El sábado 7 de marzo, en la Iglesia de Madrid-Vallecas, el Ministerio de la Mujer realizó un precioso programa por el Día de la Mujer, con la directora nacional Mercedes Martínez Bou como invitada.
La Iglesia de Vallecas estaba decorada con bellos colores morados para el Día de la Mujer y contó con una invitada especial para dicho programa. En la recepción del sábado, el culto y el programa de tarde, pudimos contar con las prédicas de Mercedes Martínez Bou, directora nacional del Ministerio de la Mujer.
La mujer es símbolo de fe y valentía; fueron instrumentos de Dios para traer bendiciones y ayudar a las personas, y es por ello que este día es dedicado a las mujeres. «Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Su valor sobrepasa largamente al de las piedras preciosas» (Proverbios 31:10, RVR95).
Programa del Día de la Mujer
La Iglesia Adventista celebraba el Día Internacional de la Oración de la Mujer. El culto del sábado comenzó con un bello especial musical titulado «Suelto», que dio paso a la predicación de Mercedes Martínez Bou. El sermón de la directora nacional estaba dedicado a todas aquellas lágrimas derramadas por mujeres, y también por hombres, en oración. Aquellas y aquellos que, en angustia y en tiempos difíciles, han confiado en Dios. Nuestro Señor siempre ofrece consuelo y respuesta.
El programa continuó por la tarde con el tema «La oración de la mujer con muchas responsabilidades», destinado a por qué mujeres cansadas, estresadas, con exceso de cargas y trabajo, deberían buscar descanso en Cristo mediante la oración. El Señor ayuda a aquellas que le buscan, ayudándolas con las cargas que soportan.
Llamado a las mujeres
La mujer es una de las partes más bonitas de la creación de Dios, portadora de vida, fe y esperanza. Ha sido siempre un pilar fundamental en las familias, hogares y comunidades. En la historia de la redención, la mujer ha sido un elemento clave para poder llevarse a cabo; mujeres como Ester, Rut, María madre de Jesús y un largo etcétera salvaron pueblos, dieron esperanza, hicieron justicia y, en definitiva, fueron esenciales en el transcurrir de la historia de la humanidad.
Los hombres deben valorarlas, respetarlas y cuidarlas, pues ambos son creación de Dios, creados a Su imagen misma. Honrar a las mujeres no es solo cortesía, sino un símbolo de fe y obediencia a Dios. «Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil y como a coheredera de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo» (1 Pedro 3:7, RVR9).
Autor: Alejandro Alemán, corresponsal de revista.adventista.es en la Iglesia Adventista del Séptimo Día en Madrid Vallecas.






