DÍA 33: LA VENIDA DEL CONSOLADOR
Al hablar de la venida del Consolador y del derramamiento del Espíritu Santo en Pentecostés, leemos en Juan 7: 39: «Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyeran en él, pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado». ¿Cómo puede ser? ¿Será que el Espíritu Santo no aparece en escena en el Antiguo Testamento?
El Espíritu Santo antes de Pentecostés
Encontramos menciones al Espíritu Santo desde Génesis 1: 2 hasta Zacarías 4: 6. En el Antiguo Testamento, el Espíritu Santo capacitaba a determinadas personas importantes, como jueces, artistas, profetas, reyes y guerreros, para realizar tareas especiales (Prov. 1: 23; Éxo. 31: 3; 35: 31). Pero esa capacitación no estaba disponible para todos. Además, la acción del Espíritu Santo se describe más como una fuerza sobrenatural que venía desde afuera.
En los Evangelios se nos dice que Jesús fue concebido por el Espíritu (Luc. 1: 15), bautizado por el Espíritu (Juan 1: 32-33), ungido por el Espíritu (Luc. 4: 18; Hech. 10: 38) y guiado por el Espíritu (Luc. 4: 1). ¿En qué sentido se podría decir, entonces, que el Espíritu Santo aún no había venido?
El Espíritu Santo siempre existió, pero la plenitud de su poder solamente se pudo sentir a partir de la muerte y la ascensión de Jesucristo.
Una nueva función
A partir del Pentecostés, la tarea del Espíritu Santo como Consolador implica universalizar la presencia de Jesús en el corazón de sus seguidores. Él está presente en todas partes, cerca de nosotros cada día, si no rechazamos su compañía.
En el Antiguo Testamento, el método de la misión era corpóreo, étnico, nacional y local. Por eso, el Espíritu Santo dotaba a los líderes de la comunidad (nación) israelita, y usaba a la nación judía como medio para el evangelismo. A partir del Pentecostés, la misión es un privilegio de todos. Ahora todos somos sacerdotes, «para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable» (1 Ped. 2: 9).
El nuevo método prioriza al individuo que compone la iglesia y el ámbito mundial. Desde el Pentecostés, el plan de Dios es que el Espíritu Santo opere a través del individuo para alcanzar al pecador.
El impacto en mi vida
Nadie puede hacer la obra de Dios si no es por medio del Espíritu Santo. Por eso, cada creyente recibe la capacitación del Espíritu Santo para la misión evangélica. Todos los autores de los Evangelios relacionan el cumplimiento de la misión dada por Cristo con la recepción del poder del Espíritu Santo (Hech. 1: 48; Juan 20: 21-22).
El creyente en Cristo no debería simplemente ir con el mensaje del evangelio. También debería ir con el poder del Espíritu Santo. El Pentecostés es el cumplimiento de la promesa de capacitación por el Espíritu Santo y el inicio del sacerdocio de todos los creyentes, el nuevo método de misión que Jesucristo nos dio (1 Ped. 2: 5, 9; 2 Cor. 5: 18-20; Apoc. 5: 9-10).
Para reflexionar: «Antes que los discípulos pudiesen cumplir sus deberes oficiales en relación con la iglesia, Cristo sopló su Espíritu sobre ellos. Les confiaba un cometido muy sagrado y quería hacerles entender que sin el Espíritu Santo esta obra no podía hacerse» (Elena G. de White, El Deseado de todas las gentes, p. 745).
Desafío para hoy: Busca tres menciones del Espíritu Santo en el Antiguo Testamento. ¿Cómo comprendes mejor su rol en esos relatos después de leer la reflexión de hoy?


