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Artículo de opinión: estábamos llegando tarde para criar hijos adolescentes en la iglesia española de la pospandemia.

Los padres que tenemos hijos nacidos en 2010 o en los años siguientes somos los afortunados ganadores del «premio gordo»: criar adolescentes en plena guerra fr.IA. Somos los padres de la generación Alfa y, además, nos hemos llevado una nueva vuelta de tuerca en esto de poner etiquetas a las generaciones.

UNA GENERACIÓN QUE LAS LECCIONES NO ALCANZABAN

La sensación que teníamos los «padres despiertos» de entonces (que, en general, éramos madres) era que las lecciones de Escuela Sabática Infantil no respondían al tipo de ser humano que estaba creciendo en nuestras casas. Recuerdo haber oído con ilusión que, desde la sede central de la Iglesia en Estados Unidos, estaban trabajando en nuevas lecciones. Obviamente, ellos también lo habían notado.

El desafío era enorme: crear un currículo para todo el mundo, que atendiera a las seis etapas del desarrollo infantil —con cambios notablemente significativos entre una y otra— y conseguir, además, que avanzara a la velocidad de las transformaciones que esas mismas generaciones estaban viviendo. Era, sin duda, un reto casi imposible.

CATORCE AÑOS DE ESPERA

Las primeras lecciones en versión beta llegaron a las uniones catorce años después, en 2024. Para entonces, buena parte de la generación Alfa había crecido mirando el mundo a través de sus teléfonos y entrando en iglesias que, demasiadas veces, parecían máquinas del tiempo. Eran dos realidades tan distantes que nuestros hijos corrían el riesgo de disociar su fe de su vida y, peor aún, de su propia identidad, hasta extremos lamentables.

ESPAÑA Y ALEMANIA YA HABÍAN NOTADO LO QUE SE VENÍA

Pero España ya había notado lo que se venía. Algo parecido ocurría en Alemania. Desde hacía años se estaba trabajando en lecciones infantiles pedagógicamente más acordes con esa sociedad que llamamos «posmoderna y secular». Es una forma de etiquetar tan «optimista y esperanzadora» que las iglesias inmersas en esta realidad todavía no han conseguido quitarse la etiqueta de la frente.

Sin embargo, estas iglesias habían llegado antes a lo que buena parte del mundo viviría después. Intentaban resolver problemas del futuro que ya estaban experimentando en el presente, pero con las herramientas del pasado y el freno de mano puesto. Porque, últimamente, cualquier intento de cambio sonaba sospechosamente a «posmoderno y secular».

LAS LECCIONES ESPAÑOLAS Y EL RETO DE LA ESCUELA SABÁTICA INFANTIL

Cuando llegué a trabajar al Departamento de Infancia, en julio de 2019, las lecciones españolas llevaban cerca de quince años de recorrido y las nuevas lecciones oficiales seguían haciéndose esperar. Como madre de hijos de la dichosa generación Alfa, la situación se veía desesperada. Por eso, optamos por impulsar las lecciones que la Unión Española, tan «posmoderna y secular», había estado creando con empeño y mucha visión durante años.

Teníamos entonces el reto de ofrecer una propuesta de programa que ayudara a los equipos de Escuela Sabática Infantil (ESI) a desarrollar esas lecciones. Porque, para quienes nunca habéis trabajado en las secciones infantiles, no basta con tener una lección con un tema bueno y pertinente. Las clases de niños necesitan un programa dinámico, interactivo, con cambios frecuentes de actividad que permitan mantener su atención. Y esto requiere mucho más trabajo que cualquier lección de adultos.

No estoy hablando de los cambios asociados al déficit de atención que observamos en la sociedad actual. Estoy hablando de la normalidad en el desarrollo de un niño.

PACTOS Y UN GURÚ DEL MARKETING DIGITAL

Así surgió PACTOS, un programa para el desarrollo espiritual de las infancias que impulsamos mientras llegaban las lecciones oficiales. Estas comenzaron finalmente a aterrizar por fascículos en enero de 2025, con la previsión de completarse en 2029.

Curiosamente, hace unos meses, uno de esos gurús que se dedican a enriquecer(se) con el marketing digital, identificando tendencias y optimizando nichos de venta, me contactó. Me ofreció utilizar mi perfil personal precisamente para esto que acabo de mencionar: el desarrollo espiritual de las infancias.

PADRES, IGLESIA Y UNIÓN: TRES REALIDADES

Y no sé si lo habéis notado, pero acabo de poner sobre la mesa muchas cosas.

Por un lado, unos padres —sobre todo madres— con la angustia más que justificada de ser los «criadores» de la generación Alfa, la más impactada hasta ahora (hasta que llegue la siguiente) por el consumo de tecnología.

Por otro, una Iglesia que intenta cuidar de sus infancias desde una maquinaria pesada que viaja segura porque avanza a paso de hombre, mientras las familias estamos metidas en aviones de papel, con sensación de vértigo, velocidad y muchísima incertidumbre.

Ambas realidades son legítimas. Y ambas son reales.

Entre una y otra, el trabajo de una Unión que, intentando leer los tiempos, acompaña desde un globo aerostático: con la misma incertidumbre, aunque con algo más de peso específico.

UNA IGLESIA TRANSFORMADA DESDE 2020

Pero, para más inri, agreguemos otro factor a esta ecuación.

