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El inicio de año podría parecerse a una carta de navegación nueva. Un mapa sin estrenar sobre el que podemos dibujar nuevas rutas, nuevos sueños;  que nos recuerda que siempre existe la posibilidad de surcar buenas olas, corregir el rumbo y alcanzar el horizonte. Es un momento propicio para replantear objetivos, renovar decisiones y, especialmente, revitalizar nuestra vida espiritual recordando que la Biblia es nuestra brújula y Jesús nuestro Capitán y nuestro Norte. 

Un momento especial para evaluar el camino recorrido y proyectarnos con esperanza hacia lo que viene. Como cristianos, este tiempo resulta ideal para reafirmar nuestra relación con Dios, revisar nuestras prioridades espirituales y buscar Su dirección para cada decisión que tomemos en el año que inicia.

Ante nosotros se despliega un mapa sin estrenar, con rutas aún no trazadas y horizontes que esperan ser alcanzados. Es una invitación a avanzar, a ajustar las velas cuando sea necesario y a atrevernos a surcar nuevos mares con esperanza renovada.

Que este año, cuando Jesús nos llame a caminar sobre las aguas, seamos capaces de ponernos en pie y avanzar con los ojos fijos en su mirada y una confianza estable y renovada. 

La Palabra de Dios: nuestra brújula

Ningún navegante se aventura al mar sin instrumentos confiables. De la misma manera, la vida cristiana requiere una guía segura. El salmista declara:

«Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino» (Salmos 119:105).

En un mundo cambiante y muchas veces incierto, la Palabra de Dios nos orienta, nos corrige y nos da claridad cuando el camino parece confuso. Comenzar el año con un compromiso renovado de estudiar la Biblia y meditar en ella es una forma concreta de asegurarnos de que nuestras decisiones estén alineadas con la voluntad divina.

Cristo: nuestro Norte

Más allá del mapa y la brújula, todo viaje necesita un punto fijo de referencia. Para el cristiano, ese punto es Cristo. Él mismo afirmó:

«Yo soy el Camino, y la Verdad, y la Vida» (Juan 14:6).

Cuando Jesús es nuestro Norte, no importa cuán agitadas estén las aguas: siempre sabremos hacia dónde dirigirnos. El apóstol Pablo lo expresó con claridad al decir:

«Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe» (Hebreos 12:2).

Decir que Jesús es nuestro Norte significa reconocerlo como la referencia suprema que orienta nuestra vida. Vivir buscando reflejar su carácter. Tenerle a Él como el referente máximo de nuestra vida.

Él marca la dirección, el destino y el propósito. Sin embargo, el viaje cristiano no se limita a saber hacia dónde vamos; también implica quién conduce la travesía y cómo nos transforma. Por eso, Jesús no debe ser únicamente el Norte que miramos, sino el Capitán del barco que gobierna cada decisión.

Confiemos en el Maestro como nuestro Capitán

Un barco puede conocer perfectamente su rumbo y, aun así, naufragar si quien está al mando carece de autoridad o experiencia. La vida cristiana funciona de manera similar: podemos tener ideales claros y buenos propósitos, pero si seguimos intentando gobernar solos, terminamos agotados, confundidos o desviados. Jesús mismo nos invita a confiarle el control total:

«… separados de mí nada podéis hacer» (Juan 15:5).

Cuando Cristo es el capitán, no solo señala el camino, sino que dirige el timón, regula las velas y decide cuándo avanzar y cuándo esperar. En los evangelios vemos que Él no promete mares siempre tranquilos, pero sí Su presencia constante en medio de la tormenta:

«Y he aquí, se levantó en el mar una tempestad tan grande… Pero él dormía» (Mateo 8:24).

Jesús no estaba ausente; estaba a bordo. Su autoridad sobre el viento y las olas revela que ninguna circunstancia escapa a Su control. Aunque en momentos oscuros no puedas ver Su presencia, ten por seguro que Él está ahí y es Todopoderoso:

«¿Quién es este, que aun los vientos y el mar le obedecen?» (Mateo 8:27).

