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LECCIÓN 10 PARA EL 5 DE SEPTIEMBRE DE 2026: EL MINISTERIO CRISTIANO AUTÉNTICO

¿Quién ha dicho que la vida del pastor es cómoda? Los ministros del evangelio llevan sobre sí una gran responsabilidad, y sus esfuerzos no están exentos de peligros.

El amor por las almas que perecen, y el tierno cuidado que deben proporcionar para mantener y edificar a aquellos que ya han aceptado el evangelio, es lo que distingue a los verdaderos ministros de los lobos rapaces.

Cuando la iglesia colabora con sus ministros, y hace cambios decididos en su estilo de vida, se convierte en un elemento reconciliador que imparte a todos consuelo y alegría.

A. EL TRABAJO DEL PASTOR

Ministros competentes.

  • Hay cosas que no cambian mucho con el tiempo. Las cartas de recomendación siguen abriendo puertas hoy como lo hacían en el siglo I. ¿Necesitaba Pablo una carta de recomendación para ser aceptado por la iglesia de Corinto? (2 Co. 3:1)
  • Poseía la mejor carta de recomendación existente: los propios corintios (2 Co. 3:2). Sus corazones habían sido transformados por la gracia de Dios, a través de la predicación del apóstol y sus colaboradores (2 Co. 3:3).
  • Pablo y sus ayudantes eran «ministros competentes de un nuevo pacto» (2 Co. 3:6). Un pacto glorioso, escrito por el Espíritu en el corazón para vida eterna.
  • Pero algunos seguían otro pacto, el de la salvación por las obras de la Ley escrita en piedra, que les impedía percibir la gloria de la gracia (2 Co. 3:7-9).

Los riesgos del ministerio.

  • Pablo comprendía y padecía los riesgos del ministerio. Pero sabía que estos riesgos valían la pena, y los soportaba por amor a las personas a las que daba la oportunidad de alcanzar la salvación (2 Co. 4:15). Además, tenía la seguridad de la ayuda divina (2 Co. 4:7-9): estamos atribulados, en apuros, perseguidos, derribados; pero no angustiados, no desesperados, no desamparados, no destruidos.
  • El evangelio es predicado por medio de seres humanos frágiles, a fin de que la gloria sea solo para Dios.
  • Los padecimientos son una «leve tribulación momentánea» comparada con el «excelente y eterno peso de gloria» que obtendremos el día de la resurrección (2 Co. 4:14-18).

B. LOS DEBERES DE LOS MIEMBROS

Embajadores de la reconciliación.

El motor que debe regir la vida de la iglesia, y de cada miembro, es este: «el amor de Cristo nos obliga» (2 Co. 5:14 NVI). ¿En qué consiste este amor y a qué nos obliga?

  1. Cristo dio su vida por amor. Esto nos obliga a vivir para Él (2 Co. 5:14-15).
  2. Cristo nos ha hecho nuevas criaturas. Esto nos obliga a dejar la vida antigua (2 Co. 5:17).
  3. Cristo nos ha reconciliado con Dios. Esto nos obliga a ser embajadores de la reconciliación (2 Co. 5:18-20).

El amor de Cristo nos lleva, pues, a un cambio radical de vida. Vivir el amor de Cristo nos lleva también a compartir con otros ese amor, rogándoles que acepten el mensaje de esperanza: «reconciliaos con Dios» (2 Co. 5:20).

El llamado a la santidad.

El llamado a la santidad afecta a la vida cotidiana tanto de los ministros como de los miembros:

  1. Soportar las dificultades (2 Co. 6:4-5).
  2. Tener el fruto del Espíritu (2 Co. 6:6).
  3. Ser veraces y justos (2 Co. 6:7).
  4. Mantenernos firmes ante cualquier circunstancia (2 Co. 6:8-10).
  5. Abrir nuestro corazón a los demás (2 Co. 6:11-13 NVI).
  6. Separarnos de la influencia dañina de los incrédulos (2 Co. 6:14-15).

Combinando diversos pasajes del Antiguo Testamento, Pablo resume el llamado a la santidad y sus consecuencias (2 Co. 6:16-18): el llamado es salir de los lugares de pecado, apartarse de los pecadores y no tocar lo inmundo; la consecuencia es que Dios habitará con nosotros, será nuestro Dios, seremos su pueblo, nos recibirá y será nuestro Padre.

C. EL RESULTADO DEL TRABAJO UNIDO

Consuelo y alegría.

A pesar de los problemas a los que se enfrentaba, Pablo estaba exultante de gozo (2 Co. 7:4). ¿Qué provocaba esta alegría?

Pablo había escrito una dura carta a los corintios, que les había entristecido (2 Co. 7:8). Pero esa tristeza los llevó al arrepentimiento (2 Co. 7:9-10). Esto produjo en ellos un cambio completo respecto a su relación con Pablo, y entre ellos mismos (2 Co. 7:11-12).

De este modo, hubo consuelo para todos. Tito, el compañero de Pablo, fue consolado (2 Co. 7:7). Pablo fue consolado por la llegada de Tito (2 Co. 7:6). Los corintios habían sido consolados, lo cual repercutió también en consuelo para Pablo (2 Co. 7:13).

Pero ningún mérito se atribuyó Pablo. Si pastores y miembros pueden disfrutar de alegría y consuelo, es porque Dios «consuela a los humildes» (2 Co. 7:6a).

«Ministerio significa servicio, y a este ministerio somos llamados. Deshonra a Dios el que alguno escoja una vida de satisfacción propia. Mis hermanos y hermanas, ¿comprenden ustedes que cada año miles de almas están pereciendo, muriendo en sus pecados porque la luz de la verdad no alumbró su senda?… Hay una gran obra que hacer en nuestro mundo. Los hombres y las mujeres han de ser convertidos, no por el don de lenguas ni por la operación de milagros, sino por la predicación de Cristo crucificado. ¿Por qué demorar el esfuerzo por mejorar el mundo?» Elena G. White, Reflejemos a Jesús, 30 de agosto.

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