El pasado jueves 18 de junio, nuestro querido hermano Antonio Cacicedo Martínez pasó al descanso. Su corazón dejó de latir y nuestros corazones lloran hoy su pérdida.
La muerte es una compañera habitual en nuestro caminar por la vida. A lo largo de los años son muchos los hermanos y hermanas que pasan al descanso con la esperanza de ver a Jesús. Nuestra familia de fe camina por este mundo abrazando a los que lloran y riendo con los que ríen.
Antonio ha vivido un siglo: nació un 7 de marzo de 1926. Conoció la Iglesia a través de su esposa María, quien lo acompañó hasta el final de sus días. Precisamente el pasado mes de marzo, toda la iglesia le celebró sus «jóvenes» cien años.
Los que hemos tenido el privilegio de conocerlo, y de conocer sus historias en alta mar —ya que era marino de profesión—, sabemos ahora que el vacío que deja es grande. Siempre compartió su amabilidad y cariño con quienes lo rodeaban.
La Iglesia de Villajoyosa lo despide aferrada a la promesa de nuestro Salvador, quien dijo:
«Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá». Juan 11:25
Sabemos que el Señor sostendrá y fortalecerá a toda la familia de Antonio en esta esperanza bienaventurada.



Si, mi querido y admirado tio del que tanto aprendí de la vida, de sus experincias, de sus ocho vueltas al mundo como capitán de la marina mercante y también de servicio temporal en la Navy, ya que era naturalizado estadounidense. Lo adoraba, el tiempo qué conviví con él en St.Croix V.I, es una experiencia imborrable que cambió mi vida para siempre.
El amor que profesaba por sus padres y sus hermanos, mi madre por ejemplo que espero esté ahora junto a él, jamás te olvidaré, seguirás siendo un faro en mi navegación, descansa en paz tiet.