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CUANDO LA MENTE BUSCA UNA SALIDA

¿Has escuchado hablar acerca de la disonancia cognitiva? ¿Crees que todos los seres humanos la experimentamos? ¿Será positiva o negativa? ¿Qué relación tendrá con nuestra experiencia de fe?

Disonancia cognitiva

La disonancia cognitiva fue un concepto desarrollado por el psicólogo norteamericano Leon Festinger en 1957. La señaló como aquel conflicto mental que ocurre cuando una persona sostiene dos ideas incompatibles o actúa en contra de lo que cree. Esto produce incomodidad, culpa y tensión moral. Ante ello, la mente procura reducir esa incoherencia buscando el equilibrio.

Algunos ejemplos que posiblemente nos han ocurrido serían:

  • Quiero pasar menos tiempo en el móvil, pero lo reviso cada 5 minutos.
  • Quiero ahorrar dinero, pero compro cosas que no necesito.
  • Quiero dormir más, pero me quedo despierto viendo series o películas.
  • Las redes sociales no me están haciendo bien, pero no las dejo.

La disonancia cognitiva en la Biblia

Es importante destacar que la Biblia habla acerca de la disonancia cognitiva. El concepto no aparece bajo estos términos psicológicos, pero sí refleja ese conflicto en la mente del ser humano. El apóstol Pablo, en el libro de Romanos, presenta esta situación así:

«Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago.» (Romanos 7:15)

El apóstol presenta aquí la realidad de su lucha interna. Es una experiencia que no puede negar, y hace bien en reconocerla por su deseo de agradar a Dios. Se muestra muy sincero ante los cristianos de Roma, como alguien que ha pasado por esos momentos de tensión mental. El contexto de ese capítulo habla precisamente acerca del pecado. Podríamos decir, entonces, que desde su entrada en el mundo, el pecado rompe con la coherencia interna en la mente del ser humano y produce este conflicto.

El origen: de la perfección al conflicto

La Biblia presenta que el ser humano y su entorno fueron creados perfectos:

«Y vio Dios lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera. Y fue la tarde y la mañana el día sexto.» (Génesis 1:31)

Allí no había pecado; por lo tanto, no había incoherencia ni disonancia. No obstante, ante la propuesta de la serpiente —Satanás—:

«Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal.» (Génesis 3:4-5)

Se generó un proceso mental que originó la primera disonancia cognitiva. Este derivó, finalmente, en la primera desobediencia del ser humano, que se inicia en la mente y conlleva al pecado. Así lo expresa el relato:

«Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella.» (Génesis 3:6)

Conciencia y Espíritu Santo

Ante esta nueva realidad, el ser humano ejerce una facultad de conciencia que Dios le ha dado, pero ahora bajo un nuevo proceso cognitivo. Este le permite decidir en un mundo con condiciones diferentes. El apóstol Pablo lo explica así:

«Mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos.» (Romanos 2:15)

Dios nos creó con conciencia moral: una facultad para discernir entre el bien y el mal. Es algo que aun los paganos —como los llamó Pablo en Romanos 2:14— tienen, sin necesidad de una ley escrita en papel, porque ya está escrita en sus corazones. Por ello, se convierte en el medio clave para evaluar si una conducta es correcta o no.

En medio de este proceso, el Espíritu Santo tiene un rol importante. Ayuda a la persona que está en tensión, sobre todo cuando conoce los principios eternos de Dios. Pablo lo señaló así:

«Verdad digo en Cristo, no miento, y mi conciencia me da testimonio en el Espíritu Santo.» (Romanos 9:1)

La obra del Espíritu Santo es real: reafirma nuestra conciencia y nos ayuda a determinar si lo que hacemos, o haremos, es correcto. Así, se convierte en el agente que produce la disonancia cognitiva con un propósito, para que entendamos el camino a seguir ante ciertas situaciones de la vida.

La disonancia cognitiva como alarma espiritual

Debemos entender que la disonancia cognitiva se convierte en una alarma o señal de advertencia. La incomodidad, la inquietud o la culpa que sentimos ante algún escenario personal no son enemigas. Son señales que pueden ayudarnos a evitar una situación peor. El peligro está cuando esa alarma es ignorada, y se toman decisiones que nos alejan de Dios mediante la desobediencia. Así se debilita la conciencia que Él nos ha dado.

El propio proceso mental intenta evitar esa disonancia y procura generar un equilibrio, tomando algunos caminos posibles. Frente a estos momentos de tensión, conviene reconocer cuál es el camino correcto. Algunos de ellos serían:

  1. Cambiar de conducta.
  2. Cambiar la creencia.
  3. Justificar o minimizar el conflicto, reinterpretando la conducta.
  4. Evitar la verdad que confronta.

Ejemplos bíblicos de estos caminos

La Biblia presenta ejemplos de personas que tomaron algunas de estas opciones. Adán, ante lo que había hecho al comer del fruto prohibido, se justificó señalando el origen de la culpa en Eva (Génesis 3:12). El joven rico, a quien Jesús invita a vender todo lo que tiene, evita la verdad que lo confronta huyendo de aquel lugar (Marcos 10:22).

Sansón, tras recibir la advertencia de sus padres sobre el error de tomar mujer filistea para sí, decide cambiar su creencia y dejarse llevar por sus sentidos y emociones (Jueces 14:3). Finalmente, José, pese a la fuerte tentación de la esposa de Potifar, cambió la conducta propuesta en aquel momento y tomó un rumbo coherente con sus principios (Génesis 39:9).

Quizás hoy surjan entre nosotros expresiones que recuerdan actitudes similares: «Dios conoce mi necesidad», «solo será esta vez», «no quiero parecer fanático», «los demás son problemáticos», «así son todas las iglesias», «Dios lo cambiará luego». Estas expresiones pueden reflejar un conflicto mental que decidimos equilibrar por alguno de esos caminos, evitando asumir una postura firme y coherente con los principios que Dios nos ha dado para nuestra bendición.

Incluso el apóstol Pablo añade algo significativo:

«Y que por la hipocresía de los mentirosos que tienen cauterizada la conciencia.» (1 Timoteo 4:2, RVC)

Pablo habla de una conciencia cauterizada, como un tejido quemado que ya no siente dolor. Esto ocurre cuando se ignora la alarma mediante la repetición de la acción, la justificación constante o la evasión de la verdad. La consecuencia es una pérdida de la sensibilidad moral, un autoengaño profundo y, finalmente, el alejamiento progresivo de Dios.

¿Cómo aprovechar este proceso cognitivo?

Frente a este proceso, tan común en los seres humanos, podemos avanzar percibiéndolo desde otra perspectiva. Para ello, podemos dar algunos pasos que serían de gran ayuda:

  1. Reconocer la disonancia cognitiva como un llamado de Dios guiado por el Espíritu Santo (Romanos 9:1).
  2. Confesar el pecado en lugar de justificarlo (1 Juan 1:9).
  3. Cambiar la conducta y renovar nuestra mente, a fin de comprobar la voluntad de Dios (Romanos 12:2).
  4. Procurar la coherencia interna aun en las cosas pequeñas (Mateo 25:23).
  5. Sensibilizar la conciencia a través de la comunión diaria (Salmo 55:17).

Ahora podría cerrar esta reflexión invitándote a pensar: ¿Qué áreas de tu vida están en disonancia? ¿Quieres pedirle al Espíritu Santo que te ayude a resolverlo?

Beato Felipe Alvarado

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