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Pasado el día de Reyes, tal vez el mejor regalo que le podemos ofrecer a nuestros hijos sea escucharles. Los niños también merecen ser escuchados. Su curiosidad, creatividad y capacidad de asombro los impulsan a explorar, aprender y expresar sus ideas, tanto sobre la vida cotidiana como sobre los asuntos de Dios. Reconocer y fomentar su participación activa es fundamental para su desarrollo integral y espiritual.

Si bien existen instituciones públicas y privadas que trabajan con temas vinculados a la infancia, la participación activa y la libertad de opinión de los niños aún recibe poca atención. Por eso, debemos reconocer el trabajo que la Iglesia Adventista del Séptimo Día ha desarrollado con este grupo de población. Una labor que se ha convertido en una herramienta útil para fomentar su crecimiento integral y espiritual.

Compartir con otros niños, mientras desarrollan su fe y su amor por Jesús, genera efectos alentadores. El desarrollo espiritual se ha convertido en un soporte fundamental para los pequeños, quienes experimentan diferentes situaciones emocionales y sociales en su vida diaria. A veces, los adultos nos concentramos en nuestras propias tareas y dejamos poco espacio para indagar en el corazón de los niños.

Los Derechos del Niño

Si hablamos de niños, debemos hablar también de su historia. Primero desde un punto de vista social y luego desde la Biblia, que nos muestra la importancia de escucharlos. La participación y la libertad de expresión son derechos reconocidos legalmente a nivel mundial. Reconocer que los niños pueden expresarse libremente y opinar es un derecho conquistado hace poco más de 31 años a través de la Convención sobre los Derechos del Niño, el documento más importante en materia de infancia.

Aunque muchos países han ratificado este documento, aún existen desafíos para aplicarlo plenamente. En algunas culturas se concibe al niño como «incapaz» y objeto de protección; en otras, como sujeto de derechos con autonomía y capacidad de opinar. Ambas perspectivas son importantes: el niño necesita protección, pero también es un individuo con derechos y voz propia. Merece ser escuchado. Su opinión importa.

La participación y la libertad de opinión son algunos de los derechos del niño. Hace miles de años, la Biblia ya mostraba la capacidad de los niños para involucrarse y opinar, tanto en la realidad que los rodea como en los asuntos de Dios.

Lo que nos dice la Biblia

La Biblia narra la infancia de Jesús en dos libros. Mateo relata su nacimiento, la visita de los Reyes Sabios y la huida a Nazaret. Lucas, por su parte, destaca la experiencia de Jesús a los 12 años, un suceso impresionante que refleja su capacidad de decisión y expresión.

Lucas 2:46: «Tres días después lo hallaron en el templo, sentado en medio de los maestros, oyéndolos y preguntándoles».

A pesar de los siglos y de los cambios sociales, brindar espacios para que los niños se expresen sigue siendo un proceso. La infancia israelita, incluida la de Jesús, nos muestra que los niños tienen capacidad de comprensión y pueden participar activamente en los asuntos espirituales. A los 12 años, los niños comenzaban su vida religiosa en Israel.

Lucas 2:47: «Y todos los que lo oían se pasmaban de su entendimiento y sus respuestas».

Hoy, como entonces, sorprende a los adultos ver a un niño expresarse con claridad y opinión propia. Jesús dejó claro que los niños pueden ser escuchados y valorados por sus ideas.

Lucas 2:48-50: «Cuando sus padres lo vieron se maravillaron. Su madre le dijo: Hijo, ¿por qué has hecho esto? Tu padre y yo te hemos buscado con angustia. Entonces él respondió: ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que en los asuntos de mi Padre tenía que estar? Pero ellos no entendieron lo que les dijo».

Este episodio nos recuerda que los niños pueden involucrarse en los asuntos de Dios, y que la comunicación y la guía amorosa son fundamentales para su crecimiento.

Lucas 2:51-52: «Entonces descendió con ellos a Nazaret, y estaba sujeto a ellos. Y su madre atesoraba cuidadosamente todas estas cosas en su corazón. Y Jesús crecía en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres».

El desarrollo del niño debe ser integral: físico, mental, social y espiritual. Este versículo refleja la importancia de equilibrar crecimiento, sabiduría y gracia, fomentando relaciones de respeto y confianza que permitan una vida plena según la voluntad de Dios.

Los niños hoy

El ejemplo de Jesús rompe con ideas preconcebidas sobre la infancia. Aunque en algunas culturas los niños siguen siendo infravalorados, hoy cuentan con más recursos y oportunidades para su desarrollo. Lo que no cambia es la importancia de su formación, no solo para su futuro, sino también para su presente.

Los niños pueden agradar a Dios desde su propia experiencia, vivencia y testimonio. Por eso es fundamental construir espacios donde puedan expresar su creatividad y energía, participando activamente en la comunidad y desarrollándose como individuos completos en desarrollo, como todos, con voz y corazón para seguir alabando al Señor.

Autora: María Villa, trabajadora social dedicada al área de infancia.
Imagen: Photo by Jonathan Borba on Unsplash

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Revista Adventista de España
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