DÍA 6: CONOCIMIENTO + INTIMIDAD
Los seres humanos desarrollamos intimidad a medida que conocemos más a otra persona. Esto aplica, por ejemplo, a la familia, la pareja y las amistades. Y también aplica a nuestra relación con Dios.
Del Génesis al Apocalipsis, la Biblia es la forma especial escogida por Dios el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo para revelarse a sus hijos y mostrarles el camino para volver a tener una relación cercana con Dios. En la Biblia, además, encontramos muchas instancias en que Dios busca a sus hijos. Hoy, cuando abrimos la Biblia, nos encontramos delante de la Trinidad: vamos a conversar con el Creador, con el Salvador y con el Consolador. Pero ¿cómo será esa comunicación? ¿Se trata de un monólogo, una comunicación unilateral? ¿Cómo te comunicas con tus hijos, tus padres o tus amigos? ¿Cómo debemos, entonces, estudiar la Biblia para obtener conocimiento e intimidad con Dios?
Por eso, estudiemos un pasaje bíblico juntos, de manera guiada, a modo de práctica.
Texto bíblico
Abramos, para empezar, la Biblia en Hebreos 3:7-13.
«Por eso, como dice el Espíritu Santo: «Si oís hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones como en la provocación, en el día de la tentación en el desierto, donde me tentaron vuestros padres; me pusieron a prueba y vieron mis obras cuarenta años. Por eso me disgusté contra aquella generación y dije: ‘Siempre andan vagando en su corazón y no han conocido mis caminos’. Por tanto, juré en mi ira: ‘No entrarán en mi reposo'». Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón tan malo e incrédulo que se aparte del Dios vivo. Antes bien, exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: «Hoy», para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado» (Hebreos 3:7-13).
¿Quién habla, entonces, en este pasaje? El Espíritu Santo. Ahora que hemos definido eso, iniciemos un diálogo para comprender mejor el mensaje. Pidámosle, además, que nos aclare cualquier cosa que no nos quede clara.
Dialoguemos: las primeras razones
Puedes comenzar preguntándole, con reverencia: «Espíritu Santo, ¿qué significa escuchar tu voz y endurecer el corazón?» Ahora, escucha en silencio al Espíritu Santo responder. Ciertamente, te mostrará la respuesta dentro de la Palabra.
A continuación, sigue la conversación. Fíjate en el versículo 10: «Siempre andan vagando en su corazón». En espíritu de adoración, puedes preguntarle al Espíritu Santo: «¿Qué llevó a los israelitas a esa condición? ¿Qué quieres que aprenda con este relato?» Escucha la voz del Espíritu Santo y busca respuestas en el texto bíblico. Estudiemos juntos:
Razón #1: el pueblo de Dios escuchó la voz del Señor, pero no la tomó en serio. No permitió que la Palabra cambiara su vida. Es decir, endureció el corazón.
Aplicación: ¿Abro mi corazón cada mañana para recibir la Palabra de Dios? ¿Busco esa bendición con dedicación? ¿Me es natural comenzar el día buscando a Dios? Cuando la Palabra de Dios me muestra una verdad, ¿cambia mi corazón, o me niego a ponerla en práctica?
Razón #2: el pueblo vio la gloria de Dios durante 40 años, pero no glorificó ni agradeció a Dios por sus muchas bendiciones. Al contrario, prevalecieron la incredulidad y la ingratitud, y tentaron y probaron a Dios día tras día.
Aplicación: mi existencia es una manifestación de la bendición continua de Dios. El aire que respiro, la comida, la ropa… todo viene de él. ¿Estoy agradecido y lleno de fe al ver esto, o tiendo a tentar y probar al Señor? ¿Tengo motivos para comportarme como el pueblo de Israel? En oración, habla con el Espíritu Santo: «He sido bendecido y no puedo vivir sin adorar a quien me bendice. ¡Gracias!»
Dialoguemos: dos razones más
Razón #3: fíjate, además, en esta frase: «No han conocido mis caminos». Los israelitas no se interesaron en buscar al Señor, y por eso él transmitió su desagrado a los profetas Isaías y Oseas (ver Isaías 1:2-3; Oseas 4:6). Cuando descuidamos el conocimiento de Dios, se distorsiona nuestro significado de pecado, y en consecuencia perdemos discernimiento y sabiduría.
Aplicación: ¿buscas diligentemente el conocimiento de Dios en la Biblia? Jesús nos dio el ejemplo: cuando estuvo en la tierra, el amanecer solía encontrarlo orando y meditando en la Palabra. Ora y dile al Señor cómo te sientes sobre esto.
Razón #4: el versículo 13 dice que el pecado puede endurecer el corazón. Cuando no tenemos comunión regular con Dios, no podemos evitar esta realidad. Así como las manos del agricultor se tornan callosas con el trabajo diario, nuestro corazón irá perdiendo sensibilidad y se volverá obstinado.
Aplicación: ¿puede ser que me esté ocurriendo eso en mi experiencia con Dios? El endurecimiento del corazón es un proceso. Por eso, analiza tu corazón y abre los ojos a tu realidad. Habla con Dios y pídele que te ayude a ver cómo está tu corazón y cómo volver a él.
Conclusión
¿Te has dado cuenta, entonces, de cuán diferente es estudiar la Biblia considerando el contexto, quién habla, qué dice, qué principios se presentan, y si hay promesas o mandamientos específicos? Estudiar la Biblia en forma de diálogo es lo ideal: Dios nos habla en su Palabra, y nosotros hablamos con él en oración sobre lo que leemos. Hazle preguntas al texto bíblico. Y recuerda que el mejor momento para este tipo de comunión es por la mañana, antes de que la mente entre en contacto con cualquier otra actividad.
Para reflexionar: «La palabra de Dios es viva, eficaz y más cortante que toda espada de dos filos: penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón» (Hebreos 4:12).
Desafío para hoy: Elige un texto bíblico que te parezca interesante y haz la prueba de estudiarlo en diálogo con Dios. Puedes probar de escribir en un cuaderno las preguntas que te surjan, qué respuestas encuentras en la Biblia, e incluso las oraciones que eleves a Dios.


