DÍA 18: COMUNIÓN Y ESTILO DE VIDA
Ya hemos aprendido que no es suficiente ir a la iglesia y escuchar sermones. Es necesario, además, algo más: la devoción personal habitual. Elena G. White dice: «El oír sermones sábado tras sábado, el leer la Biblia de tapa a tapa, o el explicarla versículo por versículo, no nos beneficiará a nosotros ni a los que nos oigan, a no ser que llevemos las verdades de la Biblia al terreno de nuestra experiencia personal» (El ministerio de curación, p. 411).
Ese conocimiento experimental de Cristo y su Palabra es lo que nos hace crecer en santidad. Es decir, nos hace santos (separados para Dios) de acuerdo con el sentido bíblico del término.
Algunos se incomodan con la palabra «santos», tal vez por el concepto que el término tiene en otras religiones. Pero no hay cómo huir: tú eres un santo. Hablando de nuestra iglesia, la Biblia dice: «Aquí está la perseverancia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús» (Apocalipsis 14:12).
Los santos priorizan los valores eternos
Para que seamos santos, Jesús necesita ser lo primero en nuestra mente cada mañana. Sin ese toque, va a prevalecer el lado carnal, humano, enfocado solamente en las cosas de esta vida. Cuando lo prioricemos, en cambio, él suplirá nuestras necesidades de acuerdo con los principios que ha establecido. Y, al fin, él suplirá nuestra necesidad de vida eterna.
Los santos viven en la presencia de Dios
Vivir en la presencia de Cristo es lo que buscamos. Dios nos llama a todos a vivir «en concienzuda y frecuente comunión con Dios por la oración y el estudio de su Palabra; porque ésta es la fuente de la fortaleza» (Elena G. de White, Los hechos de los apóstoles, p. 291). Todo cambia cuando estamos permanentemente conectados con la Fuente de la vida y el poder. Dios lucha por nosotros, y nos concede el fruto del Espíritu Santo (Gálatas 5:22-23).
Los santos siguen el ejemplo de Jesús
Jesús es nuestro ejemplo en todo, y de forma especial su vida de comunión con el Padre. Esa era la fuente de todo su poder. Por esta razón, Jesús dice que nosotros también podemos hacer las obras que él hizo. En todas las fases de su vida, desde su niñez hasta el fin de su ministerio, la comunión con el Padre fue su marca principal.
Para reflexionar: «Nuestro crecimiento en la gracia, nuestro gozo, nuestra utilidad, todo depende de nuestra unión con Cristo. Es por medio de la comunión con él diariamente, a cada hora —por permanecer en él—, que creceremos en la gracia» (Elena G. de White, El camino a Cristo, p. 689). «No tiene límite la utilidad de quien, poniendo el yo a un lado, da lugar a la obra del Espíritu Santo en su corazón y lleva una vida dedicada por completo a Dios» (Elena G. de White, El ministerio de curación, p. 116).
Desafío para hoy: Medita en la siguiente pregunta, con oración: ¿Qué aspecto de mi vida necesito dedicar por completo a Dios? Ponte una alarma o recordatorio para orar varias veces hoy por esto.


