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EN MEMORIA DEL PASTOR FERNANDO BOSQUED

Recuerdo entrañable y familiar de un hombre de Dios 20 de septiembre de 2026

Fernando Bosqued Franco nació el 5 de julio de 1945 en Zaragoza. Hijo de Magín, un ferroviario originario de Aguarón, y Joaquina, ama de casa de Épila (ambos provincia de Zaragoza).

Tenía dos hermanos mayores. Su hermana mayor, Maribel, sufrió una meningitis a los 9 meses que la dejó incapacitada de por vida. Siempre la cuidó su madre, hasta los últimos años que vivió en la Residencia Maranatha, donde falleció en marzo de 2025 con 84 años.

El siguiente hermano era Roberto, un hombre trabajador y amante de su familia, que falleció en Zaragoza 9 años atrás.

La infancia de Fernando transcurrió en Zaragoza. Fueron tiempos duros de posguerra donde se luchaba por salir adelante con dificultad.

Solía contar que, siendo jovencito, descubrió la bandurria y, cuando consiguió dominarla, iba tocando por los locales del barrio ganando unos ahorrillos que nunca venían mal. Años después entró en una rondalla de jotas aragonesas donde disfrutó mucho. Durante el resto de su vida usaba la bandurria para tocar himnos y canciones, siempre que tenía ocasión.

Su padre Magín murió por una enfermedad pulmonar con solo 49 años, cuando Fernando tenía tan solo 18 años.

Pocos años después, gracias a una familia de la iglesia de Torrero conoció el evangelio y él mismo, con espíritu misionero, se encargó de compartirlo con su hermano y su madre.

Era hermoso escuchar cómo Fernando contaba su experiencia de conversión y el momento en el que se sintió por primera vez perdonado.

En esa época se desarrolló profesionalmente como mecánico ajustador en un taller de cajas de caudales. Pero con los años su espíritu misionero se fue fraguando en una vocación pastoral.

Así pues, con 25 años decidió estudiar teología y se trasladó al Seminario Adventista de Teología que entonces se encontraba en Valencia.

Cuando tenía 26 años, la hermana Janet Ribera le recomendó a una chica muy especial: «Tienes que conocer Angelita», le dijo. Así que, ni corto ni perezoso, un día se plantó en casa de Angelita Ortiz Montañés en Zaragoza. Ella se sorprendió mucho porque, aunque lo conocía de la iglesia, todavía no tenían mucha relación. Así que pensó que venía a vender libros y dejó que su madre Ángela lo despachara con rapidez. Pero no era ese el motivo de su visita, explicó Fernando, sino pedir la dirección para comenzar a escribirse por carta con Angelita.

Lo que comenzó con una carta, acabó convirtiéndose en un noviazgo por el que Angelita se mudó a Valencia, donde también estudió un año en el mismo Seminario. Ella, sin duda, cambió la vida de Fernando para siempre. Él siempre le decía: «¡Qué suerte tuve contigo, cariño!», mientras la miraba con ternura.

Definitivamente, su unión fue dirigida por el cielo y el Señor bendijo su hogar como una fuerza misionera en este mundo. El 10 de septiembre de 1975 se casaron en la Iglesia de Torrero, Zaragoza. Después se embarcaron rumbo al Seminario Adventista de Collonges (Francia), donde estuvieron viviendo y estudiando durante 2 años junto a otros pastores y sus familias, como José A. Ortiz y Sacra Lacasa (sus queridos hermanos/cuñados), Manuel Vega, Francisco Gabín, Fernando Cadilla, Antonio Delgado, Antonio Blasco, Vicente Cháfer y otros héroes de la fe de antaño.

Al terminar la formación recibieron un llamado pastoral para servir en la campaña de Sevilla en 1977 junto con Antolín Diestre, Jesús García, Alberto Martorell, Manuel Vega y otros.[*]

Poco antes, el 21 de julio de ese mismo año, nació su primogénito Jonatán.

Terminada esa obra, fueron llamados a la campaña de Valladolid, donde estuvieron otros 15 meses más junto con el pastor Pedro Sánchez, Manuel Vega, Vicente Cháfer, Antonio Delgado, José Antonio Blasco y José María Lorente, entre otros.[*]

Después fueron enviados a Puerto de Santa María y, en el verano de 1979, el 3 de julio, nació su segundo hijo, Daniel.

