DÍA 36: EL ESTUDIO DIRIGIDO DE LA PALABRA
El estudio dirigido de la Palabra de Dios solo es posible cuando el ser humano abre espacio para la actuación directa e incondicional del Espíritu Santo. Aquel que nos dio la Palabra es el mismo que nos da el discernimiento para comprender la voluntad de Dios para cada día, en la primera hora de cada mañana.
Para conocer la verdad
El Salvador profetizó que únicamente por medio del Espíritu Santo conoceríamos toda la verdad: «Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad, porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oiga y os hará saber las cosas que habrán de venir» (Juan 16: 13).
«Mediante las Escrituras el Espíritu Santo habla a la mente, e imprime la verdad en el corazón. De este modo expone el error y lo expulsa del creyente. Por el Espíritu de verdad, obrando por intermedio de la Palabra de Dios, Cristo une a los suyos a sí mismo» (Elena G. de White, Recibiréis poder, p. 15).
Para maravillarnos
En la primera hora de la mañana, cuando abrimos la Palabra de Dios, se produce un encuentro entre un ser carnal o natural y otro ser espiritual. La Biblia dice: «Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura; y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente» (1 Cor. 2: 14).
Sin oración no es posible comprender las cosas de Dios, y mucho menos maravillarse con ellas. Para descubrir el poder y el encanto que hay en la Biblia, debemos estudiarla con oración. Esa fue la experiencia del salmista: «Abre mis ojos y miraré las maravillas de tu Ley» (Sal. 119: 18).
Para suplir nuestras necesidades
La Biblia es la expresa voluntad de Dios, que llegó a nosotros por medio del Espíritu Santo. Siendo Dios, él sabe cuál es nuestra necesidad espiritual diaria y nos guía a aquel que puede satisfacerla completamente.
«Los representantes de Cristo estarán en comunión diaria con él; sus palabras serán cuidadosamente elegidas; su habla sazonada con gracia; sus corazones llenos de amor; sus esfuerzos serán sinceros, fervientes, perseverantes, a fin de salvar almas por las que Cristo murió» (Elena G. de White, Hijas de Dios, p. 84).
Para reflexionar: «La obra del Espíritu Santo consiste en alumbrar el intelecto entenebrecido, ablandar el corazón pétreo, egoísta, subyugar al rebelde transgresor, y salvarlo de las influencias corruptoras del mundo» (Elena G. de White, Obreros evangélicos, p. 171).
Desafío para hoy: Antes de abrir la Biblia hoy, pídele al Espíritu Santo que impresione en tu mente qué texto bíblico estudiar. Él conoce tus necesidades mejor que tú mismo. Pídele que te prepare para tener un día de victorias con él.


