DÍA 5: EL PODER DE LA PALABRA
Cuando vivió en la Tierra, Jesús buscó intensamente el poder del Padre en su vida de comunión. Venció como el segundo Adán para mostrar que no hay disculpa para el pecado, para desconfiar de él, para vivir lejos del Padre.
Y el maravilloso poder que él adquirió está también a nuestro alcance. Ya que el camino está abierto para todos, todos podemos examinar la Palabra. Solo debemos darle prioridad. Veamos dos ámbitos en los que Dios quiere darnos poder cuando dedicamos tiempo al estudio de su Palabra.
Poder para satisfacer las necesidades del alma
Solamente la Palabra de Dios puede satisfacer las necesidades esenciales del alma. La búsqueda diligente de devoción personal debería ser la cosa más natural, habitual y prioritaria. Vivir con hambre y sed de la Palabra debería ser el estilo de vida de la persona salva por la gracia mediante la fe.
Comer y beber son acciones esenciales para nuestra salud física. ¡Y cómo luchamos en busca de la satisfacción de esas necesidades materiales! ¿Por qué nos cuesta tanto, entonces, luchar también para tener el pan que subsiste siempre? Nuestro desafío en estos días es aprender a vivir cada día apasionados por Cristo y su Palabra, ya que cuando amamos, no medimos sacrificios para agradar a esa persona.
Analicemos el siguiente texto bíblico:
«Fueron halladas tus palabras, y yo las comí. Tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón; porque tu nombre se invocó sobre mí, Jehová, Dios de los ejércitos» (Jeremías 15:16).
Comienza diciendo «fueron halladas tus palabras». Para hallar algo necesitamos buscar. Cuando nos levantamos por la mañana, la Palabra no nos va a buscar, sino que nosotros debemos buscarla. Continúa diciendo «y yo las comí». No basta con saber que la Palabra es importante: tiene que entrar en nuestra mente, e integrarse en nuestra vida para recibir la vida y la energía del poder de Dios. Finalmente, encontramos una promesa: «Tu palabra me fue por gozo y por alegría». Quien prioriza buscar a Dios por la mañana tendrá paz y alegría a lo largo del día.
Poder contra el pecado
El pecado nos acecha continuamente. Nos separa de Dios y hace que el alma se paralice. Produce indiferencia e incredulidad hacia las enseñanzas de la Biblia. Nos quita discernimiento y sentido común. Y finalmente nos lleva a la muerte eterna. ¿Qué podemos hacer, entonces, para luchar contra el pecado?
La Biblia nos explica: «¿Con qué limpiará el joven su camino? ¡Con guardar tu palabra!» (Salmos 119:9). «En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti» (Salmos 119:11).
A medida que nos acercamos al fin del tiempo, los ataques serán cada vez más frecuentes e intensos. Todos seremos sacudidos. Pero podremos permanecer firmes si estamos familiarizados con Cristo y su Palabra. Si llenamos nuestra mente con las promesas de la Biblia y estamos conectados con Dios, venceremos, así como Jesús venció. Jesús nos envió al Espíritu Santo para confirmar la victoria y darnos el mismo poder que él tuvo. Pero debemos priorizar lo que él priorizó.
Para reflexionar: «La primera tarea de todos los cristianos consiste en escudriñar las Escrituras con ferviente oración, para que tengan esa fe que obra por amor y purifica el alma de cualquier rasgo de egoísmo. Si se recibe la verdad en el corazón, obra como buena levadura hasta que toda facultad queda sometida a la voluntad de Dios. Entonces no podréis dejar de brillar, como tampoco lo puede el sol» (Elena G. de White, A fin de conocerle, p. 325).
Desafío para hoy: Reflexiona de manera personal, o conversa en un grupo pequeño para responder a la siguiente pregunta de la manera más práctica posible: ¿Es suficiente estar en la presencia de Dios durante 5 o 10 minutos para vivir con poder durante 24 horas?


