Skip to main content

fechaNadie conoce la fecha de la Segunda Venida, sino solamente el Padre. ¿Pero en qué se basan quienes se empeñan en fechar ese trascendental momento?

Anuncios proféticos de la Segunda Venida

La segunda venida de Cristo es una de las verdades más repetidas en las Escrituras, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento; y también, una de las más más claramente expresadas. Cristo mismo la afirmó categóricamente, revelando al mismo tiempo un buen número de señales que indicarían el tiempo en que tendría cumplimiento (confrontar con Mateo 24:3-51; Marcos 13:3-37 y Lucas 21:7-36; 12:41-48 y 17:24-36). En este sentido, el libro Eventos de los Últimos Días dedica el segundo capítulo completo para presentar una buena lista de señales que anuncian la Segunda Venida[1].

Por otro lado, destacan por su contenido, las profecías apocalípticas de Daniel y Apocalipsis que apuntan en su cumplimiento, inequívocamente, a la Segunda Venida. En ellas se dan a conocer, no tanto las señales como los acontecimientos que precederían a ese momento glorioso de la venida de Cristo. Sin embargo, en ninguna de ellas, ni en las señales de la segunda venida de Cristo, ni en las profecías de Daniel y Apocalipsis, se hace referencia a una fecha determinada que indique el tiempo exacto de la segunda venida de Cristo[2].

Muchos falsos profetas en el contexto de las señales del fin

Por otro lado, es importante tener en cuenta, como Jesús lo anunció en el sermón del monte de los Olivos, que en el contexto histórico del tiempo del fin se levantarían «muchos falsos profetas» que engañarían a muchos (confrontar con Mateo 24:11). En ese mensaje, Jesús añade la idea de que algunos de ellos se harían pasar por Cristo mismo, que harían «grandes señales y prodigios», y que si fuera posible tratarían de engañar a los mismos escogidos (confrontar con Mateo 24:23-24). Hoy, ya no es necesario tratar de justificar esta idea. Los hechos lo vienen demostrando, de forma cada vez más acentuada, en los dos últimos siglos.

1. La voluntad soberana de Dios

El mensaje de la Escritura

Durante el ministerio del profeta Jeremías, en tiempos de la deportación del pueblo hebreo a Babilonia, en el principio del reinado de Sedequías rey de Judá (confrontar con Jeremías 28:1), Hananías hijo de Azur -dice el profeta Jeremías-, «se dirigió a mí públicamente en el templo mientras los sacerdotes y el pueblo escuchaban.

Dijo: «Esto dice el Señor de los Ejércitos celestiales, Dios de Israel: Quitaré del cuello de ustedes el yugo del rey de Babilonia. Dentro de dos años traeré de regreso todos los tesoros del templo que el rey Nabucodonosor llevó a Babilonia. También traeré de regreso a Joaquín, hijo de Joacim, rey de Judá y a todos los demás cautivos que fueron llevados a Babilonia. Tengan por seguro que romperé el yugo que el rey de Babilonia ha puesto sobre sus cuellos. ¡Yo el Señor he hablado!»» (Jeremías 28:1-4 NTV).

Este falso profeta, Hananías, había desafiado el mensaje que el Señor había dado al pueblo por medio de las profecías de Jeremías, Oseas, Habacuc, Sofonías y otros, cuyas amonestaciones estaba negando con su falso mensaje en favor del rey y de la corte real. Finalmente, se cumplió el mensaje que el profeta Jeremías le dio de parte del Señor (confrontar con Jeremías 28:16-17).

Este tipo de sucesos se han repetido a lo largo de la historia del pueblo de Dios, con la particularidad de que, en este tramo final del tiempo del fin, habrá una mayor confusión: «Antes que ocurran los acontecimientos finales de la obra de la apostasía, habrá una gran confusión en lo que concierne a la fe… Una verdad tras otra se irá corrompiendo»[3].

