DÍA 20: LA ALABANZA COMO HÁBITO
Cuando la alabanza se transforma en un hábito, cambia nuestra disposición en cualquier circunstancia. Cambia, además, la manera de relacionarnos con la propia vida, las personas, la iglesia, el trabajo, el estudio y Dios.
Cuando la alabanza constante guía nuestra vida, desarrollamos una certeza fundamentada en la fe sobre lo que está por venir. Así aguardamos el cumplimiento de las preciosas promesas de Dios, mientras enfrentamos las dificultades que puedan surgir a lo largo del camino.
«¡Mi lengua hablará de tu justicia y de tu alabanza todo el día!» (Salmos 35:28). Una actitud tal nos hace pensar que cada actividad de nuestra vida cotidiana puede ofrecer lecciones que nos lleven a alabar a Dios. Por eso, podemos desarrollar una actitud de continua oración y de constante alabanza.
Consejos para desarrollar el hábito de la alabanza
- Concéntrate en los atributos de Dios. El salmista reconoce en los atributos de Dios un gran motivo para adorarlo. Su grandeza, magnificencia, bondad, misericordia, dominio, providencia y salvación son grandes razones para alabarlo.
- Dedícale tiempo. Si deseamos alabar a Dios, es necesario conocerlo íntimamente. Y, para hacerlo, es necesario invertir más tiempo en aquello que es esencial. Marca en tu Biblia los textos que mencionan motivos para alabar a Dios. Inicia y termina tus momentos de comunión con Dios con alabanzas. Únete a personas que también desean alabar a Dios.
El Señor dejó una comunidad, una familia (su iglesia), para que fuese un ambiente acogedor y de apoyo para sus hijos. Por eso, si deseamos desarrollar el hábito de alabar, una de las mejores formas de hacerlo es buscar compañías edificantes.
Más consejos para alabar cada día
- Piensa en un día a la vez. En vez de preocuparte por el tiempo que necesitarás para desarrollar este hábito, o si algún día lograrás llegar al nivel que deseas, piensa en fracciones de tiempo. Un día a la vez. Hoy alabaré a Dios. Hay quienes piensan: «Si hoy no pude, mañana dedicaré más tiempo». Ese tipo de «acumulación» perjudica la formación de un hábito, incluso en aquellos que logran cumplir esa promesa. Si un día no lo logras, esfuérzate por dedicar unos minutos al día siguiente.
- Intenta alabar aun en circunstancias difíciles. Este parece ser el paso más difícil; el escalón más complicado para subir. Pero, a medida que los primeros pasos se hacen realidad en tu vida, esto último sucederá naturalmente. La Biblia presenta muchos ejemplos de personas que alabaron a Dios en momentos dolorosos.
Para reflexionar: «Los apóstoles no contaban su vida por preciosa y se regocijaban de ser tenidos por dignos de sufrir oprobio por el nombre de Cristo. Pablo y Silas sufrieron la pérdida de todo. Fueron azotados y arrojados brutalmente al frío piso de una mazmorra, en una posición muy dolorosa, con los pies elevados y sujetos en el cepo. ¿Llegaron protestas y quejas a los oídos del carcelero? ¡Oh, no! Desde el interior de la cárcel, se elevaron voces que rompían el silencio de la noche con cantos de gozo y alabanza a Dios. Animaba a estos discípulos un profundo y ferviente amor por la causa de su Redentor, en favor de la cual sufrían» (Elena G. de White, Joyas de los Testimonios, t. 1, p. 387).
Desafío para hoy: Lee Hechos 16:16-34. Allí encontramos el testimonio de Pablo y Silas. ¿Qué puedes aprender de este relato sobre la alabanza? ¿Dónde identificas la existencia del hábito de la alabanza?


