Vivimos en un mundo saturado de información. Cada día nos llegan noticias, mensajes de redes sociales, consejos de expertos, opiniones de influencers e incluso de familiares y amigos, todos diciéndonos qué hacer, cómo actuar y qué sentir.
Nos bombardean con expectativas:
«Debes ser productivo. Debes tener éxito. Debes ser feliz.»
Y en medio de tanto ruido, surge una pregunta crucial: ¿en quién podemos confiar realmente? La respuesta es sencilla y poderosa: Dios es nuestra roca firme, constante y fiel en cualquier tormenta.
Confiar en Dios: más que creer, es entregar
Confiar en Dios no significa ignorar la realidad ni evadir nuestras responsabilidades. Significa entregar nuestro corazón, nuestras acciones y preocupaciones a Él, sabiendo que tiene una perspectiva que nosotros no podemos ver.
Cuando aprendemos esto, desaparece la ansiedad por cumplir con estándares humanos. No tememos equivocarnos, porque nuestra confianza no depende de nuestras fuerzas, sino de Aquel que nunca falla.
Lección de Jairo: dos fases de la confianza
La historia de Jairo, en Marcos 5:21-43, nos muestra cómo actuar cuando la vida parece imposible. Jairo era líder de la sinagoga y un hombre respetado, pero la enfermedad de su hija cambió todo. Cuando acudió a Jesús buscando ayuda, recibió noticias devastadoras: su hija había muerto.
Aquí vemos dos fases de la confianza:
- Confianza quebrantada: miedo, angustia y duda. Es natural cuando todo parece perdido.
- Confianza plena: a pesar de las circunstancias, Jairo decidió confiar en Jesús. Su fe no dependía de lo que veía, sino de su confianza en Dios.
La enseñanza es clara: la verdadera fe no depende de lo que sucede, sino de nuestra decisión de confiar plenamente en Dios.
Los tiempos de Dios: aprender a esperar
Confiar también significa entregar nuestras expectativas y tiempos. Muchas veces queremos respuestas inmediatas:
«¡Señor, necesito que esto pase ya!»
Pero los tiempos de Dios son perfectos. Confiar nos libera de la presión social, de compararnos con otros y de la necesidad de controlar todo. Aprendemos a trabajar con dedicación, paciencia y esperanza, confiando en Su guía.
Confianza plena = creer, soltar, esperar y actuar con amor y obediencia.
El ejemplo de Jeremías: raíces profundas en tiempos difíciles
La Biblia nos muestra claramente cómo es la confianza plena en Dios:
Jeremías 17:7-8 (RVR1960):
«Bendito el varón que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová.
Porque será como el árbol plantado junto a las aguas… y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de dar fruto».
Imagina un árbol junto a las aguas: aunque pase calor o sequía, sus hojas permanecen verdes y sigue dando fruto. Así es nuestra vida cuando confiamos plenamente en Dios: aunque las circunstancias sean difíciles y parezca que todo está perdido, nuestra raíz es fuerte y nuestra vida sigue dando frutos.
Confiar en Dios nos da firmeza, raíces profundas y frutos, incluso en los momentos más duros. Nos ofrece libertad, paz y seguridad.
Mirar a Dios significa soltar nuestras cargas, dejar que Él actúe y esperar con fe. La confianza verdadera no depende de lo que controlamos ni de lo que dicen los demás: depende únicamente de Él.
Aunque este mundo nos impulse a ser autosuficientes y a cargar con todo nosotros mismos, Dios nos invita:
«Dame tus cargas y confía; conmigo todo estará bien.»
Florecer en la vida espiritual no significa ausencia de pruebas, sino la certeza de que Dios nos sostiene en todo momento.
Autora: Wendy Canaza Mamani, estudiante de la UC3M y miembro de la Iglesia Adventista del Séptimo Día de Moriah-Pinto en Madrid.
Imagen: Foto de Hu Chen en Unsplash