A lo largo de la historia de la Iglesia, ¿se han dado falsos mensajes o se han hecho falsas profecías relacionadas con el fin del mundo y la segunda venida de Cristo? Entre otras muchas personas y grupos que han predicho el fin del mundo a lo largo de la historia, podemos citar algunos ejemplos entre los más significativos:

Predicciones Antiguas y Religiosas

Algunos grupos del cristianismo primitivo creían que el fin del mundo ocurriría en el siglo I d. C. San Hipólito de Roma (siglo III) predijo que el fin del mundo llegaría en el año 500. Jan Matthys, un líder anabaptista, afirmó en Münster, en 1534, que el Apocalipsis ocurriría en ese año.

Así como en el Antiguo Testamento, Jeremías debió enfrentarse a profetas que no profetizaban la verdad (confrontar Jeremías 23:25-26 y capítulo 28); en el desarrollo de Nuevo Testamento no iba a ser diferente. El mensaje de la Escritura se ha visto perturbado con frecuencia por mensajes que nada tienen que ver con la soberana voluntad de Dios.

En el siglo XIX se predijo una fecha especial

William Miller, líder del movimiento millerita, del que poco después surgió el movimiento adventista, predijo junto con Samuel Snow, que Jesús regresaría en 1844. Su fallo dio lugar al «Gran Chasco», causado por un correcto estudio de las profecías de Daniel 8 y 9; pero desconociendo en ese momento doctrinas como la ley de Dios, la expiación del pecado y el Santuario celestial.

El cálculo fue correcto, pero no el acontecimiento anunciado; Cristo no debía venir a purificar la tierra en 1844, sino que debía pasar desde el lugar Santo al Santísimo del Santuario celestial para efectuar la purificación del Santuario (confrontar con Daniel 8:14), antes de la Segunda Venida.

Este movimiento, según se comprende mejor en Apocalipsis 10, estaba anunciado en el cronograma profético de las Escrituras, y podríamos compararlo con el ministerio profético de Jeremías entre los siglos VII y VI a. C.

En los siglos XX y XXI

los Testigos de Jehová han dado varias fechas para el fin del mundo, incluyendo 1914 y otras más. Hal Lindsey (1970s) escribió La Agonía del Gran Planeta Tierra, sugiriendo que el fin del mundo ocurriría en la década de 1980. Pat Robertson fue un telepredicador cristiano que predijo el fin en 1982 y luego nuevamente en 2007.

Heaven’s Gate fue un culto liderado por Marshall Applewhite que creía que el cometa Hale-Bopp traería el fin del mundo en 1997. Harold Camping predijo el fin del mundo el 21 de mayo de 2011 y luego lo cambió al 21 de octubre del mismo año.

Interpretaciones erradas del calendario maya, la llamada Profecía Maya, llevaron a la creencia de que el mundo acabaría el 21 de diciembre de 2012.

David Meade afirmó que el planeta Nibiru colisionaría con la Tierra en 2017 y luego cambió la fecha a 2018.

White habla de los que ponen fechas para la 2ª Venida

Algunas declaraciones relevantes de E. White, son: «Copia de una visión que dio el Señor a la Hna. White, el 21 de junio de 1851, en Camden, Nueva York. El Señor me mostró que el mensaje debe avanzar, y que no debe depender del tiempo, pues éste no será nunca más una prueba. Vi que algunos estaban siendo objeto de una falsa excitación provocada por predicar fechas, que el mensaje del tercer ángel puede permanecer sobre su propio fundamento y que no necesita de fechas para fortalecerse, y que proseguirá con gran poder y efectuará su obra y será abreviado en justicia»[4].

Ella dice claramente que no hemos de vivir dependiendo de una fecha definida. «Copiado en Milton, el 29 de junio de 1851. A. A. G.». «Este fue el documento que encontré el lunes pasado al buscar entre mis escritos, y aquí está otro que fue escrito en cuanto a un hombre que fijaba fechas en 1884 y propagaba sus argumentos para probar sus teorías.

