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Miles no conocen verdaderamente a Jesús. Los llamamos «ovejas perdidas», pero ni siquiera saben que están perdidos. ¿Y cómo sabrán que necesitan a Jesús si nadie se lo explica? Dios «quiere que todos sean salvos y lleguen a conocer la verdad» (1Tim. 2:4). Por ello, ha elegido alcanzarlos a través de nosotros. Esta es nuestra gran comisión.

A. ¿QUÉ DEBEMOS COMPARTIR?

«Id… a todas las naciones» fue la orden que Jesús dio tras su resurrección (Mt. 28:18-19). El mandato es claro: contactar con las personas, bautizarlas y enseñarles a ser discípulos. Esos discípulos enseñaron a otros… y así durante dos mil años hasta nuestros días. Ahora somos nosotros quienes recibimos esa orden.

Como Pedro y Juan, «no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído» (Hch. 4:20). Podemos hacerlo desde un púlpito, en las redes sociales o simplemente compartiendo nuestro propio testimonio. Todos estamos involucrados.

B. ¿CÓMO PODEMOS COMPARTIR?

Imitando a Jesús. Lo que le motivó a buscar a las ovejas perdidas fue su amor (Mt. 9:36; Ef. 5:2). Dios nunca obligó a nadie: ni a Adán y Eva, ni a los antediluvianos, ni a los ninivitas. Les habló con amor y les mostró las consecuencias de sus caminos. De la misma manera, nosotros mostramos su amor e invitamos a otros a seguirle.

Cultivando la amistad. Todos recibimos la orden de prepararnos para compartir (1P. 3:15), y Dios promete darnos las palabras necesarias (Is. 50:4). He aquí siete pasos prácticos para compartir a Jesús con las personas que te rodean:

  1. Desarrolla una amistad genuina con las personas.
  2. Ora para que el Espíritu Santo obre en su corazón.
  3. Busca maneras naturales de compartir tus experiencias de fe o de ofrecer una oración por ellas.
  4. Ponles en contacto con otras personas de tu iglesia.
  5. Ora por sus necesidades y preguntas específicas.
  6. Muéstrale cómo la Biblia ofrece consuelo, consejo y orientación para la vida.
  7. Cuando llegue el momento, pregúntale si le gustaría estudiar la Biblia y ser bautizado.

C. ¿CÓMO RECUPERAR A LOS QUE SE FUERON?

Dios busca a sus hijos. Cuando el pueblo de Dios se dividió, Efraín abandonó a Dios. Sin embargo, Dios siguió considerándolo su hijo amado (Jer. 31:20). Incluso representó a Raquel llorando por sus hijos (Jer. 31:15). A quienes le sirvieron y luego le abandonaron, Dios los sigue llamando con amor, insistiéndoles en que vuelvan a Él. Tal vez algunos de nuestros propios hijos han abandonado la fe. Lejos de volverles la espalda, debemos seguir amándolos y hablándoles con bondad.

Nosotros buscamos al que se fue. Nuestro cónyuge, nuestro hijo, nuestra hija, nuestro amigo, nuestro vecino… Un día adoraban junto a nosotros. No somos llamados a juzgar sus razones ni a olvidarlos. Nuestro deber es ir a buscarlos. En primer lugar, orando. En segundo lugar, siendo un ejemplo de amor y bondad. El testimonio de tu vida puede cambiar radicalmente su futuro.

PARA MEDITAR

«Si trabajáis como Cristo quiere que sus discípulos trabajen y ganen almas para Él, sentiréis la necesidad de una experiencia más profunda […] vuestra fe se robustecerá; vuestra alma beberá en abundancia de la fuente de salvación. El encontrar oposición y pruebas os llevará a leer la Escritura y a orar. Creceréis en la gracia y en el conocimiento de Cristo y adquiriréis una rica experiencia.» Elena G. White, El camino a Cristo, p. 79-80.

Dios eligió alcanzar el mundo a través de nosotros. Cada conversación, cada amistad y cada oración puede ser el puente que alguien necesita para encontrar a Jesús.

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