¿Sabes cómo planificar actividades evangelísticas en tu iglesia local? ¿Quieres saber cómo enfocar a tu iglesia en la misión? ¿Cómo animarla y motivarla? ¿Cómo hacerla accesible? Te lo cuento todo en esta miniserie de «Integrados en la Misión».
Integrados en la Misión 4: Haciendo mi iglesia más accesible
Hacer la iglesia accesible significa reflejar el carácter de Cristo, quien nunca puso barreras para acercarse a las personas. Jesús no esperó que la gente viniera a Él; Él fue a su encuentro. Este principio es fundamental para una iglesia que desea cumplir su misión en un mundo diverso y herido. «La iglesia debe mostrarse como un refugio para los tentados, los errantes y los desalentados. Mientras haya corazones que necesitan el evangelio, la obra de la iglesia no está terminada». (Elena de White, Testimonios para la Iglesia, tomo 6, página 362)
Accesible, para TODOS
La accesibilidad comienza con una actitud del corazón. Lucas 15:1 (NVI) declara: «Se acercaban a Jesús todos los recaudadores de impuestos y los pecadores para oírlo». Las personas marginadas, rechazadas o ignoradas por la sociedad se sentían atraídas por Él, porque encontraban aceptación, dignidad y esperanza. Una iglesia accesible es aquella donde cualquier persona, sin importar su pasado, condición social o situación espiritual, se siente bienvenida.
Jesús también mostró que el reino de Dios es accesible para los niños. Cuando los discípulos intentaron apartarlos, Él respondió: «Dejad a los niños venir a mí» (Marcos 10:14). Esto nos recuerda que la iglesia debe crear espacios seguros, comprensibles y acogedores para todas las edades, donde cada persona pueda crecer y sentirse parte de la familia de Dios.
La accesibilidad incluye también a quienes viven con limitaciones físicas o capacidades especiales. Jesús tocó al leproso, considerado intocable por la sociedad (Marcos 1:40–45), rompiendo barreras religiosas, sociales y culturales. Hoy, la iglesia está llamada a derribar barreras arquitectónicas, comunicacionales y actitudinales: rampas para sillas de ruedas, espacios adecuados, atención a personas sordas o ciegas, lenguaje claro y actitudes de respeto y acompañamiento.
Nadie debe sentirse excluido del amor y la gracia de Dios
Elena de White afirma: «No importa cuán lejos haya ido el pecador en el camino del error, ni cuán profundamente haya caído, todavía puede hallar esperanza en Cristo». (Elena de White, El Camino a Cristo, p. 35). Esta declaración refuerza la idea de que nadie debe sentirse excluido del amor y la gracia de Dios. Sin embargo, ella también advierte que «Hay muchos que Dios desea traer a Su iglesia, pero no puede hacerlo, porque la iglesia no está preparada para recibirlos». (Elena de White, Evangelismo, página 370). Esta afirmación nos desafía a revisar nuestras estructuras, hábitos y actitudes.
Hacer la iglesia accesible implica prepararla espiritual, relacional y físicamente para recibir a todos. Cuando la iglesia se parece a Jesús, se convierte en un lugar donde cada persona puede acercarse sin temor y encontrar un hogar, un refugio espiritual.
Autor: Gabriel Díaz Rojas, director de MIPES (Ministerio Personal y Escuela Sabática), Evangelismo y Misión Global de la Iglesia Adventista del Séptimo Día en España.


