En las Santas Escrituras, los niños deben ser protegidos y valorados porque fueron creados a Su imagen, murió también por ellos y son preciosos a los ojos de Dios.
Al abrir la Biblia y preguntar qué dice sobre los niños, vale recordar que la idea de infancia cambió a lo largo de la historia. Lo que hoy asociamos como infancia (afecto, protección, escuela, juegos y derechos) no siempre existió de la misma forma. En muchas culturas, los niños fueron tratados como «adultos en miniatura», con poca voz y muchas exigencias.
En varios países, la infancia estuvo marcada, muchas veces, por explotación, maltratos, abuso y violencia, reforzando una visión utilitaria del niño como mano de obra precoz. Y eso no es cosa del pasado: en tiempos de crisis, el trabajo infantil tiende a crecer, y UNICEF (Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia) alerta que el escenario ha empeorado desde 2020. Para muchos, la infancia ideal aún es un privilegio.
Teniendo en cuenta este contexto, el mensaje bíblico gana fuerza y necesidad. Al hablar de los niños, las Sagradas Escrituras sustentan dos verdades al mismo tiempo: vulnerabilidad y amor.
La infancia en el Antiguo Testamento
En el Antiguo Testamento, los hijos e hijas aparecen como bendición y esperanza. Las promesas hechas a Abraham y a los patriarcas colocan a la descendencia en el centro del futuro del pueblo (Génesis 12:2, 3) y los Salmos celebran los hijos como regalo de Dios (Salmo 113:9; 127:3-5; 128:3, 4).
El nacimiento es descrito con alegría y significado y la elección del nombre conecta esa vida a la experiencia de fe de la familia. La Biblia también registra el cuidado cotidiano: el amamantamiento prolongado, el destete celebrado y la imagen del niño tranquilo en el regazo materno como metáfora del cuidado de Dios (Génesis 21:7, 8; 1 Samuel 1:24; 2 Crónicas 31:16; Salmo 131:2; Isaías 66:11, 12).
Además, los niños no eran accesorios de la vida religiosa, sino que eran parte de la comunidad del pacto, presentes en fiestas y en las promesas proféticas de restauración (Éxodo 10:9; Joel 2:28).
Pero el texto bíblico no romantiza la realidad. Los niños aparecen como víctimas de guerras, hambrunas, deportaciones, violencia, cautiverio y esclavitud. Y, en este escenario, los huérfanos surgen como los más expuestos. Por eso, muchas veces, aparecen al lado de las viudas y extranjeros, grupos fácilmente explotados. El mensaje es directo: Oprimir a los vulnerables es una injusticia grave y Dios no es indiferente.
Una persona, desde el vientre
De allí viene uno de los retratos más fuertes de la Biblia: Dios se presenta como «Padre de huérfanos» (Salmo 68:5) y Defensor de quien no tiene voz (Salmo 10:14). Él denuncia a las sociedades que oprimen a los débiles y llama a su pueblo a una justicia práctica. La fe sin compromiso con el cuidado se convierte en religiosidad vacía; proteger a los pequeños es parte de lo que significa vivir el pacto.
Otro punto decisivo: en la lógica bíblica, el niño es tratado como una persona completa, con identidad e historia ante Dios, incluso en el vientre. El lenguaje bíblico sugiere continuidad entre el bebé no nacido y el adulto en el que se convertirá. Los textos como el Salmo 139 describen la formación en el vientre con intimidad, propósito y dignidad, al mismo tiempo que la Biblia reconoce la realidad moral del pecado y el cuidado divino desde los primeros días.
La infancia en el Nuevo Testamento
En el Nuevo Testamento, eso contrasta con el mundo grecorromano, donde el abandono de bebés, infanticidio y explotación eran tolerados. En este ambiente, Jesús actúa de un modo revolucionario: llama a los niños a acercarse a él, los recibe, los bendice y dice «dejen que vengan» y los coloca como modelo de confianza y humildad. Y alerta sobre la seriedad contra quien les hace mal. La iglesia primitiva sigue esa dirección: en vez de tratar a los niños como propiedad, habla de responsabilidad, cuidado y formación. Las cartas a los efesios y colosenses muestran a los niños oyendo las cartas junto con los adultos, como parte real de la comunidad.
Todo eso dice mucho a la iglesia de hoy. Los niños tienen valor intrínseco: no valen porque «van a ser adultos útiles», sino porque son personas creadas a imagen de Dios, blanco del cuidado del Señor. Entonces surgen preguntas inevitables: ¿nuestras iglesias son seguras para los niños? ¿Tienen espacio real, o solo están «ocupados»? Y cuando están en riesgo, ¿la comunidad se vuelve una familia?
Si hay un precedente moral claro, es este: proteger a los vulnerables no es opcional. Los niños son frágiles, y son preciosos. Una iglesia que sigue al Señor aprende a tratarlos como él los trata: con cuidado, valor y protección.
Autor: Vinicius Cardoso von Mengden, profesor de Teología y coordinador del posgrado del SALT-FAP (Facultad Adventista de Paraná).
Imagen: Shutterstock
Publicación original: Conozca el valor que la Biblia da a los niños
Referencias:
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