DÍA 25: IGLESIA SIN PAREDES
Dios nos llama a seguir el ejemplo de la iglesia primitiva para llegar al mundo de nuestra generación con el mensaje del amor y del pronto regreso de Cristo. Repasemos la estrategia de los primeros cristianos y veamos después cómo se aplica a nuestros días.
Una iglesia ejemplar
Jesús ya se había despedido de su iglesia. Les dejó el imperativo de hacer discípulos y la promesa de su compañía hasta la consumación de los siglos (Mat. 28: 19-20). Cerca de 120 personas estaban reunidas en Jerusalén, esperando el bautismo del Espíritu Santo, tal como había dicho el Señor Jesucristo (Hech. 1: 4-5). Todos perseveraban unánimes en oración y súplica por la venida del Consolador.
El Espíritu Santo escogió la fiesta del Pentecostés para conceder a la iglesia una dotación especial de poder. Eligió un momento estratégico: un tiempo festivo, cuando Jerusalén estaba llena de visitantes. Ellos oyeron la Palabra de Dios y volvieron a sus casas propagando el mensaje. Esto nos indica que Dios no trabaja sin una estrategia.
Ahora bien, ¿qué habilitó a los discípulos para recibir la primera lluvia, la lluvia temprana, del Espíritu Santo?
- Perseveraban unánimes en oración (Hech. 1: 14).
- Perseveraban en la doctrina (Hech. 2: 42).
- Tenían un espíritu de misión (Hech. 2: 41).
- Vivían en comunidad (Hech. 2: 42-46).
Estas siguen siendo las mismas razones para que los cristianos de hoy y la iglesia en general reciban una doble porción del Espíritu Santo. La lluvia tardía descenderá solamente sobre el pueblo remanente de Dios que esté unido en la oración, en la doctrina, en la misión y en las interrelaciones. Ninguno de estos factores es opcional para la manifestación grandiosa del poder de Dios. Cada cristiano necesita buscarlos individualmente, y la iglesia deberá hacerlo corporativamente.
Nuestro contexto social
Dios es un ser relacional, y su pueblo no puede ser diferente. La iglesia de Cristo debe ser una comunidad de amor, una iglesia que existe más allá de sus paredes. Así creó Dios al ser humano, con la necesidad inherente de relacionarse. Incluso en el más perfecto y puro ambiente del Edén, Dios manifestó: «No es bueno que el hombre esté solo» (Gén. 2: 18).
El contexto social en el que vivimos clama por relaciones. El hombre posmoderno lo cuestiona todo, pero carece de relaciones auténticas. La prueba es el constante crecimiento de las redes sociales, donde las personas están conectadas, aunque sea de manera superficial y sin compromiso.
La importancia de los Grupos Pequeños
No necesitamos vivir en comunidad solo por el contexto social y eclesiástico. Cuanto más nos acercamos al tiempo del fin, más necesitamos esa experiencia. La historia nos muestra que, en los momentos de crisis, Dios usó el poder de la vida en comunidad para resguardar a su pueblo y exaltar la verdad.
Llegará un momento en que la iglesia institucional no existirá. Quedará únicamente una iglesia sin paredes, unida por el amor a Cristo. La iglesia permanecerá hasta el fin, porque la comunidad de los santos, con un mismo propósito, estará dispersa en diferentes grupos y lugares para adorar a Dios. Así podrá enfrentar la oposición y la persecución, y testificar acerca de su liberación.
Vivir en comunidad hoy, probar la experiencia de los pequeños grupos, es la alternativa de Dios para que estemos preparados para vivir estos últimos momentos.
Para reflexionar: «Únicamente los que estén recibiendo constantemente nueva provisión de gracia, tendrán una fuerza proporcional a su necesidad diaria y a su capacidad de emplearla. En vez de esperar algún tiempo futuro en que, mediante el otorgamiento de un poder espiritual especial, sean milagrosamente hechos idóneos para ganar almas, se entregan diariamente a Dios, para que los haga vasos dignos de ser empleados por él. Diariamente están aprovechando las oportunidades de servir que están a su alcance. Diariamente están testificando por el Maestro dondequiera que estén, ora sea en alguna humilde esfera de trabajo o en el hogar, o en un ramo público de utilidad» (Elena G. de White, Los hechos de los apóstoles, p. 45).
Desafío para hoy: ¿Ya has participado en un Grupo Pequeño? Es especial reunirse una vez por semana para abrir la Palabra de Dios, orar unos por otros y animarnos en la fe. Considera hoy unirte a un Grupo Pequeño o iniciar uno en tu propio hogar.