»El informe de lo que hacía me fue presentado en el congreso de Jackson [Míchigan], y dije a los hermanos que no debían prestar atención a la teoría de ese hombre, pues no sucedería el acontecimiento que él predecía. Dios ha puesto en su propia potestad los tiempos y las sazones. ¿Y por qué no nos ha dado Dios ese conocimiento?

»Porque si lo hiciera, no lo usaríamos debidamente. Ese conocimiento provocaría entre los hermanos un resultado que retardaría grandemente la obra de Dios de preparar a un pueblo que pueda resistir en el gran día venidero.

»No hemos de vivir dependiendo de la excitación originada por fechas especiales. No hemos de enfrascarnos en especulaciones en cuanto a los tiempos y las sazones que no ha revelado Dios. Jesús ha dicho a sus discípulos que velen, pero no fijándose en una fecha definida. Sus seguidores han de estar en la posición de los que están atentos a las órdenes de su Capitán.

»Han de velar, esperar, orar y trabajar a medida que se acercan al tiempo de la venida del Señor, pero nadie podrá predecir precisamente cuándo será ese tiempo, pues “no sabéis el día ni la hora”. No podréis decir que Cristo vendrá dentro de uno, dos o cinco años; tampoco debéis posponer su venida diciendo que quizá no se produzca ni en diez ni en veinte años»[5].

No se puede tener confianza en aquellos que fijan fechas. «Desconfíen todos nuestros hermanos y hermanas de cualquiera que quisiera fijar una fecha en que el Señor ha de cumplir su palabra con respecto a su venida, o con respecto a cualquier otra promesa de significado especial que haya hecho. «No toca a vosotros saber los tiempos o las sazones que el Padre puso en su sola potestad (Hechos 1:7)»»[6].

Dios no ha revelado el tiempo de la 2ª Venida

Dice el Señor que, en el tiempo del profeta Jeremías, hubo muchos profetas en Samaria que «hicieron errar a mi pueblo Israel. Y en los profetas de Jerusalén he visto torpezas; cometían adulterios, y andaban en mentiras» (Jeremías 23:13-14).

De forma análoga, en el pasado se han levantado muchas voces anunciando la fecha de la segunda venida de Cristo, como está ocurriendo en el presente. Están siendo numerosos los mensajes que se están presentando con carácter contradictorio. Sin embargo, como lo expresan las palabras de Jesús en los evangelios de Mateo y Marcos: «Pero del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre» (Mateo 24:36 y Marcos 13:32; confrontar con Mateo 24:42-51 y Marcos 13:33-36).

2. La última fecha en la profecía bíblica

La última fecha profética

Esta última fecha del plan de redención, anunciada proféticamente en la Escritura, nos lleva a 1844, según se anuncia en Daniel 8:14 y se explica en su contexto inmediato en los capítulos 8 y 9 del mismo libro. No habrá ninguna otra fecha profética después de 1844. Tanto la Biblia en Apocalipsis 10:5-6 y 1-11, como los escritos de E. White lo confirman: «La cuestión de las fechas no ha sido una prueba desde 1844, y nunca volverá a ser una prueba»[7].

El libro de Apocalipsis anuncia de forma clara y distinta el fin de los períodos proféticos.  «»Y el ángel que vi en pie sobre el mar y sobre la tierra, levantó su mano al cielo, y juró por el que vive por los siglos de los siglos, que creó los cielos y las cosas que están en él, y la tierra y las cosas que están en ella, y el mar y las cosas que están en él, que el tiempo no sería más» (Apocalipsis 10:5-6). Este mensaje anuncia el fin de los períodos proféticos. El chasco de los que esperaban ver al Señor en 1844 fue muy amargo para los que habían guardado tan ardientemente su aparición. Dios permitió que ocurriera este chasco, y que los corazones se manifestaran»[8].

