DÍA 10: PRIORIDADES BASADAS EN PRINCIPIOS
Muchas personas hoy se han alejado de los principios y los valores bíblicos. La religión ha pasado a ser algo secundario, y lo que define las prioridades es ganar dinero y tener «calidad de vida». Ante esa realidad, entendemos que llegó el momento de que cada creyente en Cristo profundice en los principios de la mayordomía cristiana.
Ya vimos, además, que la mayordomía cristiana es todo de mí en respuesta al todo de Dios. Hoy, por lo tanto, estudiaremos doce principios, para comprender mejor la mayordomía cristiana.
Doce principios de la mayordomía cristiana
- 1. El principio del señorío (Marcos 12:29-30; Romanos 10:9; Colosenses 2:6): en primer lugar, hay un solo Señor, y nadie puede ocupar ese lugar. Además, el amor es el fundamento de la relación de señorío. Por lo tanto, Cristo es el Señor de todo o no es Señor de nada.
- 2. El principio del dueño (Salmos 24:1; 50:9-15): Dios es dueño de todo, y por eso nosotros somos solo sus administradores. Además, Dios quiere algo más que nuestras dádivas.
- 3. El principio de Dios como primero y último (Proverbios 3:9; 1 Corintios 16:2; Mateo 6:33): en consecuencia, cualquier cosa o persona que ocupa el primer lugar en nuestra vida, antes que Dios, es un ídolo. Así, poniendo a Dios en primer lugar, nuestras prioridades quedarán sujetas a su voluntad.
- 4. El principio de la presencia (Éxodo 33:14; Mateo 28:20; Colosenses 3:3): Cristo prometió estar con nosotros (Juan 14:16-20), y por eso el Espíritu Santo trae la presencia de Cristo.
- 5. El principio del peregrino (Hechos 11:13-16; Filipenses 3:20): somos peregrinos sobre la Tierra, ya que este mundo no es nuestro hogar (1 Pedro 2:3). Por eso vivimos a la luz de la eternidad.
- 6. El principio del deudor: la salvación nos hace deudores hacia Dios, y también hacia otras personas. Debemos, entonces, trabajar con diligencia y gratitud para mostrar a todos el amor de Dios.
- 7. El principio de la actitud alegre (1 Corintios 9:7; 8:9): la mayordomía, en definitiva, es actitud más que acciones. Además, comienza amando, no dando, y Cristo es el mayor ejemplo.
- 8. El principio de la «mano abierta»: la generosidad, así, le da el control a Dios. Por un lado, una mano abierta da y recibe bendiciones; por otro, cerrar la mano presume autosuficiencia y egoísmo.
- 9. El principio de la medida grande (Lucas 6:38): en primer lugar, no puedes dar más que Dios, pues él vació el Cielo al dar a su Hijo. Además, cuanto más entrega alguien, más confianza recibe por parte de su Señor.
- 10. El principio de la multiplicación: Dios multiplica el efecto de lo que le rendimos. Así, a medida que implementamos la mayordomía, va creciendo en nosotros la confianza en Dios, los dones espirituales, nuestra capacidad de dar y nuestras relaciones.
- 11. El principio de la visión: viviendo, por ejemplo, como viendo al Invisible, vemos a Dios trabajando. Por eso, vivamos como si estuviéramos ante el trono de Dios (Efesios 2:6), ya que las realidades eternas trascienden las realidades actuales.
- 12. El principio de la sociedad (Filipenses 4:13): en definitiva, nosotros somos parte de una entidad mayor, el cuerpo de Cristo (Efesios 3:19). Por eso, Cristo no pide que trabajemos para él, sino con él.
Para reflexionar: «Por sus obras buenas, los seguidores de Cristo deben dar gloria, no a sí mismos, sino al que les ha dado gracia y poder para obrar. Toda obra buena se cumple solamente por el Espíritu Santo, y éste es dado para glorificar, no al que lo recibe, sino al Dador. Cuando la luz de Cristo brille en el alma, los labios pronunciarán alabanzas y agradecimiento a Dios. Nuestras oraciones, nuestro cumplimiento del deber, nuestra benevolencia, nuestro sacrificio personal, no serán el tema de nuestros pensamientos ni de nuestra conversación. Jesús será magnificado, el yo se esconderá y se verá que Cristo reina supremo en nuestra vida» (Elena G. de White, Consejos sobre mayordomía cristiana, p. 206).
Desafío para hoy: Dedica un momento a orar y responder de manera personal estas preguntas: ¿Tiene Dios la prioridad en mi vida? ¿Son mis planes sus planes? ¿Consulto a Dios en mis asuntos y decisiones diarios? ¿Dejo que Dios sea Dios en mi vida?


