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En el colegio adventista de Bogenhofen, en Austria, una decana de internado femenino percibió que algo no iba bien y oró pidiendo dirección. Su visita nocturna condujo a una conversación sincera que ayudó a una estudiante a entregar un teléfono escondido y a superar su creciente dependencia de la electrónica, a través del cuidado, la responsabilidad y el poder de Dios.

Yvonne, decana de internado en Bogenhofen, apreciaba una norma que limitaba a las adolescentes a 45 minutos diarios de uso del teléfono móvil. Había visto lo adictivos que podían llegar a ser los teléfonos, y notaba que la norma animaba a las estudiantes a pasar más tiempo juntas: hablando, riendo y realizando actividades divertidas, como remar en el arroyo del campus.

Pero también sabía que, siempre que existían normas, había estudiantes que intentaban romperlas. Sospechaba que algunas chicas del internado tenían un segundo teléfono, escondido después de haber entregado el primero. Sin embargo, mientras no viera nada, no podía hacer nada.

UNA NOCHE DE TÉ Y SOSPECHAS

Un día, varias chicas estaban enfermas en sus habitaciones. Esa noche, Yvonne les llevó té caliente de hierbas. Al entrar en la habitación de una de las chicas, sintió que algo no estaba bien.

Para entrar en la habitación, Yvonne tenía que pasar por dos puertas: una exterior y otra interior. Llamó a la puerta exterior y la abrió. Detrás de la puerta interior, escuchó el sonido de algo moviéndose y se detuvo, preguntándose qué estaba pasando. Al abrir la puerta interior, no encontró nada extraño. La joven de 16 años estaba tumbada en la cama. Le agradeció el té a Yvonne y le preguntó: «¿A qué hora te vas a dormir? ¿Vas a volver a comprobar cómo estoy?».

Yvonne pensó: «Qué preguntas tan interesantes».

Terminó de comprobar cómo estaban las demás chicas y, unos diez minutos después, regresó sin avisar a la habitación de la joven de 16 años. Llamó a la puerta exterior y, al abrir la segunda puerta, vio que la chica escondía rápidamente algo bajo la manta.

Ahora Yvonne estaba convencida de que algo no iba bien. ¿Qué debía hacer?

UNA ORACIÓN A LAS CUATRO DE LA MADRUGADA

Esa noche, en su casa, oró: «Señor, ayúdame a ayudar a esta chica».

A las cuatro de la madrugada, se despertó con una fuerte impresión de regresar a la habitación de la joven. Pensó: «¿Por qué? Está durmiendo. Solo la vas a despertar». Entonces le vino otro pensamiento: «Quizás esté enferma».

Yvonne fue a la habitación de la chica y abrió la puerta exterior. Una luz brillaba bajo la segunda puerta. La abrió y vio que la joven estaba en la cama, mirando su teléfono móvil.

Cerrando la puerta con cuidado, Yvonne fue a su despacho y se arrodilló para orar: «Señor, ¿qué debo hacer?».

UNA CONVERSACIÓN QUE CAMBIÓ TODO

Esta vez sintió la impresión de hablar con la chica. Yvonne regresó a la habitación y pasó las siguientes dos horas conversando con la estudiante. Al final de la charla, la joven dijo:

«Sabes, no quería darte mi segundo teléfono, y lo he estado usando todo este tiempo. Pero ahora es fácil renunciar a él, porque sé que de verdad te importo».

Yvonne se llenó de alegría. La chica comprendió que ella no intentaba ser cruel, sino ayudarla a superar una adicción a la electrónica. En las primeras horas de esa madrugada, la joven hizo de Dios el Señor de su relación con los dispositivos electrónicos.

Gracias por tu ofrenda del Decimotercer Sábado, también conocida como la Ofrenda del Proyecto Misionero Trimestral, que conduce a las personas hacia el Dios que nos capacita para vencer la adicción. Bogenhofen, situado cerca de Braunau, Austria, recibió parte de la ofrenda de 1986 para abrir el internado femenino donde ocurrió esta historia. La ofrenda de este trimestre ayudará a acercar a más personas a Dios en toda la División Intereuropea, que incluye Austria.

Artículo original publicado en Adventist Mission.

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