White afirma de forma inequívoca que no hemos de saber el tiempo definido de la venida de Cristo. «Si avanzáramos en conocimiento espiritual, veríamos que la verdad se desarrolla y expande en ciertos aspectos en que poco hemos soñado, pero nunca se desarrollará en algún aspecto que nos induzca a imaginar que podemos conocer los tiempos y las sazones que el Padre ha puesto en su sola potestad. Vez tras vez se me ha amonestado acerca de fijar fechas. Nunca más habrá un mensaje para el pueblo de Dios que se base en el tiempo. No hemos de saber el tiempo definido, ya sea del derramamiento del Espíritu Santo o de la venida de Cristo»[9].

También afirma que no habrá un tiempo profético que llegue más allá de 1844. «Este tiempo, el que el ángel declara con un solemne juramento, no es el fin de la historia del mundo ni del tiempo de gracia, sino del tiempo profético que precederá al advenimiento de nuestro Señor; es decir, la gente no tendrá otro mensaje acerca de un tiempo definido. Después de este lapso, que ahora abarca desde 1842 a 1844, no puede haber ningún cómputo definido de tiempo profético. El cálculo más prolongado llega hasta el otoño de 1844»[10].

Los tres tiempos proféticos de Daniel 12

Hay quienes interpretan los tiempos proféticos del capítulo 12 de Daniel, en los versículos 7, 11 y 12, con una visión futurista. Para ello, consideran los períodos de «tiempo, tiempos, y la mitad de un tiempo» (versículo 7), los «mil doscientos noventa días» (versículo 11), y los «mil doscientos treinta y cinco días» (versículo 12), de forma literal estableciendo su cumplimiento en el futuro, y pretendiendo aproximarse a la fecha de la Segunda Venida. No obstante, la interpretación correcta como se explica en el Comentario Bíblico Adventista [11], exige aplicar el principio «día-año». Y el cálculo correcto de su cumplimiento, no va más allá de 1844.

La profecía que concluye en 2031

En estos días, se está tratando de hacer valer la idea de que Cristo viene en 2031. Esta fecha se intenta justificar en base a ciertas declaraciones de Elena White, relacionadas con el tiempo transcurrido, unos seis mil años, desde la caída de Adán y Eva hasta la Segunda Venida. Esta medida de tiempo se refuerza con la idea de que desde la caída de Adán y Eva hasta la muerte de Cristo en el año 31 han pasado unos cuatro mil años. De esta forma determinan la fecha de 2031 como el año cuando Cristo cumplirá con la promesa del Advenimiento.

Algunas de las citas que mencionan los seis mil años, son:

  • «La continua transgresión del hombre durante seis mil años ha traído enfermedad, dolor y muerte como frutos» (Health Reformer, agosto de 1875).
  • «Durante seis mil años, la fe ha edificado sobre Cristo. Durante seis mil años, las tempestades y los embates de la ira satánica han azotado la Roca de nuestra salvación» (DTG, 381-382).
  • «Durante seis mil años, la obra de rebelión de Satanás «hizo temblar la tierra». El «convirtió el mundo en un desierto, y destruyó sus ciudades; y a sus prisioneros nunca los soltaba, para que volviesen a casa». Durante seis mil años, su prisión [la tumba] ha recibido al pueblo de Dios, y lo habría tenido cautivo para siempre, si Cristo no hubiese roto sus cadenas y libertado a los que tenía presos» (CS, 717-718).
  • «La obra de destrucción de Satanás ha terminado para siempre. Durante seis mil años obró a su gusto, llenando la tierra de dolor y causando penas por todo el Universo» (CS, 731).
  • «Durante su experiencia de casi seis mil años, no ha perdido nada de su habilidad ni de su astucia. Durante todo este tiempo ha observado detenidamente todo lo que concierne a nuestra especie» (JT, t. 1, 215).
  • «La continua transgresión del hombre durante seis mil años ha producido enfermedad, dolor y muerte» (JT, t. 1, 423).
  • «De este modo, bajo un nuevo disfraz, el gran rebelde prosigue su lucha contra Dios, que comenzó en el cielo, y que por casi seis mil años ha continuado en la tierra» (HR, 413).
  • «Las leyes y los procesos de la naturaleza, que han sido objeto del estudio de los hombres durante seis mil años, fueron puestos al alcance de sus mentes por el infinito Forjador y Sustentador de todo» (PP, 32).
  • «El mundo actualmente no tiene sino alrededor de seis mil años de edad…» (Spiritual Gifts, t. 3, 90-93; citado en Exaltad a Jesús, 46).

