Fiestas, convivencias y buena amistad son las características de nuestra iglesia en Reus.
Los evangelios no son muy prolíficos al mencionar la vida social de Jesús. Nos hablan mayormente de su ministerio público. De todas formas, tenemos suficientes indicios como para darnos cuenta de que el Maestro no era un santurrón apartado de la convivencia con la gente. Él aprovechaba cualquier ocasión en que lo invitaban a una fiesta para unirse a la celebración social y familiar. Algunos pueden pensar que no es bueno «mezclarse» con los mundanos. Este fue el caso en que Jesús acudió al llamado de Leví. Frente a las acusaciones de «mezclarse» con pecadores, contestó:
«Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos.» (Lucas 5:31)
INVITAR MÁS, MEZCLARSE MEJOR
Este es el caso de una de las fiestas que celebramos cada año en nuestra iglesia, en la que se invita a niños a participar en un Masterchef infantil, donde se les enseña a cocinar un plato sencillo y sano. Ni que decir tiene que no solo acuden los niños, sino que los padres acompañan el proceso con ilusión. La charla, la convivencia, el recuerdo… cada detalle es importante para que en su mente quede la idea de que la iglesia es un lugar de acogida y seguridad emocional y espiritual.
EL TEMA CONDUCTOR: LA SAL
En esta ocasión el tema conductor de las recetas fue la sal. Si es mucha, empalaga; si es poca, se rechaza. En su justa medida es el ingrediente que hace de un plato una delicia. Igual que hace de nuestras relaciones algo agradable o rechazable. Hemos de aprender a tener el grado justo de sal para que nuestra presencia en la iglesia de Reus sea agradable y los invitados se sientan atraídos al evangelio.
CALÇOTADA PARA TODOS
Tras el aprendizaje infantil vino el plato fuerte para pequeños y grandes: una calçotada, plato típico de la zona que, por sus características tan peculiares, añade un punto de fiesta a su degustación.
CUMPLEAÑOS EN FAMILIA
Esta vez nuestro encuentro coincidió con el 50 cumpleaños de una de nuestras hermanas, que compartió una gran tarta con todos los presentes. Un detalle más que convirtió la jornada en un recuerdo imborrable.
Estamos deseando que llegue la calçotada del próximo año para reencontrarnos alrededor de una mesa. Porque la iglesia también se vive así: compartiendo, riendo y creciendo juntos.


