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Integrados en la Misión. Del 23 al 25 de enero de 2026, se celebró en nuestro Centro de Actividades Múltiples (CAM) de Entrepeñas, la Convención del Ministerio de Ancianato 2026: «Arraigados en Su Palabra, Enfocados en la Misión». 

A pesar del frío de enero, el calor humano y espiritual marcó la Convención del Ministerio de Ancianato 2026. Durante tres días, ancianos de distintas zonas se reunieron con un mismo propósito: volver a lo esencial, renovar la llamada y recordar que la misión no es un programa más, sino el corazón mismo de la iglesia.

Muchos regresaron a casa con una expresión que se repetía en los pasillos y en los coches de vuelta: «hemos salido con la llama encendida». No era una emoción pasajera, sino la convicción profunda de haber vivido una experiencia de reavivamiento, comunión y visión compartida.

Una convención con alma

Desde el primer momento, el ambiente fue distinto. Las dinámicas de oración, la música cuidadosamente preparada, los espacios de silencio, los testimonios espontáneos y la cercanía entre los ponentes crearon una atmósfera de paz, coherencia y autenticidad.

Los espacios de alabanza tuvieron un papel especialmente significativo. Contamos con la participación de varios solistas y grupos, como Alex, Erick y el grupo Mensajeros, cuyas intervenciones no fueron simples actuaciones musicales, sino verdaderos momentos de adoración que preparaban el corazón para la Palabra. De manera especial, Brenda y su esposo, Thiago, coordinaron con sensibilidad y equilibrio todo el espacio de alabanza, creando un clima propicio para la reflexión y la comunión con Dios.

A lo largo del programa, distintos ministerios también tuvieron su espacio de visibilización y formación. Olga Calonge presentó el protocolo de la Comisión de Prevención del Abuso Infantil, recordando el compromiso de la iglesia con el cuidado y la protección de los más vulnerables. Marcelo Frazao acercó la obra de Publicaciones, mientras que Isabel Rodríguez hizo visible el Ministerio de Posibilidades, y Diego Angulo compartió la realidad y los desafíos del Ministerio de Jóvenes.

Convivencia y castañas asadas

Incluso los momentos informales se convirtieron en espacios de comunión. David Guzmán supo hacer apetecible la noche con una convivencia sencilla y castañas asadas, que fortalecieron la fraternidad entre los participantes. Todo ello fue posible gracias al trabajo silencioso, pero fundamental del equipo ministerial, donde Yancy y Tatiana cuidaron una logística eficiente y cercana, permitiendo que cada actividad se desarrollara con orden, fluidez y espíritu de servicio.

No fue solo una sucesión de actividades bien organizadas. Fue una convención con alma. Se respiraba unidad, gratitud y un profundo sentido de llamado. Como expresó uno de los participantes:

«En mi experiencia, esta ha sido una de las mejores convenciones que he tenido. El tema ha sido inspirado por el Espíritu Santo. La paz que transmitís como equipo se nota, y eso se contagia».

Arraigados en Su Palabra

Las tres predicaciones centrales, a cargo del pastor Óscar López, marcaron el eje espiritual del encuentro: Integrados en la misión – Arraigados en Su Palabra – Enfocados en la Misión. No se trató de discursos teóricos, sino de mensajes profundamente pastorales, que llamaban a volver a la raíz: una relación viva con Cristo como base de todo liderazgo.

Se recordó con fuerza que el anciano no es ante todo un gestor de tareas, sino un pastor local de almas, un discípulo que camina con otros discípulos. Sin Palabra, no hay reavivamiento. Sin reavivamiento, no hay misión auténtica.

Tres talleres, una misma visión

El valor formativo de la convención se expresó especialmente a través de tres talleres que, desde distintos ángulos, apuntaron a una misma realidad: una iglesia viva necesita líderes espirituales, formados, unidos y orientados a las personas.