Asimismo, algunas de las citas que mencionan los cuatro mil años, son:

  • «Pero Jesús aceptó la humanidad cuando la especie se hallaba debilitada por cuatro mil años de pecado» (DTG, 32).
  • «El, el Cordero inmaculado de Dios, estaba por presentarse como ofrenda por el pecado, y así acabaría con el sistema de figuras y ceremonias que durante cuatro mil años había anunciado su muerte» (DTG, 608).
  • «Con el gran sacrificio ofrecido en el Calvario, terminó aquel sistema de ofrendas que durante cuatro mil años había prefigurado al Cordero de Dios» (CS, 375).

Estas citas, que nos parecen suficientes, son representativas de otras más que han sido hechas con el mismo fin: mostrar el tiempo transcurrido de forma muy aproximada; unas, hasta la muerte de Cristo; y las otras, hasta la Segunda Venida. Pero ninguna de ellas constituye una profecía. Por otro lado, este tipo de expresiones es común en el lenguaje cotidiano, la divulgación histórica y los discursos generales, ya que facilita la comprensión sin necesidad de ser absolutamente preciso. Se las considera como ‘locuciones temporales imprecisas’; y también, ‘expresiones de tiempo muy aproximadas’.

3. El mensaje del fuerte pregón

En Apocalipsis se habla de un mensajero muy especial

Juan, en el contexto de la condenación y caída de Babilonia, escribe: «Después de esto vi a otro ángel descender del cielo con gran poder; y la tierra fue alumbrada con su gloria» (Apocalipsis 18:1). Seguidamente este «otro ángel» clama con voz potente anunciando la caída de la gran Babilonia. Este ángel, llamado también «el cuarto ángel», en relación con los tres de Apocalipsis 14, es un mensajero muy singular:

(1) No viene de cualquier lugar; desciende «del cielo», de la presencia de Dios;

(2) Tampoco viene a dar un paseo por la tierra; desciende «con gran poder» para cumplir con una misión muy especial;

(3) Tiene un objetivo muy claro; cuando la tierra ha llegado a tal punto que parece estar toda envuelta en tinieblas, este ángel alumbra toda la tierra «con su gloria»;

(4) Además, presenta su mensaje clamando «con voz potente», para que todos lo puedan oír.

Parece no haber duda de que este ángel representa el cumplimiento de la profecía, tantas veces mencionada, de la lluvia tardía, de la obra y ministerio del Espíritu Santo en la iglesia en el tiempo del fin: «Las profecías del capítulo 18 de Apocalipsis pronto se cumplirán.

Durante la proclamación del mensaje del tercer ángel, «otro ángel» ha de «descender del cielo con gran poder» y la tierra será «alumbrada con su gloria». El Espíritu del Señor bendecirá tan abundantemente a los seres humanos consagrados, que hombres, mujeres y niños abrirán sus labios en alabanza y acción de gracias, llenando la tierra del conocimiento de Dios y de su gloria inigualable, como las aguas cubren el mar»[12].

