DÍA 34: LA MISIÓN DEL ESPÍRITU SANTO
Dios derramó el Espíritu Santo de forma especial sobre los creyentes por varios motivos. La misión del Espíritu Santo incluye acciones muy concretas, y hoy veremos algunas de ellas.
Inició la misión
Lucas relata que el evangelismo no se originó con los apóstoles. No fue un asunto de Pedro o de Pablo, que de pronto dijeron: «¿Vamos a hacer un poco de evangelismo?». Por el contrario, el relato de los Hechos nos dice que se quedaron sentados, en silencio, en Jerusalén, hasta que el Espíritu Santo vino sobre ellos en el Pentecostés.
El Espíritu Santo guio a los dispersos por la persecución a predicar las buenas nuevas hasta Antioquía, que más tarde se convirtió en el centro de la misión a los gentiles.
En cada paso del avance, el Espíritu Santo tomó la iniciativa. Él inspiró a Pedro para enfrentar a los judíos (Hech. 4: 8). También separó a Esteban para el diaconado y después para la predicación del evangelio (6: 3, 5; 7: 55), y guio a Felipe en su exitosa misión en Samaria, a fin de hacer contacto con el eunuco de Etiopía (8: 29).
El Espíritu Santo no solamente fue el líder de toda la expansión del evangelio, sino también su poder motivador. Él derrumbó todos los obstáculos e incorporó en la iglesia a todo tipo de personas. En su misión en el mundo no hay preferencia entre judíos y gentiles.
Convence de pecado
En la conversión del pecador, el Espíritu Santo está presente en cada parte del proceso. De acuerdo con Juan 16: 8, la primera obra del Espíritu Santo en el pecador es convencerlo de pecado, y esa obra incluye a todo el mundo. Una de las primeras evidencias de su operación es la profunda convicción de que alguien es pecador. Y no solamente esto: él motiva al pecador a aceptar la justicia de Cristo.
Genera arrepentimiento
Si el pecador escucha la vivificadora influencia del Espíritu Santo, llegará al arrepentimiento. Al ver Pedro que los gentiles habían recibido el bautismo del Espíritu Santo, exclamó: «¡De manera que también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida!» (Hech. 11: 18).
Produce la fe
Cuando pensamos en la fe, no hay duda de que es un don de Dios, entregado por el Espíritu Santo. Nadie puede decir «Jesús es mi Señor» si el Espíritu Santo no lo inspira (1 Cor. 12: 3). Pablo afirma que incluso la capacidad de responder con fe es un don de Dios (Efe. 2: 8).
Para reflexionar: «Mediante un agente tan invisible como el viento, Cristo obra constantemente en el corazón. Poco a poco, tal vez inconscientemente para quien las recibe, se hacen impresiones que tienden a atraer el alma a Cristo. Dichas impresiones pueden ser recibidas meditando en él, leyendo las Escrituras, u oyendo la palabra del predicador viviente. Repentinamente, al presentar el Espíritu un llamamiento más directo, el alma se entrega gozosamente a Jesús. Muchos llaman a esto conversión repentina; pero es el resultado de una larga intercesión del Espíritu de Dios; es una obra paciente y larga» (Elena G. de White, El Deseado de todas las gentes, p. 143).
Desafío para hoy: La cita de la sección «Para reflexionar» explica el proceso de conversión. Medita en tu propia conversión. ¿Puedes ver la influencia y la dirección del Espíritu Santo en tu proceso personal de conversión?


