DÍA 15: DEPENDENCIA DIARIA
La habitual dependencia diaria de Dios es el fundamento de la fidelidad y del éxito en la vida. Ese sentimiento estimula el deseo de orar y leer la Biblia. El esfuerzo por la guía divina resulta, además, en un conocimiento creciente del poder de Dios, y eso afecta la vida en todos los aspectos.
Intimidad con Dios
Así como nuestros padres nos enseñaban nuevas cosas de acuerdo con nuestro desarrollo físico y emocional, así también hace Dios con nosotros cada día. De la misma forma en que crecemos como niños a los pies de nuestros padres, en un ambiente de respeto e intimidad, también debemos crecer en la primera hora de cada mañana. Es en ese momento de intimidad que el Cielo y la Tierra se encuentran, lo Infinito y lo finito se comunican. Padres e hijos se unen e intercambian los más íntimos secretos de familia.
Esa fue, en definitiva, la manera en que Dios, el Padre, educó a Jesús para el cumplimiento de la misión. Aunque a los doce años ya tuviese tanto conocimiento como los doctores de su época, Jesús todavía se relacionaba con el Padre como un niño.
Dios es nuestro guía
Solamente Dios conoce el fin desde el principio. Así, él puede guiar nuestra vida con seguridad.
¿Cómo guio Dios a su pueblo en el desierto? La Palabra de Dios dice, en Éxodo 13:21-22: «Jehová iba delante de ellos, de día en una columna de nube para guiarlos por el camino, y de noche en una columna de fuego para alumbrarlos, a fin de que anduvieran de día y de noche. Nunca se apartó del pueblo la columna de nube durante el día, ni la columna de fuego durante la noche». Esa columna es Cristo, el guía de su pueblo. Él estuvo, está y siempre estará con su pueblo.
Así como los hijos de Israel dependían cada día de la dirección de la columna de nube y de fuego, de la misma manera nosotros, hoy, dependemos de la orientación de la Palabra. Ese es el compromiso más importante del día: está en juego nuestro destino eterno.
El camino a la dependencia
No es suficiente frecuentar la iglesia y oír sermones. Es necesario, además, algo más: la adoración colectiva solo logra su objetivo cuando es precedida por la devoción personal habitual. El gran desafío que tenemos es desarrollar el hábito de depender diariamente de Dios. En la primera hora de cada mañana, antes de cualquier actividad, debemos poner a Dios en primer lugar.
El camino para una vida de completa dependencia del Padre presupone que nos transformemos en íntimos de él, que lo invitemos a nuestra casa, a nuestro trabajo. Y, más que eso, que lo invitemos a que haga morada permanente en nuestro corazón.
Debemos respetar, por tanto, la orientación que Dios provee por medio de su Palabra, demostrando, a través de nuestro estilo de vida, quién está al control de nuestra vida. Independientemente de cualquier situación o circunstancia, Dios deberá siempre ser el primero y el mejor en la vida de cada uno de nosotros.
Para reflexionar: «Necesitamos educar y preparar la mente para que tengamos una fe inteligente y una amistad comprensiva con Jesús. A menos que continuamente mantengamos amistad entre Dios y nuestra alma, nos separaremos de él y marcharemos aparte de él. […] No debemos permitir que la frialdad resfríe nuestro amor por nuestro Redentor. Si hemos de tener comunión con él, siempre debemos tenerlo frente a nosotros, y tratarlo como un Amigo honorable, dándole el primer lugar en nuestros afectos» (Elena G. de White, Hijos e hijas de Dios, p. 29).
Desafío para hoy: Haz una lista de las cualidades de un buen amigo. Luego, reflexiona si estás siendo un buen amigo de Dios. ¿Qué puedes hacer hoy mismo para ser un mejor amigo de Dios?