Hay quienes recurren a mensajes de temor y odio, de carácter esotérico para apoyar sus ideas, desfigurando u olvidando el mensaje de la Escritura. El mensaje de salvación no tiene nada que ver con ciertos mensajes difíciles de entender. «La verdad para este tiempo es preciosa, pero aquellos cuyos corazones no han sido quebrantados al caer sobre la Roca que es Cristo Jesús, no verán ni comprenderán qué es la verdad.

Aceptarán aquello que place a sus ideas y comenzarán a preparar otro fundamento diferente del que ya ha sido puesto. Halagarán su propia vanidad y estima pensando que son capaces de quitar las columnas de nuestra fe para reemplazarlas por pilares inventados por ellos»[13].

Por el contrario, el mensaje de la Escritura es de amor y esperanza. Es un mensaje de reconocimiento de la iglesia que Cristo está edificando (confrontar con Mateo 16:18). La iglesia de Dios es el verdadero redil adonde el Señor añade cada día los que han de ser salvos (confrontar con Hechos 2:47).

Apostasía en la iglesia

Parece muy evidente que en el Nuevo Testamento se presenta la idea de que el error permanecerá en la iglesia hasta el fin del tiempo de gracia. La parábola del trigo y la cizaña (conforntar con Mateo 13:24-30 y 36-43) es un testimonio inequívoco de esto (ver también, la parábola de las diez vírgenes en Mateo 25:1-13). No obstante, es necesario tener muy claro que: una cosa es decir que en la iglesia hay apostasía y que la habrá hasta el «tiempo de la siega»; y otra muy distinta, decir que la iglesia es Babilonia y que está en apostasía.

«Dios tiene en la tierra una iglesia que está ensalzando la ley pisoteada, y presentando al mundo el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo»[14]. No se puede decir de esta iglesia que está en apostasía, porque es el Movimiento mundial que está predicando el mensaje de salvación desde 1844. «La iglesia, debilitada y deficiente, que necesita ser reprendida amonestada y aconsejada, es el único objeto de esta tierra al cual Cristo conceda su consideración suprema»[15].

La revelación final y completa del amor de Dios se dará por medio de la iglesia

«El Señor tiene sus agentes designados, y una iglesia que ha sobrevivido persecuciones, conflictos y tinieblas. Jesús amó a la iglesia y se dio a sí mismo por ella, y él la restaurará, refinará, ennoblecerá y elevará, para que subsista firmemente en medio de las influencias corruptoras de este mundo. Hombres designados por Dios han sido escogidos para velar con celoso cuidado y vigilante perseverancia, para que la iglesia no sea destruida por los malos designios de Satanás, sino que subsista en el mundo y fomente la gloria de Dios entre los hombres»[16].

Las promesas de Dios finalmente se consumarán, la iglesia cumplirá con su misión, revelará el amor de Dios a este mundo, y constituirá el tesoro especial de Dios hasta el fin del tiempo. «La iglesia es la depositaria de las riquezas de la gracia de Cristo, y por la iglesia se manifestará finalmente la revelación final y completa del amor de Dios al mundo que ha de quedar iluminado por su gloria. La oración de Cristo, de que su iglesia fuese una, como él y el Padre eran uno, quedará finalmente contestada»[17].

Otras declaraciones que confirman esta idea, son: «Se me ha instruido que diga a los adventistas de todo el mundo que Dios nos ha llamado como un pueblo que ha de constituir un tesoro especial para él. Él ha dispuesto que su iglesia en la tierra permanezca perfectamente unida en el Espíritu y el consejo del Señor de los ejércitos hasta el fin del tiempo (Carta 54, 1908 [21 de enero de 1908])»[18].

El Señor sigue conduciendo a su pueblo y lo hará hasta el fin. «Cuando no puedo conciliar el sueño elevo mi corazón en oración a Dios, y él me fortalece y me da la seguridad de que permanece con sus siervos ministradores aquí en este país y en los países distantes. Me siento animada y bendecida al comprender que el Dios de Israel sigue conduciendo a su pueblo y que continuará con él hasta el fin»[19].