El primer taller, «Fundamentados en Su Palabra: Centro de reavivamiento, fraternidad y misión», presentado por Gabriel Díaz, recordó que la Escuela Sabática no es un departamento más, sino la estructura educativa más poderosa de discipulado que tiene la iglesia. Allí se insistió en que no se trata solo de impartir contenidos, sino de acompañar procesos de vida, formar discípulos reales y crear comunidades donde las personas crezcan en fe, comunión y misión.

El segundo taller, «Discipulado integrado en la misión: liderar, delegar y colaborar con el pastor», a cargo de Richard Ruszuly, puso el foco en el estilo de liderazgo. Liderar no como control, sino como servicio; delegar no como descarga, sino como formación de personas; colaborar no desde la imposición, sino desde el consenso y la unidad. Se recordó que la medida del éxito no es que «todo funcione», sino que haya más obreros, más líderes, más personas creciendo en su llamado.

El tercer taller, «Administración, comunicación y trabajo en equipo integrados para la misión», presentado por Josué Reta, conectó la espiritualidad con la vida real de la iglesia local. Se abordaron aspectos prácticos de gestión, toma de decisiones, comunicación saludable y trabajo en equipo, subrayando que una buena organización no es burocracia, sino una herramienta al servicio de la misión y del cuidado de las personas.

Sin vida espiritual, no hay misión

Tres enfoques distintos, pero un mismo mensaje: sin vida espiritual no hay misión, sin relaciones sanas no hay liderazgo, y sin organización clara no hay sostenibilidad.

Testimonios que hablan

El sábado por la noche, uno de los momentos más emotivos fue el espacio «La iglesia habla a través de sus ancianos». Agrupados por zonas, compartieron testimonios reales de lucha, fe, servicio y esperanza.

No fueron historias perfectas, sino experiencias honestas: iglesias pequeñas, procesos lentos, conflictos, cansancio… pero también milagros, conversiones, reconciliaciones y comunidades que siguen adelante porque alguien decidió no rendirse.

Allí se confirmó algo esencial: la misión no se vive en teoría, se vive en personas concretas.

El mensaje hecho canto: Ahora es el tiempo

Más allá de las ponencias, talleres y testimonios, hubo un mensaje que atravesó toda la convención de principio a fin y que muchos se llevaron grabado en el corazón: el himno lema Ahora es el tiempo.

No fue solo una canción. Fue una declaración espiritual colectiva, una oración compartida y un llamado claro a la acción. Su letra resumió, mejor que cualquier discurso, el espíritu de todo lo vivido:

Hoy es el tiempo de amar y sanar,
de alumbrarles a todos en la oscuridad.
Hoy la voz del Señor nos llama a vivir
como luz de este mundo hasta el fin.

Hay tanto que hacer, anhelamos la fe,
ahora es el tiempo de crecer.
Es el tiempo esperado y anunciado,
de todos los que aman a Jesús.

Levantaos, brillad, allí donde estéis,
este es el tiempo, el Señor nos llama.
Yo iré, yo iré.

Él nos llama a avanzar,
nosotros tú y yo, amén.

Cantado en comunidad, este himno se convirtió en algo más que música: fue una confesión de fe compartida. Recordó a cada anciano que la misión no empieza en grandes proyectos, sino en la disponibilidad personal, en ese «yo iré» sencillo y profundo que responde al llamado de Dios.

Más que un evento, un punto de inflexión

La Convención del Ministerio de Ancianato 2026 no fue simplemente una agenda bien cumplida. Fue un espacio donde muchos volvieron a recordar por qué sirven, para quién sirven y desde dónde sirven.

Integrados en la misión no es un eslogan. Es una forma de vivir el liderazgo:
arraigados en la Palabra,
formando discípulos,
caminando juntos,
y dejando que el Espíritu Santo siga siendo el verdadero protagonista.

Porque cuando hay unidad, paz y visión compartida, la iglesia no solo se organiza mejor… la iglesia vive mejor su misión.

Autor: Richard Ruzuly, secretario ministerial de la Iglesia Adventista del Séptimo Día en España. 

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Revista Adventista de España
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