Lección 2 para el 10 de octubre de 2026: El llamado de un profeta.
Alrededor de 1.900 años separan a Abraham (el primer profeta del Antiguo Testamento) de Juan el Bautista (el primer profeta del Nuevo Testamento).
Así, el primero anunció el pacto a través de la “simiente”. En cambio, el segundo anunció la llegada de la “simiente” (Jesús), que cumpliría el pacto prometido.
Mientras tanto, otros profetas recibieron el llamado para restaurar la comunión del pueblo con Dios y para mantener la expectativa mesiánica. Incluso algunos anunciaron el momento exacto de la llegada del Mesías.
Entonces, ¿cómo eligió Dios a estos profetas? ¿Cómo respondieron ellos al llamado de un profeta?
A. ABRAHAM: EL PROFETA DEL PACTO
- Abraham es la primera persona a quien la Biblia llama “profeta” (Gn. 20:7). Además, Dios lo llamó directamente y le pidió que abandonase la idolatría e inmoralidad que le rodeaba para ir a un lugar desconocido (Gn. 12:1).
- Junto al llamamiento, Dios añadió varias promesas. Así, Abraham tendría la bendición de Dios, crecería en grandeza y, a través de él, la bendición llegaría a “todas las familias de la tierra” (Gn. 12:2-3).
- Entonces, ¿cómo respondió al llamado?
“Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba.” (Hebreos 11:8)
- Por otra parte, Dios no llamó a Abraham para anunciar una catástrofe inminente. Más bien, lo llamó para dar a conocer al Dios verdadero y para revelar la promesa de la salvación por medio del Mesías.
- Durante su estancia en Canaán, Abraham (cuyo nombre original era Abram) tuvo varios encuentros con Dios. Como resultado, recibió diversos mensajes:
- En Siquem, Dios le prometió que su descendencia heredaría la tierra de Canaán (Gn. 12:6-7).
- En Bet-el, Dios renovó su pacto y le dijo que su descendencia sería “como el polvo de la tierra” (Gn. 13:14-18).
- En Mamré, Dios le aseguró que su descendencia sería como las estrellas. Entonces Abram creyó a Jehová, y Dios se lo contó por justicia (Gn. 15:1-6).
- Además, en ese mismo momento Dios hizo pacto con Abram, pasando por en medio de los sacrificios (Gn. 15:7-21).
- Después, Dios les cambió el nombre a él y a Sara, y le aseguró que su descendiente sería hijo de Sara (Gn. 17:1-8, 15-16).
- Más tarde, Dios se apareció físicamente a Abraham, junto con dos ángeles, y le anunció el nacimiento de Isaac (Gn. 18:1-2, 10).
- Finalmente, Dios pidió a Abraham que sacrificara a su hijo Isaac. Al proveer un sacrificio sustitutorio, Dios le mostró el gran plan de redención (Gn. 22:1-3, 9-13).
B. ELÍAS: EL PROFETA DE LA RESTAURACIÓN
- En aquel tiempo, Acab y Jezabel habían llevado a Israel a una grave apostasía. Solo unos pocos servían a Dios, mientras el resto adoraba a Baal, a Asera y a otros dioses. Por eso, Dios llamó al profeta Elías para restaurar su relación con el pueblo elegido (1R. 17:1).
- Tras varios años de sequía, Elías citó a Israel en el monte Carmelo para animarlos a regresar a Dios (1R. 18:21). Sin embargo, el pueblo no reaccionó. Por lo tanto, hizo falta un milagro para que reconocieran al Dios verdadero (1R. 18:30-39).
- Además, Dios volverá a proclamar con poder el mensaje de Elías –abandonar la idolatría y volverse a Dios– antes de la Segunda Venida. Su objetivo principal: restaurar el altar familiar (Mal. 4:5-6).
- Así, a través de la familia, Dios restaurará la adoración de la iglesia, las comunidades y los países. Entonces, ¿quién realizará esta obra? Tú y yo somos el Elías que necesita la sociedad actual.
C. ISAÍAS: EL PROFETA MESIÁNICO
- En primer lugar, Dios llamó a Isaías para que pidiera al pueblo que reconociese su pecado y aceptase el perdón divino (Is. 1:18).
- Cuando murió el rey Uzías, Isaías recibió una impresionante visión que recordaría durante todo su ministerio. En ella, Dios estaba en su santo Templo y, mientras los quiciales temblaban, el corazón del profeta temblaba por su propia indignidad (Is. 6:1-5).
- Después de recibir el perdón, Isaías estaba en disposición de proclamar sin miedo el mensaje de Dios: “Heme aquí, envíame a mí” (Is. 6:6-8).
- Además, su largo ministerio no solo incluyó el llamamiento al arrepentimiento, sino que anunció especialmente la obra de Jesús, el Mesías.
- Por eso, muchos llaman al libro de Isaías “el proto-evangelio”, es decir, el Evangelio antes del Evangelio.
