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El dos de septiembre se puso en marcha la formación de voluntarios para atender el ministerio a las prisiones en el distrito de Zaragoza. Estuvo dirigido por la directora de ADRA, Olga Calonge, y por el pastor y responsable de MIPES (Ministerio Personal, Evangelismo, Escuela Sabática y Misión Global de la UAE) Gabriel Díaz. Esta actividad se realizó para todas las iglesias de Zaragoza, desde la iglesia de Las Fuentes.

Acudieron al encuentro cincuenta y cinco personas, procedentes de las iglesias de la zona, además de una pareja que se desplazó desde Madrid para participar en la formación. Seguidamente, la mitad de los voluntarios respondieron al llamado y manifestaron su: «Heme aquí, envíame a mí».

No nos podíamos creer, que lo que meses antes eran tan solo cuatro personas intentando llegar a más de 30 internos/as que nos demandan la asistencia religiosa, ahora serían más de veintitrés voluntarios/as dispuestos a servir en este ministerio. Aunque para algunos parezca tan solo una cifra, estamos seguros de que este es el preludio de una obra cuyo alcance quizá nunca seremos capaces de entender, hasta que Jesús nos lo enseñe en la mañana gloriosa.

Durante el fin de semana, el pastor Gabriel Díaz nos explicó la clara y urgente necesidad de Dios que estas personas manifestaban. Nos sensibilizó respecto a su situación, tan diferente a la nuestra. Para ellos, los hechos pasados de sus vidas, o el propio cristal del locutorio, crean una barrera con la libertad. Desean perdón, autoestima, compañía, bondad y amor.

Cristo les dignifica, y tras mucho tiempo presos entre las rejas, lo que más necesitan es a Él.

Con cariño, el pastor recordaba las ganas con las que cantaban; el aprecio con el que casi acariciaban las Escrituras, y lo marcada y estudiada que tenían algunos su Biblia.

Miremos como Jesús

Según el pastor Díaz, un elemento completamente indispensable para ser buenos «carteros del amor de Dios», es mirar a los demás a través de los ojos de Jesús. Para ilustrarlo, nos contó sobre una de las reclusas que anhelaba una visita de alguien de fuera, no importa quién. Qué triste.  Por la soledad, solo recordaba ecos de lo que significaba importarle a alguien.

El pastor le asignó una voluntaria y la primera vez que volvió a coincidir con el pastor ,tras el encuentro entre ambas, ella le expresó, con los ojos llenos de lágrimas: «¡Gabriel! ¡El domingo vi a Jesús!».

Confundido y atónito por la repentina confesión, el pastor la siguió escuchando… -«Estuve con ella, y en sus ojos no vi critica, ni censura, ni prejuicios. Su sonrisa era amable. ¡En su rostro vi compasión, bondad y amor! Gabriel, ¡yo creo que así es la mirada de Jesús!»

No tiremos piedras; demos la mano

Muchas veces caemos en la trampa de definir a las personas según sus defectos o errores. Tendemos a ver un preso y pensar en lo que habrá hecho para estar ahí. Pero no estamos llamados a albergar prejuicios o poner etiquetas, porque Jesús, el abogado más justo, ha pagado con su vida para que los presos también sean llamados hijos de Dios. Me acuerdo de una frase de Sebastián Franz, que dice: «El único que pudo tirarnos piedras decidió darnos la mano».

Ojalá nos dejemos cambiar por el amor de Jesús para poder reflejarlo a los demás. Ojalá miremos con sus ojos. Que Dios bendiga este proyecto que tímidamente despliega sus alas aquí en Zaragoza, y cuando Cristo vuelva nos dirija a ti y a mí estas palabras: «Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; estuve en la cárcel, y vinisteis a mí». (Mt 25:31ss).

Autora: Elena Nechita, del distrito de Zaragoza.
Fotos: Nelcy Sther D.

 

Revista Adventista de España