Las iglesias en España han vivido una transformación profunda, especialmente desde 2020. En muchas congregaciones hemos pasado de ser iglesias españolas con inmigración rumana y presencia latina a ser iglesias fundamentalmente latinas, con inmigración rumana y presencia española (esa presencia existe, en el mejor de los casos).

Y no se trata simplemente de un cambio demográfico.

Hay otra problemática de la que necesitamos hablar: la ignorancia. Es una Iglesia que, en buena medida, no conoce el Espíritu de Profecía porque no lo ha leído y mucho menos lo lee ahora (por aquello de que ahora no se lee).

Además, vive inmersa en sus propias dificultades derivadas de la inmigración: pobreza, adaptación cultural, dilución de identidades, desconcierto y la complejidad de construir comunidad entre historias, necesidades y formas de entender la fe tan diferentes.

SIN MAESTROS, SIN SALAS, SIN ADULTOS COMPROMETIDOS

Ahora tiene lecciones, pero, en demasiadas congregaciones, no dispone de maestros espiritualmente preparados, ni de salas de Escuela Sabática, ni de espacios cuidados para los niños. Sobre todo, no cuenta con suficientes adultos comprometidos y con visión para cuidarlos.

Mientras tanto, la generación Alfa sigue creciendo. Los mayores ya han dejado atrás las lecciones infantiles y otros están a punto de graduarse de ellas. Han ido pasando por nuestro lado casi sin que lo notáramos. Teníamos demasiadas cosas encima como para detenernos a mirar.

¿CÓMO LLEGAR A QUIENES TOMAN LAS DECISIONES?

Entonces vuelve a aparecer en mi mente, y en esta ecuación, aquel gurú del marketing digital. Me pregunto si no lo habrá guiado el mismo Espíritu Santo.

Porque la pregunta es cómo llegar a quienes hoy toman las decisiones en nuestras iglesias —en su mayoría hombres— y tienen en sus manos, o muy cerca de ellas, el futuro espiritual de quienes deberán llevar a la Iglesia hasta esa esperada Segunda Venida.

No hablo de nosotros, por mucho que nos pese dejar de ser los protagonistas. Me refiero a nuestros hijos, por si quedan dudas.

EL PROGRAMA GPS Y EL PROBLEMA DE FONDO

No quiero escribir demasiado aquí sobre el programa GPS. Fue la forma en que entendimos, desde este departamento y durante estos años, que podíamos intentar hackear un sistema de educación espiritual de las infancias que no estaba respondiendo a la velocidad de los cambios.

Podría decir que lo hicimos sin mucho éxito, pero sería injusto. El programa es una absoluta bendición desde hace ya cuatro años para un promedio de 120 familias. Sin embargo, cuando pienso que tenemos unos 3.000 niños y adolescentes en nuestras iglesias, dejadme considerar que nuestro éxito resulta todavía muy insuficiente.

Y aquí está el problema de fondo.

Como adultos (sobre todo los hombres), solemos estar ocupados en lo importante: mantener lo que funciona, cuidar las estructuras, garantizar que la rueda siga girando. Y solemos tener la curiosa —y absurda— idea de que los niños no son algo de lo que debamos preocuparnos demasiado. Hay cosas más importantes.

Me deja perpleja esta mirada.

Incluso desde la pura estrategia de marketing digital, podríamos admitir que nos haríamos ricos invirtiendo allí donde todo el que tiene hijos está dispuesto a invertir. Pero nosotros, que no perseguimos un beneficio económico, sino algo infinitamente más trascendente, seguimos sin darle a esta tarea la prioridad que merece.

¿QUÉ HARÁ LA IGLESIA CON EL TIEMPO QUE NOS QUEDA?

Por eso el título lo dice todo: estábamos llegando tarde. Porque no es que estemos empezando a llegar tarde; es que ya llegábamos tarde en 2010.

Los adultos estamos dentro. Nuestros niños, no necesariamente. No son adventistas por el simple hecho de haber nacido en una familia adventista. No han abrazado por herencia nuestra identidad, nuestros valores y, mucho menos, nuestra fe.

¿Qué haremos?

  • ¿Seguiremos priorizando los departamentos que hacen espacio a nuestras realizaciones personales, con roles de importancia y prestigio?
  • ¿Nos quedaremos atrapados en la astuta trampa del enemigo de evangelizar al mundo mientras descuidamos a quienes están creciendo en nuestras propias iglesias?
  • ¿Insistiremos en atraer personas a nuestras iglesias cuando ni siquiera nuestros hijos quieren asistir a ellas?

LOS CAMBIOS COMIENZAN POR NOSOTROS

Escribo este artículo con la intención de movilizar, por si no ha quedado claro. Quiero movilizar a una Iglesia que, por momentos, parece anestesiada frente a lo que está ocurriendo con sus hijos.

Y lo escribo también desde mi lugar de liderazgo, con la convicción, después de siete años, de que ningún departamento, programa o estructura puede producir por sí solo los cambios que necesitamos.

Porque los cambios no comienzan en los despachos, ni en los documentos estratégicos, ni en las nuevas lecciones que tanto hemos esperado. Los cambios comienzan por nosotros. Y vosotros, que habéis llegado hasta aquí leyendo, sospecho que estáis suficientemente despiertos como para asumir vuestra parte.

Creo que tenemos la Iglesia que nos merecemos. Y aquí comienza otro relato, pero lo dejo para una siguiente entrega.

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