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DÍA 29: DESAFÍOS DIARIOS

Es probable que tengas claro cuáles son los desafíos diarios que hemos propuesto para estos 40 días. Sin embargo, quizá te sea útil recordar que siguen un orden claro, porque responden a un proceso que Dios quiere obrar en nosotros.

Conságrate a Dios por la mañana

El primer paso es buscar a Dios por la mañana, para ser creyentes vivos por la comunión diaria y activos por el cumplimiento de la misión. Hablar de comunión no hace referencia a una teoría rutinaria, tediosa, penitencial e inerte. Al contrario, es un principio vivo que moldea y dirige la vida del creyente como un todo. Nuestro momento diario de consagración debe ser el que más anhelamos, y debe marcar una diferencia en nuestros días.

Contempla a Cristo

En ese momento diario de comunión, mira directamente hacia Jesús. Fija tus ojos en la belleza de su carácter, de su amor y de su misericordia. Pierde de vista tu propio yo y todo lo que te impide acercarte lo más posible al Salvador. Siente el toque curador y transformador de sus manos. Ese momento de contemplación te transformará durante todo el día.

Recibe fe y poder para vencer

Además de entregarle tu corazón a Dios y contemplar a Cristo, deja a los pies del Salvador tu falta de fe, tu egoísmo, tu frialdad espiritual, tu indiferencia en el cumplimiento de la misión y tu falta de amor. Confía en que los brillantes rayos del sol de justicia derretirán esas deficiencias. Él conoce tu corazón y nada se escapa de sus ojos. Pero tú y yo necesitamos reconocer nuestra debilidad y pedirle fe y poder para vencer hoy.

Lucha por mantener el hábito de la comunión

Cada día, el diablo intentará por todos los medios que se quiebre el hábito. Él sabe que, cuando se fracasa en la comunión, ciertamente se fracasará en todos los aspectos de la vida. No importa lo que tengas que enfrentar: la búsqueda de Dios en la primera hora de cada mañana tiene que ser la prioridad. El camino hacia una vida de libertad requiere que incorporemos la Palabra de Dios como hábito.

Estudia la Palabra bajo la guía del Espíritu Santo

Leer la Biblia después de pedir en oración la dirección del Espíritu Santo lo cambia todo. Medita en la experiencia de Elena G. de White al practicarlo:

«Sé que en mi experiencia de todos los días está presente el Espíritu Santo cuando leo su Palabra para implantar la verdad en mi corazón, para que pueda manifestarla a los demás mediante mi vida y mi carácter. El Espíritu de Dios extrae la verdad de las páginas sagradas, donde él mismo las ha colocado, y la estampa en el alma. ¡Qué santa alegría, qué consuelo pueden llegar a ser nuestros para impartirlos a los demás!» (Elena G. de White, Cada día con Dios, p. 344).

Permanece en la presencia de Cristo

Después de nuestro momento matutino de comunión con Dios, el desafío es permanecer a lo largo del día en la presencia de Cristo, siguiendo el consejo bíblico: «Orad sin cesar» (1 Tes. 5: 17). Y también: «Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queráis y os será hecho» (Juan 15: 7).

Busca el poder del Espíritu Santo

Dios nos ha prometido el poder del Espíritu Santo, y podemos confiar en sus promesas: «Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?» (Luc. 11: 13).

«La promesa del Espíritu Santo no se limita a ninguna edad ni raza. Cristo declaró que la influencia divina de su Espíritu estaría con sus seguidores hasta el fin. Desde el día de Pentecostés hasta ahora, el Consolador ha sido enviado a todos los que se han entregado plenamente al Señor y a su servicio. A todo el que ha aceptado a Cristo como Salvador personal, el Espíritu Santo ha venido como consejero, santificador, guía y testigo» (Elena G. de White, Los hechos de los apóstoles, p. 40).

Para reflexionar: «El Espíritu Santo obra en aquellos que quieren ser labrados, amolda a aquellos que quieren ser amoldados. Dad a vuestra propia mente la cultura de pensamientos espirituales y de santas comuniones. Apenas si habéis visto los primeros rayos del alba de su gloria» (Elena G. de White, Obreros evangélicos, p. 290).

Desafío para hoy: Reflexiona sobre los desafíos que hemos desarrollado hoy. ¿Cuál de estos aspectos te resulta más difícil de llevar a la práctica? Ora hoy pidiéndole a Dios fuerzas y dirección para mejorar en ese aspecto en particular.

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