Entonces recibieron su primer destino pastoral en las iglesias de Algeciras, Cádiz y La Línea, donde estuvieron hasta 1986.

Después fueron destinados a las iglesias de Murcia y Elche, donde sirvieron durante 4 años de gran bendición para toda la familia.

En 1990, fueron destinados a las iglesias en Palma de Mallorca e Ibiza, donde disfrutaron de 8 años de un fructífero ministerio. De hecho, en cada lugar donde sirvieron, impactaron vidas y crearon amigos para la eternidad.

En el año 1995, sus hijos Jonatán y Daniel partieron para Sagunto y comenzaron sus propios proyectos de vida. Fruto del testimonio de vida de Fernando y Angelita, ambos hijos decidieron consagrar sus vidas al ministerio, formándose y sirviendo como pastores. Con los años, han podido honrar a sus padres y al Señor en diferentes destinos ministeriales. En la actualidad, Jonatán sirve como Director de Jóvenes de la División Intereuropea y Daniel como Rector del Campus Adventista de Sagunto; junto con sus respectivas esposas, Sarai de la Fuente y Maijo Roth, departamentales de la Unión Adventista Española, que el Señor añadió a la familia en sendas bodas oficiadas por Fernando el verano de 2008. Desde ese momento la familia de Fernando y Angelita se fue ampliando progresivamente con la llegada de sus amados nietos (por orden de nacimiento): Amy, Pau, Jan, Amber y Màrian.

Llegado el año 1998, Fernando recibió la misión de dirigir la Residencia de Ancianos Maranatha, en Cardedeu (Barcelona), donde deleitaba a los ancianos cada sábado con su música. Tuvo la responsabilidad de la ampliación de las instalaciones en años muy desafiantes, pero llenos de cercanía y compromiso. Angelita desplegó todos sus dones durante 16 años como gobernanta, en un liderazgo inspirador que dejó huella en trabajadores, residentes y familias.

Después de 6 años al frente de la institución, Fernando sirvió como pastor en las iglesias de Badalona, Mataró, Girona y Granollers, destino en el que se jubiló a los 65 años tras 33 años de fructífero y bendecido servicio ministerial.

Tras su jubilación, Fernando y Angelita vivieron en Cardedeu apoyando la iglesia de Granollers, hasta que en 2017 se trasladaron a Sagunto para vivir más cerca de la familia. Desde entonces, han estado apoyando activamente la iglesia de la Vall d’Uixó (Castellón), hasta que una incurable enfermedad, diagnosticada escasos 7 meses antes, ha llevado al descanso a Fernando antes de lo que todos deseábamos.

Su ministerio ha dejado frutos para la eternidad que solo entonces podremos saborear juntos. Siempre fue muy cariñoso, cercano, alegre, generoso y tremendamente entregado a la misión dentro y fuera de casa. Así lo afirman también todos los que le han conocido de muchas generaciones.

Su legado es amor, perdón, escucha activa, respeto y los mejores abrazos que un hombre de su generación ha sabido dar.

Fernando nos ha enseñado cómo es ser un líder compasivo y amoroso, cómo es ser vulnerable y humilde. Era un alma sensible, un músico, un artista. Su arte fue modelar amor, y ese es su mejor legado.

Hasta el último momento ha mantenido viva e intacta la llama de su fe. Ha terminado sus días rodeado de su esposa, hijos, nietos, cuñados, sobrinos y demás familia y amigos.

Por la gracia de Dios ha ido al descanso con la firme esperanza de la vida eterna y del pronto reencuentro con todos aquellos que le amamos.

«Bienaventurados de aquí en adelante los muertos que mueren en el Señor. Sí, dice el Espíritu, descansarán de sus trabajos, porque sus obras con ellos siguen.» (Apocalipsis 14:13)

Su obra sigue con nosotros. Estamos deseando ya reencontrarnos de nuevo en la Tierra Nueva.

Autoría: Familia Bosqued Ortiz

  1. Nota de los autores: rogamos sinceras disculpas si en la mención de los pastores compañeros de Fernando Bosqued en sus diferentes destinos hemos omitido algún nombre por lapsus o falta de datos; en tal caso, agradeceremos que lo recuerden para mencionarlo también.

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