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Bautismo y tres generaciones de fe en Gijón

By 29 junio, 2026No Comments

El sábado 20 de junio, la Iglesia Adventista del Séptimo Día de Gijón fue escenario de un momento especialmente emotivo. El bautismo de Amaya permitió contemplar una hermosa realidad: tres generaciones de una misma familia unidas por la misma esperanza en Cristo.

EL COMIENZO: MARIAN

Todo comenzó hace más de cincuenta años, cuando Dios llamó a Marian. En la década de los setenta, el evangelio llegó a su hogar gracias al testimonio de José Esteban Vijuesca, miembro de la iglesia de Urgel (Barcelona), quien por motivos laborales viajaba con frecuencia a Gijón. A través de esa providencial relación familiar, Marian conoció las verdades de la Palabra de Dios.

Su decisión no fue fácil. Procedía de una profunda tradición católica y sentía una gran devoción por la Virgen María. Sin embargo, el estudio de las Escrituras transformó su corazón y decidió entregar su vida a Cristo, siendo bautizada por el pastor José María Priego. Desde entonces, permaneció fiel al Señor durante toda su vida, sosteniéndose en la fe aun en medio de enfermedades, pruebas familiares y momentos de gran dificultad. Su vida fue un ejemplo silencioso, pero profundamente elocuente, de confianza en Dios.

EL REGRESO: IVÁN

Su hijo Iván nació y creció en la iglesia. Siendo joven también entregó su vida al Señor mediante el bautismo. Sin embargo, durante la adolescencia se alejó de la fe y permaneció catorce años apartado de la iglesia. Como tantas madres creyentes, Marian nunca dejó de orar por él. Con paciencia y esperanza, siguió confiando en las promesas de Dios.

Y Dios respondió. Iván regresó al Señor, renovó su pacto con Cristo y fue bautizado nuevamente por el pastor Gabriel Díaz. Aquel regreso no solo marcó un nuevo comienzo para su vida, sino que también le permitió convertirse en el eslabón que transmitiría ese mismo legado espiritual a la siguiente generación.

Años después, afrontó el reto de criar solo a su hija Amaya. En medio de circunstancias difíciles, procuró enseñarle el amor de Jesús, inculcarle los valores del evangelio y acompañarla en su crecimiento espiritual. Hoy, esa siembra ha dado un fruto precioso: Amaya ha decidido entregar voluntariamente su vida a Cristo mediante el bautismo.

TRES GENERACIONES, UNA MISMA FE

Así, el testigo de la fe ha pasado de Marian a Iván, y de Iván a Amaya. Tres generaciones unidas por la gracia de Dios y por el poder de un testimonio vivido con fidelidad.

Esta historia nos recuerda que la mayor herencia que puede dejar una familia no se mide en bienes materiales, sino en un legado espiritual. La fe transmitida con amor, el ejemplo constante y las oraciones perseverantes pueden influir en hijos y nietos mucho más de lo que imaginamos.

Como iglesia, expresamos nuestra más sincera gratitud a tantos abuelos, abuelas, padres y madres que, muchas veces de manera silenciosa y sacrificada, han mantenido viva la llama de la fe en sus hogares. Gracias por las oraciones que nunca cesaron, por el ejemplo diario, por la perseverancia cuando algunos hijos se alejaron y por seguir creyendo que Dios cumple sus promesas.

Cada bautismo de un hijo o de un nieto es también, en cierta manera, el fruto de una Biblia abierta en el hogar, de una oración hecha con lágrimas y de una vida que ha procurado reflejar el carácter de Cristo.

Que el bautismo celebrado en Gijón sea un motivo de esperanza para todas las familias. El Señor sigue llamando, restaurando y fortaleciendo generaciones. Y mientras haya hombres y mujeres dispuestos a transmitir la fe con amor y fidelidad, continuará cumpliéndose la hermosa promesa del salmista:

«Una generación alabará tus obras a la otra, y anunciará tus poderosos hechos». Salmo 145:4.

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