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símbolo olivo30 de junio, al final de la mañana: llegó el anhelado ejemplar de más de tres toneladas. Para algunos parecería un simple olivo, pero era mucho más. Estábamos preparados para plantar un lechín de más de trescientos años, oriundo de Jaén, en una de las plataformas frente al internado de chicas.

Alguno podría preguntarse: «¿Qué le pasa a esta gente de la Facultad Adventista de Teología (FAT)? ¿No tienen nada mejor que hacer?» Pregunta a la que no dudaríamos en responder: «Nada mejor, en estos tiempos que corren, que plantar un símbolo que refuerce nuestro pasado, presente y futuro».

Me explico:

  1. El olivo, árbol mediterráneo como pocos, refuerza nuestro vínculo con la Biblia. El aceite (fuente de alimento, salud y energía) se asociaba con el ungimiento de reyes y profetas. Sobre todo, con el Mesías (de hecho la palabra en hebreo significa «ungido con aceite»). Una bella imagen para recordarnos que los cristianos somos retoños (Romanos 11:17) del pueblo de Dios. Pedro nos recuerda, además, que somos real sacerdocio (1 Pedro 2:9), gente ungida para anunciar las virtudes de Aquel que nos sacó de la oscuridad y nos permitió vivir junto a su candil. Y así hemos vivido, como verdes olivos, en la misericordia del Señor (Salmos 52:8).
  2. Al mirar hacia atrás y ver que hemos cumplido 80 años como Seminario-Facultad de Teología, comprendemos nuestro presente, reforzamos nuestra función. En los momentos de dificultad, nos perfumaste (Salmos 23:5; 92:10) y constatamos, en estos tiempos de confusión, que continuarás aromatizando nuestras vidas. Y deseamos guardar el aceite de tu Espíritu para los momentos de escasez (Mateo 25:1-13). Y habitar y hacer habitar a los nuestros, y a los demás, en la bondad y delicia de la armonía (Salmos 133:1-2). Queremos que el nuestro sea «óleo de alegría» (Salmos 45:7; Hebreos 1:9).
  3. Al mirar hacia lo venidero, deseamos intensamente ser un espacio de transcendencia, reforzar nuestra tarea, creando oportunidades. Hemos de continuar «engrasando» las vidas de nuevos pastores con la Fe que lo mueve todo (Fides), con el Conocimiento que nos da identidad (Scientia) y con unas ganas de servir tan intensas que impregnen todo de Misión (Ministerium). Buscamos un encuentro junto al árbol de la vida (algo tendrá de olivo, seguro) donde nos abracemos largo y tendido.

Creo que queda claro. Por eso plantamos un olivo.

4 de septiembre. A última hora de la tarde. Una vez plantado el olivo, nos disponemos a plantar el símbolo. Un buen grupo de diferentes lugares de este hermoso y variado país se dispondrán a entregar sus ofrendas para que muchos jóvenes sean formados. No será solo un tema económico, sino un encuentro de corazones idealistas (¡Qué necesitados estamos de esto!). ¿Qué quieres que te diga? Me gustaría verte por allí y que nos sonriamos porque somos conscientes de la relevancia de lo que hacemos.

Autor: Víctor Armenteros, decano de la Facultad Adventista de Teología de España (FAT). 

 

Revista Adventista de España