra necesidad y un gran deseo de recibir las cosas que pedimos deben caracterizar nuestras oraciones, de lo contrario no serán oídas. Pero no debemos cansarnos y dejar de pedir porque nuestras oraciones no reciban una respuesta inmediata. “El reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan”. Mateo 11:12. Aquí se entiende por violencia un santo fervor, como el que manifestó Jacob. No necesitamos procurar ponernos en un estado de intensa excitación, sino que debemos presentar nuestras peticiones calmada pero persistentemente delante del trono de la gracia. Nuestra obra consiste en humillar nuestra alma delante de Dios, en confesar nuestros pecados y en acercarnos con fe a Dios”. Elena G. White (Dios nos cuida, 25 de mayo).


