El sábado 23 de mayo, a las seis de la tarde, la Iglesia Adventista de Madrid Alenza abrió sus puertas a una velada que muchos no olvidarán pronto. Veinte parejas, con historias distintas y años de vida compartida, se reunieron para hacer algo que pocos se atreven a hacer: detenerse, mirarse a los ojos y volver a elegirse. La renovación de votos matrimoniales Alenza fue mucho más que un acto: fue un testimonio vivo de que el amor se decide.
La renovación de votos matrimoniales no es un trámite ni una ceremonia vacía. Es un acto de valentía y gratitud. Es reconocer que el amor no es solo un sentimiento que llega, sino una decisión que se renueva cada día. Y ese sábado, en Alenza, esa decisión se hizo visible, solemne y celebrada.
UNA VELADA PENSADA PARA EL ALMA
Desde el primer momento, la atmósfera invitaba al recogimiento y a la emoción. La música de entrada acompañó a las parejas mientras tomaban su lugar, creando un ambiente íntimo y cálido. No era una boda, pero se sentía como si lo fuera. Quizás porque lo era, en el sentido más profundo: un reencuentro con el compromiso.
La predicación del pastor Alberto Fernández ancló la velada en la Palabra. Su mensaje tomó como bandera el lema del propio evento, extraído del libro de Eclesiastés:
«Uno solo puede ser vencido, pero dos pueden resistir. ¡La cuerda de tres hilos no se rompe fácilmente!» (Eclesiastés 4:12)
Una imagen sencilla y poderosa: dos vidas entrelazadas que, al incluir a Dios como el tercer hilo, adquieren una fortaleza que ninguna tormenta puede quebrar del todo. El pastor invitó a los presentes a reflexionar sobre qué lugar ocupa Dios en el tejido de su matrimonio. ¿Han cuidado ese hilo central con la misma intención con la que cuidan una promesa? Porque un matrimonio con Dios en el centro no es un matrimonio perfecto, sino uno que sabe dónde sostenerse cuando llegan los momentos de prueba.
AYER, HOY Y MAÑANA
La imagen promocional del evento hablaba con una belleza especial: tres fotografías de parejas en distintas etapas de la vida, bajo las palabras Ayer, Hoy y Mañana. No fue solo un diseño bonito; fue una declaración teológica y humana. El amor que vale la pena no se limita al día de la boda —ese «ayer» en blanco y negro lleno de ilusión—. Abarca también el presente, con sus arrugas y sus roces, y el futuro, con sus canas y su ternura.
Los votos de esa tarde no fueron fórmulas prestadas. Fueron palabras propias, cargadas de historia personal, de años vividos, de perdones concedidos y de esperanzas renovadas. Al ponerse de pie, cada pareja no solo hablaba al cónyuge que tenía enfrente. También hablaba a la comunidad que los rodeaba, que los conoce, que los ha visto crecer y que ese sábado fue testigo fiel de su renovado «sí».
Como símbolo tangible de ese momento, cada pareja recibió un certificado de renovación de votos: un pequeño pero significativo recordatorio de que ese 23 de mayo eligieron, una vez más, construir juntos. Algo para guardar y releer en los días difíciles, cuando el amor necesita que se lo recuerden. La música de salida cerró la velada como la había abierto: envolviendo a todos en una atmósfera de gratitud y ternura.



















EL MINISTERIO DE FAMILIA DE ALENZA, SEMBRANDO CULTURA MATRIMONIAL
Detrás de esta iniciativa está el Ministerio de Familia de Alenza, dirigido por Elena Morales e Israel López, quienes vienen impulsando una cultura de cuidado y fortalecimiento del matrimonio dentro de la comunidad. Iniciativas como esta no son puntuales ni decorativas; forman parte de una visión más amplia sobre lo que debe ser una iglesia que cuida a sus familias.
«El matrimonio no se mantiene solo con amor romántico; se sostiene con decisiones diarias, con intencionalidad y, sobre todo, con Dios en el centro. Esta noche no fue el final de nada: fue el comienzo de un nuevo capítulo para cada pareja.» — Israel López
UNA IGLESIA QUE CELEBRA EL COMPROMISO
Lo que ocurrió ese sábado en Alenza dice mucho de la comunidad que la habita. En un mundo que banaliza el compromiso y presenta el abandono como sinónimo de libertad, veinte parejas alzaron la voz de una manera diferente. Sin estridencias, sin pancartas, simplemente reuniéndose una tarde de sábado para recordar que su amor vale la pena ser celebrado, protegido y renovado.
La Iglesia Adventista de Madrid Alenza demostró una vez más que la fe no solo se vive en la dimensión espiritual individual, sino también en los vínculos que construimos con otros. Una comunidad que cuida los matrimonios es una comunidad que cuida su futuro.
Que el cordón de tres dobleces siga siendo tejido, hilo a hilo, en cada hogar de Alenza. Porque el amor que se renueva es el amor que permanece.