- Por ejemplo, el capítulo 53 de Isaías explica con gran detalle el plan de redención que Jesús llevó a cabo:
- Primero, su atractivo no era físico, sino espiritual (v. 2).
- Luego, la gente lo menospreció, lo quebrantó y lo rechazó (v. 3).
- Aunque sanó a multitudes, no lo aceptaron (v. 4).
- Sin embargo, por su muerte en la cruz nos proporciona salvación (v. 5).
- Además, Dios puso sobre él todos nuestros pecados (v. 6).
- Por su parte, él no se defendió ante sus acusadores (v. 7).
- Después, lo juzgaron y lo condenaron a muerte (v. 8).
- Finalmente, lo sepultaron con los ricos (v. 9a), aunque nunca pecó (v. 9b).
- Más tarde, resucitó tras su muerte expiatoria (v. 10).
- Un día vivirá con aquellos a los que ha redimido (v. 11).
- Mientras tanto, intercede por nosotros (v. 12).
D. DANIEL: EL PROFETA DEL FUTURO
- Desde el principio, Daniel destacó por su fidelidad. Fue fiel en su alimentación (Dn. 1:8), al dar la gloria a Dios (Dn. 2:27-30), al predecir el mal a Nabucodonosor (Dn. 4:19), al declarar el pecado de Belsasar (Dn. 5:22-23) y en su vida de oración (Dn. 6:10).
- Además del mensaje que dio con su propia vida, Dios lo llamó a anunciar el auge y el declive de los grandes imperios mundiales: Babilonia, Persia, Grecia, Roma y Europa (Dn. 2, 7-12).
- Asimismo, entremezclados con las profecías de los imperios, Daniel anunció el Juicio (Dn. 7:9-10) y el momento exacto de la primera venida de Jesús (Dn. 9:24-27).
- Por eso, sus profecías nos ayudan hoy a proclamar el cumplimiento de la parte que aún falta: la llegada del Reino de Dios (Dn. 2:44; 7:27).
E. JUAN EL BAUTISTA: EL PROFETA PRECURSOR
- Al igual que a otros profetas –como Samuel o Jeremías–, Dios apartó a Juan desde antes de nacer. Así, lo llamó para hacer la obra de Elías, como precursor del Mesías (Lc. 1:13-17).
- Su vida austera, y su convicción al declarar el pecado y al llamar con urgencia al arrepentimiento, llevó a muchos a bautizarse (Mr. 1:4-6). Sin embargo, el diablo solo pudo contrarrestar débilmente ese hito en Israel, y causó la muerte del profeta (Lc. 9:9).
- Por lo tanto, la obra de Juan (que es la de Elías también) es ahora nuestra obra. En consecuencia, Dios nos llama a preparar la venida de Jesús anunciando a todos el evangelio del arrepentimiento y la salvación a través de la muerte expiatoria de Jesús.
No es un camino de rosas. En efecto, Dios exige fidelidad, convicción y entrega. Aunque no garantiza la seguridad, sí garantiza la vida eterna (la nuestra, y la de aquellos que acepten hoy el mensaje).
PARA MEDITAR
“Para la iglesia de Dios, que custodia su viña en la tierra hoy, resultan de un valor especial los mensajes de consejo y admonición dados por los profetas que presentaron claramente el propósito eterno del Señor en favor de la humanidad. En las enseñanzas de los profetas, el amor de Dios hacia la raza perdida y el plan que trazó para salvarla quedan claramente revelados. […] Y hoy el mensaje de Dios a su iglesia, a aquellos que se ocupan en su viña como fieles labradores, no es otro que el dado por el profeta antiguo: ‘En aquel día cantad acerca de la viña del vino rojo. Yo Jehová la guardo, cada momento la regaré; la guardaré de noche y de día, para que nadie la dañe’ (Isaías 27:2-3).”
Elena G. White, Profetas y reyes, p. 15.
ANEXO: EL LLAMADO PROFÉTICO DE ELENA G. WHITE
Elena Gould Harmon recibió su primera visión en diciembre de 1844, cuando tenía 17 años.
Antes, Guillermo Miller había interpretado la profecía de Daniel 8:14 como el anuncio del regreso de Jesús en 1843. Después, sus seguidores fijaron la fecha del 22 de octubre de 1844. Sin embargo, Jesús no vino.
En ese contexto, Dios mostró a Elena un camino que iba desde esta tierra hasta la Jerusalén celestial, con los creyentes adventistas que se dirigían hacia la Ciudad Santa guiados por Jesús. Si su vista permanecía fija en Jesús, avanzaban por el camino. En cambio, si apartaban su vista, caían de él.
Con esta visión, Dios daba seguridad a los creyentes de estar en el camino correcto. Aunque al comienzo pocos creyeron a Elena, con el tiempo la iglesia la aceptó como profeta. Desde entonces, sus mensajes animaron y guiaron al pueblo adventista, y hoy siguen haciéndolo.


