La congregación vivió un sábado de comunión marcado por la alegría de compartir juntos un día lleno de bendiciones. Hermanos y hermanas disfrutaron de una jornada que dejó momentos de gran valor espiritual y fraternal, recordando que la fe se vive mejor en compañía.
UN SÁBADO DE COMUNIÓN QUE COMENZÓ CON PALABRA Y ALABANZA
Uno de los momentos más destacados fue la visita de Óscar, presidente de la Unión Española y hermano en la fe. Su presencia fue recibida con cariño y gratitud, y su mensaje —centrado en el ánimo, la unidad y el compromiso con la obra del Señor— edificó y fortaleció a todos los presentes. Fueron palabras oportunas que recordaron a la congregación el privilegio de pertenecer a una familia de fe que trasciende lo local.
Durante la jornada se vivieron momentos de alabanza, reflexión y comunión espiritual, recordando la importancia de caminar juntos en la fe y seguir creciendo como familia en Cristo. Cada canto, cada oración y cada momento compartido contribuyó a crear un ambiente de cercanía y gratitud que se hizo palpable en el rostro de cada hermano.
MESA COMPARTIDA, LAZOS FORTALECIDOS
Tras el culto, la celebración continuó con una comida fraternal donde hermanos de todas las edades pudieron compartir mesa, conversación y alegría en un ambiente cercano y lleno de cariño. Esos momentos alrededor de la mesa tienen un valor especial: reflejan el espíritu de la comunidad primitiva que partía el pan con alegría y sencillez de corazón.
La comida se convirtió así en una extensión natural del culto, un espacio donde las generaciones se encontraron, los nuevos se sintieron acogidos y los lazos entre hermanos se fortalecieron. Porque la comunidad no termina cuando concluye el programa; muchas veces, es precisamente después cuando más se construye.
Sin duda, fue un sábado de comunión y alegría para recordar, agradecer y reconocer la fidelidad de Dios en cada detalle vivido.