Reconocer a Jesús como capitán implica rendirle la voluntad, confiar en Sus decisiones y aceptar que Él sabe mejor que nosotros cómo llegar a puerto seguro. Significa dejar de aferrarnos al timón por miedo y descansar en Su soberanía:

«Encomienda a Jehová tu camino, y confía en Él; y Él hará» (Salmos 37:5).

Cuando Jesús es solo el Norte, podemos seguir midiendo el rumbo desde la distancia. Pero cuando además es el Capitán, caminamos con la certeza de que Aquel que nos guía también nos sostiene. Él no solo conoce el destino final, sino cada ola, cada viento y cada noche del trayecto.

Es mi deseo que este año aprendamos no solo a mirar a Cristo como nuestro referente, sino a confiarle plenamente el gobierno de nuestra vida. Porque el mejor viaje no es aquel donde todo está bajo control humano, sino aquel donde Jesús está al mando del barco.

Ajustemos el rumbo con sabiduría

El nuevo año también es un buen momento para evaluar el recorrido anterior. La Biblia nos anima a reflexionar y aprender:

«Examinemos nuestros caminos, y volvamos a Jehová» (Lamentaciones 3:40).

Dios no nos llama a vivir anclados al pasado, sino a crecer a partir de Él. Cada experiencia, especialmente las difíciles, puede convertirse en una lección que nos ayude a navegar mejor en el futuro. Solamente tenemos que decidir no rendirnos. 

«Olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta» (Filipenses 3:13-14).

Atrevámonos a caminar sobre las aguas

En ocasiones, el Señor no solo nos invita a navegar, sino a dar pasos que parecen imposibles. Como Pedro, somos llamados a salir de la barca y caminar sobre aguas que se mueven bajo nuestros pies:

«Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, caminó sobre las aguas para ir a Jesús» (Mateo 14:29).

El desafío no está en enfrentar la fuerza de las olas, sino en mantener la mirada fija en Cristo. Mientras Pedro mantuvo sus ojos puestos en Jesús, pudo avanzar; cuando miró el viento, comenzó a hundirse. Este nuevo año nos recuerda que la fe no consiste en la ausencia de temor, sino en una confianza firme y renovada en Aquel que nos llama.

«Pero Jesús le dijo: ¡Ten ánimo; soy yo, no temas!» (Mateo 14:27).

Que este año seamos capaces de ponernos en pie ante cualquier tormenta y avanzar con los ojos fijos en Su mirada, sostenidos por una confianza estable y renovada.

Avancemos con fe hacia el horizonte

El horizonte del nuevo año está lleno de incógnitas, pero también de promesas. Dios nos asegura que no caminamos solos:

«Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas» (Proverbios 3:6).

Avanzar con fe no significa ausencia de desafíos, sino certeza de que Cristo nos ama y camina con nosotros, aun en medio del mar.

«Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros… pensamientos de paz, y no de mal» (Jeremías 29:11).

Que este nuevo año sea una oportunidad para fortalecer nuestra comunión con Dios, profundizar en la oración y vivir una fe más consciente y valiente. Si permitimos que la Biblia guíe nuestro rumbo y que Cristo sea nuestro Capitán y marque nuestro Norte, podremos avanzar con seguridad, propósito y paz.

Que cada día de este año sea una nueva página escrita junto a Dios, y que nuestra vida refleje la confianza de quien navega —y camina— sabiendo que su Capitán está al control.

Que 2026 sea un tiempo de renovación genuina, en el que reafirmemos nuestra entrega a Cristo, fortalezcamos nuestro compromiso con Su obra y vivamos cada día con esperanza, fe y propósito. Al hacerlo, podemos tener la certeza de que el Señor guiará nuestros pasos, nos acompañará y bendecirá nuestro caminar.

¡Feliz 2026, con la vista fija en Jesús!

¡Te esperamos en los 10 días de oración 2026, que comenzaremos el día 7 de enero!

Autora: Esther Azón, teóloga y comunicadora. Editora y redactora de revista.adventista.es 

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