Estamos en pleno verano. Un periodo del año en el que todo nos habla de vacaciones, viajes y descanso. Para quienes tienen la bendición de disfrutar de algunos días libres, el mes de agosto regala algo más, desde una óptica cristiana: la oportunidad de regenerarnos espiritualmente, consolidar las relaciones con amigos y familiares, recuperar el equilibrio y, no menos importante, percibir la belleza que nos rodea.
La Escritura nos anima a considerar el descanso no como una pérdida de tiempo, sino como un regalo de Dios. Jesús mismo, tras periodos intensos de servicio, decía a sus discípulos que se detuvieran:
«Venid vosotros aparte a un lugar solitario, y descansad un poco». Marcos 6:31.
En un contexto social como el nuestro, que con frecuencia mide el valor de las personas según cuánto son capaces de producir, el verano nos lanza una llamada: aprendamos a ir más despacio. ¿Cómo? Concediéndonos el tiempo que hace falta. El necesario para recuperar energías, no solo físicas y mentales.
La buena noticia es que no es necesario esperar a los meses cálidos. Cada semana podemos contar con una gran bendición, un tiempo especial de descanso y renovación. El cuarto mandamiento lo llama «séptimo día». Es el sábado bíblico: un oasis de paz y reconexión con Dios y el prójimo, incrustado en el ajetreo de la rutina estresante.
REENCONTRARNOS A NOSOTROS MISMOS EN LA PRESENCIA DE DIOS
Los días más largos y luminosos, y los ritmos más pausados de la temporada de vacaciones, a pesar del calor sofocante, pueden favorecer momentos de recuperación, oración y meditación en la Palabra de Dios. Al alejarnos por un tiempo de las preocupaciones de siempre, logramos reservarnos instantes de valor. Y esto ocurre sin hacer nada en particular, renunciando al horror vacui, el «terror al vacío» que nos hace llenar el calendario incluso mientras estamos de viaje.
«En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará». Salmos 23:2.
La célebre imagen de serenidad y paz nos revela a un Dios deseoso de conducirnos hacia lugares de pacificación, empezando por nuestro propio espacio interior. Las ansiedades quedan colmadas por la confianza y la esperanza: sentimientos raros, pero al alcance de un corazón que decide confiar.
SOLOS O EN COMPAÑÍA
El verano regala un motivo más para estar con nosotros mismos, pero también para disfrutar de los demás: un paseo al atardecer, un helado al aire libre o simplemente una conversación sin la prisa de correr al próximo compromiso. La Biblia subraya el gran valor de la compañía y la amistad, cultivadas con alegría:
«Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo». Eclesiastés 4:9.
«¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía!». Salmos 133:1.
La referencia es a la vida de iglesia, pero ¿por qué no hacer nuestra esta indicación bíblica en todas las relaciones que establecemos? Hoy, muchas relaciones corren el riesgo de quedarse en la superficie o mediadas únicamente por la tecnología; aprovechemos estos días para detenernos un poco y dedicar atención verdadera a las personas que encontramos, consolidando esos lazos fraternos, nuevos o ya consolidados.
CONTEMPLAR LO BELLO EN LA NATURALEZA Y EN EL ARTE
Ya se elija el mar con sus horizontes azules, la montaña y sus paisajes majestuosos, o un parque de la ciudad en las horas más frescas del día, la naturaleza tiene la extraordinaria capacidad de elevarnos espiritualmente. La creación es el diseño del Creador y nos enseña a ser agradecidos y responsables.
«Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos». Salmos 19:1.
«Alzaré mis ojos a los montes… Mi socorro viene de Jehová». Salmos 121:1-2.
Pasajes bíblicos conocidos, pero particularmente en sintonía con esta estación. Frente a la espuma de las olas o a la inmensidad de las cumbres, logramos recuperar el sentido del asombro, reconociendo la presencia de un Dios creativo, capaz de sorprendernos cada vez más.
Y no olvidemos la belleza del arte y la artesanía. También estos son frutos extraordinarios, expresión de talentos y dones celestiales que han inspirado el ingenio y la creatividad humana.
APROVECHAR EL MOMENTO, RECONOCER LO ESENCIAL
Durante el año suele ocurrir que nos sentimos tan absorbidos que descuidamos aspectos importantes de nuestra vida. Consideremos entonces el verano como un billete de viaje para restablecer las prioridades correctas. Jesús lo dice con claridad:
«Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas». Mateo 6:33.
Tomarse tiempo para leer esas páginas de la Biblia que habíamos descuidado, orar con presencia sincera, compartir el propio punto de vista con el cónyuge, un hijo, un amigo, o pasar momentos significativos con quienes amamos… nada de esto debería ser un lujo. Más bien es el jugo más nutritivo que da plenitud a la vida, recargándonos para los meses venideros. Entrenémonos para reservar ya, desde ahora, nuestros instantes de «verano» en la agenda diaria.
UNA ESTACIÓN DE ALEGRÍA Y GRATITUD
El verano, por tanto, puede acogerse como un regalo de Dios, una estación en la que aprender a alegrarnos de las experiencias más sencillas. Basta poco, bien mirado. Y una sonrisa ayuda. El apóstol Pablo nos lo recuerda:
«Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!». Filipenses 4:4.
Ciertamente, a veces no resulta tan sencillo estar alegres y despreocupados. Levantar la mirada más allá de las circunstancias negativas que quizás estemos atravesando no es tarea fácil. Cada uno tiene heridas, situaciones dolorosas y complejas que superar. Cada telediario nos devuelve a la amarga realidad. Sin embargo, saber que Dios existe y acompaña nuestros pasos en cada estación de la existencia amplía la perspectiva hacia una conciencia renovada.
La presencia amorosa de Jesús regala energías nuevas y hará que volvamos a las actividades de siempre con el corazón renacido.
Buena continuación de verano, entonces, teniendo presentes las palabras de Isaías 40:31: «Los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán».
Artículo original publicado en HopeMedia Italia.