Dios anuncia el día y la hora de la venida de Jesús

Es durante la séptima plaga, según Apocalipsis 16:17-21, cuando se cumplen las siguientes palabras: «Desde el cielo se oye la voz de Dios que proclama el día y la hora de la venida de Jesús, y promulga a su pueblo el pacto eterno»[20]. Esto ocurre después de que aparezca en el cielo una mano que sostiene la ley de Dios, en dos tablas de piedra, a la vista de todos los habitantes de la tierra. Esto se revela en El Conflicto de los Siglos, página 697; una página antes de la cita indicada.

Es a esta iglesia, que anuncia las verdades de la Escritura a todo el mundo, a quien el Señor dará a conocer en ese momento final de la historia, el día y la hora de la venida de Jesús. Así le fue revelado a E. White en su primera visión, publicada por primera vez en 1846: «Pronto oímos la voz de Dios, semejante al ruido de muchas aguas, que nos anunció el día y la hora de la venida de Jesús. Los […] santos vivientes reconocieron y entendieron la voz; pero los malvados se figuraron que era fragor de truenos y de terremoto. Cuando Dios señaló el tiempo, derramó sobre nosotros el Espíritu Santo»[21].

A modo de conclusión. En el mensaje de la Escritura queda muy claro, que no se puede ni se debe fijar una fecha para la segunda venida de Cristo. No habrá otra fecha, anunciada en la profecía, más allá de 1844.

Por otro lado, E. White, quien insiste repetidamente en esta idea, ha hecho una declaración que nos parece muy indicada para el broche de esta reflexión: «Ninguna persona que fije una fecha para la venida de Cristo tiene un mensaje verdadero.

Podéis tener la seguridad de que Dios no da a nadie autoridad para decir que Cristo demora su venida cinco, diez o veinte años. «Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del hombre vendrá a la hora que no pensáis (Mateo 24:44)»».[22].

Autor: José Antonio Ortiz. Doctor en teología, pastor y profesor emérito de la Facultad Adventista de Teología (FAT) en España.
Imágen: Shutterstock.

Notas y referencias: 

[1]. E. White. Eventos de los Últimos Días, 18-31.
[2]. Las teorías de interpretación, preteristas y futuristas, de las profecías de Daniel y Apocalipsis, dejan de lado la mayor parte de la historia de la era cristiana. Solamente el método de interpretación historicista de estas profecías, se ajusta al propósito de la historia del AT. Parece muy evidente que la primera de ellas, en el capítulo 2 de Daniel, El sueño del rey Nabucodonosor, traza la pauta interpretativa para el resto de las que contienen los libros de Daniel y Apocalipsis, de acuerdo con el método historicista.
[3]. E. White. Signs of the Times, 28.05.1894.
[4]. E. White. Mensajes Selectos, t. 1, 220-221.
[5]. Ibid., 221-222.
[6]. E. White. Joyas de los Testimonios, t. 2, 359.
[7]. E. White. Primeros Escritos, 75.
[8]. E. White. Mensajes Selectos, t.2, 123.
[9]. Ibid., t.1, 220.
[10]. E. White. MS 59, 1900.
[11]. Comentario Bíblico Adventista, t. 4, 905-906.
[12]. E. White. R&H, 13.10.1904, citado en CBA, vol. 7, 995-996.
[13]. E. White. Mensajes Selectos, t. 2, 448.
[14]. E. White. Joyas de los Testimonios, t.2, 356.
[15]. Ibid., 355.
[16]. Ibid., 358.
[17]. Ibid., 356.
[18]. E. White. Mensajes Selectos, t. 2, 458.
[19]. Ibid., 470.
[20]. E. White. El Conflicto de los Siglos, 698.
[21]. E. White. Primeros Escritos, 15.
[22]. E. White. Mensajes Selectos, t. 2, 130.

 

Leave a Reply