La iglesia adventista de Elche Raval vivió un fin de semana especialmente significativo los días 12 y 13 de junio de 2026, marcado por la comunión fraternal, el crecimiento espiritual y la alegría de una nueva vida entregada a Cristo.
La visita del director de Jóvenes de la Unión Adventista Española, el pastor Diego Angulo, acompañado de su esposa, Daniela, tuvo un carácter muy especial. Para ambos, regresar a la iglesia de Elche Raval significó volver a una congregación donde sirvieron durante años y donde forjaron amistades que el tiempo ha convertido en verdaderos lazos eternos de fe y cariño.
Junto al pastor Narcis Dragomir, organizaron para la tarde del viernes un encuentro de jóvenes de la zona de Levante Sur. Decenas de jóvenes participaron en una programación llena de significado, disfrutando de momentos de estudio bíblico, comunión, juegos, cantos, reflexiones, risas y oración personal. La jornada culminó, además, compartiendo una comida fraternal que fortaleció aún más los vínculos entre los asistentes.
UN BAUTISMO QUE LLENÓ DE EMOCIÓN LA JORNADA
La alegría continuó durante el sábado 13 de junio. Además de los cultos de adoración en los que la iglesia elevó alabanzas a Dios, la congregación tuvo el privilegio de celebrar el bautismo de uno de sus jóvenes, Alfredo Dudas. Fue un momento profundamente emotivo que recordó a todos los presentes el poder transformador del evangelio y la fidelidad de Dios en la vida de quienes responden a su llamado.
Durante su mensaje, el pastor Diego Angulo destacó la importancia de la siembra y la cosecha en la experiencia cristiana. Sin embargo, subrayó especialmente una realidad fundamental: el crecimiento espiritual es una obra que Dios realiza mediante el Espíritu Santo en el corazón de cada creyente. Asimismo, recordó que la familia y la iglesia tienen la hermosa responsabilidad de acompañar, apoyar y cuidar a cada persona en su proceso de desarrollo y maduración en Cristo.
Este fin de semana dejó en la iglesia de Elche Raval un renovado sentimiento de gratitud y esperanza. El reencuentro con amigos queridos, la unidad entre los jóvenes de la región y la celebración del bautismo de Alfredo fueron evidencias visibles de que Dios continúa obrando en su pueblo, haciendo crecer la semilla del evangelio y produciendo frutos para su gloria.
«Las plantas y las flores no crecen por su propio cuidado, solicitud o esfuerzo, sino porque reciben lo que Dios proporcionó para favorecer su vida… Ni vosotros podréis por vuestra solicitud o esfuerzo conseguir el crecimiento espiritual.»





