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Hay historias que no comienzan con grandes edificios ni con grandes multitudes. Algunas empiezan de manera mucho más sencilla: alrededor de una mesa, en el salón de una casa, entre unas pocas personas unidas por una misma fe y una esperanza compartida. Así nació la iglesia adventista El Shaddai.

El sábado 26 de septiembre de 2026, el grupo de hermanos adventistas El Shaddai se reunió para celebrar su organización como Iglesia Adventista del Séptimo Día, en la calle Real, n.º 16, en San Sebastián de los Reyes, en Madrid.

La presencia de dirigentes y pastores dio un significado especial a la jornada. El Pr. Josué Reta, secretario general de la Unión Adventista Española, acompañó a la congregación en este momento; también estuvo el Pr. Javier Moliner, antiguo pastor, cuando la iglesia era un grupo, y el Pr. Eliseo de Brito, actual pastor de la Iglesia El Shaddai.

Pero la emoción de la jornada estaba también en los rostros de toda la hermandad, quienes habían recorrido el camino desde el principio.

Para ellos, la organización de la Iglesia no era simplemente una formalidad. Era la oportunidad de detenerse por un momento, mirar hacia atrás y recordar de dónde habían venido. Y ver que Dios los había acompañado.

Así comenzó la historia de El Shaddai.

En los primeros días no había un templo al que llegar cada sábado. Había hogares que abrían sus puertas y personas dispuestas a encontrarse para orar, estudiar la Biblia y compartir la fe.

El grupo fue creciendo y aquellas casas dejaron de ser suficientes. Entonces llegaron a reunirse en los parques. Allí, en medio de la vida cotidiana, la comunidad continuó reuniéndose y fortaleciendo unos vínculos que con el tiempo se convertirían en la base de una nueva Iglesia.

La búsqueda de estabilidad llevó finalmente a un pequeño local. Era sencillo, pero para los hermanos significaba mucho: tenían un lugar al que podían llamar suyo, un punto de encuentro desde el que continuar construyendo comunidad.

En aquellos comienzos, cada ayuda contaba. El hermano Atilio colaboraba con el pago del alquiler, contribuyendo a sostener aquel primer espacio cuando los recursos eran limitados. Quizá entonces nadie podía imaginar con claridad hasta dónde llegaría aquel pequeño grupo.

CRECER ES EL RESULTADO DE LA BENDICIÓN DE DIOS

El tiempo trajo nuevos miembros y nuevas necesidades. El local que había servido para consolidar al grupo comenzó a quedarse pequeño.

La comunidad emprendió entonces la búsqueda de un espacio mayor. Finalmente, gracias a Dios, se consiguió un local que permitiría desarrollar con mayor amplitud la vida de la congregación.

Para quienes habían vivido los primeros años, aquel momento tuvo un significado especial. No se trataba solamente de tener más espacio. Era mirar atrás y reconocer todo lo que había ocurrido desde aquellas primeras reuniones.

Cada traslado parecía contar una parte de la misma historia: las casas, los parques, el pequeño local y ahora un lugar más amplio. Una historia que los miembros de El Shaddai interpretan como un camino guiado por Dios.

UNA HISTORIA QUE CONTINÚA

La organización de El Shaddai abre ahora una nueva etapa. La congregación tiene ante sí el desafío de seguir creciendo, fortalecer su vida espiritual y convertirse en un espacio abierto al servicio de la comunidad de San Sebastián de los Reyes.

Pero quizá una de las mayores riquezas de esta nueva Iglesia esté precisamente en no olvidar sus comienzos.

Porque antes del local hubo una casa. Antes de la iglesia hubo un pequeño grupo. Y antes de tener un espacio más amplio hubo personas que decidieron reunirse, orar y caminar juntas.

Hoy, aquellas primeras reuniones forman parte de la memoria de la Iglesia El Shaddai.

Para la iglesia adventista El Shaddai, aquel sábado no fue el final de un camino, sino el momento en que una pequeña comunidad pudo detenerse, mirar atrás con gratitud y volver la mirada hacia adelante con esperanza y con la certeza de que Dios todavía tiene páginas por escribir en la historia de su Iglesia.

Crónica: Luis Miguel Sánchez Quintanilla
Fotos: Jaris de Brito

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