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UN SÁBADO EN LA NATURALEZA: CONECTANDO CON DIOS Y CON SU FAMILIA

Dios se revela de muchas maneras para mostrarnos su amor y su cuidado. Una de ellas es, sin duda, la naturaleza. A pesar de que el pecado la ha afectado durante miles de años, todavía conserva una belleza que nos maravilla y que nos habla del Gran Creador.

Con ese espíritu, la iglesia Maranatha de Elche disfrutó de un sábado en la naturaleza, una jornada que nos permitió detener el ritmo cotidiano para contemplar las obras de Dios, fortalecer nuestra relación con Él y, al mismo tiempo, disfrutar de la compañía de nuestros hermanos y hermanas en la fe.

MOMENTOS DE COMUNIÓN Y CAMINATA

Durante el día vivimos diferentes momentos de comunión. Así, alabamos a Dios mediante los himnos, elevamos nuestras oraciones juntos y reflexionamos en su Palabra. Además, compartimos los alimentos, disfrutando de ese hermoso compañerismo que forma parte de la vida de una familia unida.

Uno de los momentos más especiales fue la caminata, que nos permitió disfrutar de la creación y contemplar, una vez más, las maravillas que Dios ha puesto a nuestro alrededor. De hecho, cada paisaje se convirtió en una oportunidad para recordar que «los cielos cuentan la gloria de Dios» (Salmo 19:1).

JUEGOS, PALABRA Y COMPAÑERISMO

La jornada continuó con unos juegos cristianos en los que, además de divertirnos, aprendimos la importancia de conocer, estudiar e indagar en la Palabra de Dios. Así, fue una manera sencilla y cercana de recordar que la Biblia no es solamente un libro para leer, sino una fuente de vida que estamos llamados a explorar y atesorar.

Pero quizá uno de los mayores regalos de este día fue poder conectar unos con otros. En efecto, compartir, conversar, reír, caminar, comer y adorar juntos nos recordó que la iglesia es mucho más que un lugar al que acudimos cada semana: somos una familia que camina unida hacia el mismo Dios.

Al finalizar la jornada, nos despedimos con gratitud y con el deseo de volver a disfrutar de encuentros como este. Así, salimos renovados, no solo por el contacto con la naturaleza, sino también por haber fortalecido nuestros lazos como hermanos y hermanas.

Sin duda, pudimos experimentar de una manera muy especial las palabras del salmista: «¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía!» (Salmo 133:1). Que el Señor nos ayude a seguir creando espacios para encontrarnos con Él, con su creación y con nuestra familia de la fe.

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