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Vivimos en un mundo lleno de pecado y sufrimiento. Todos enfrentamos en algún momento dificultades que pueden hacernos cuestionar el amor de Dios. La lección de esta semana estudia cómo respondieron algunos personajes bíblicos ante situaciones adversas, y cómo su ejemplo puede ayudarnos a afrontar nuestros propios contratiempos.

A. LAS TORMENTAS DE LA VIDA

Cruzar el Mar de Galilea en plena noche no era algo nuevo para Pedro, Andrés, Jacobo y Juan, expertos pescadores. Sin embargo, esta tormenta les sobrepasaba. El viento arrastraba las olas e inundaba la barca. Y entonces surgió la pregunta: ¿dónde está Jesús? ¿Cómo es que no nos ayuda? ¿Acaso no le importa lo que nos pase? (Mr. 4:35-38).

En nuestra vida atravesamos tormentas similares. Pedimos ayuda a Jesús, pero parece que esté dormido. No sentimos su presencia. Pero Él está ahí. Espera el momento de reprender nuestra tormenta: «Calla, enmudece» (Mr. 4:39). Él tiene cuidado de nosotros (1P 5:7) y puede calmar nuestras tormentas. No te olvides de alabarle cuando lo haga (Mr. 4:40-41).

B. LAS ENFERMEDADES

Sufrir hemorragias durante doce años sin encontrar ningún médico que pudiese sanarla había dejado a aquella mujer en la ruina y sin esperanza (Mr. 5:25-26). Todos podemos enfrentar situaciones en que la enfermedad nos aprisiona y asfixia sin encontrar alivio. Sin embargo, ella vio en Jesús la solución, y su fe la salvó (Mr. 5:27-29).

Debemos confiar en que Jesús puede usar hábiles médicos para sanarnos, o realizar en nosotros un milagro directo. En todo caso, nos invita a dejar sobre Él todas nuestras cargas y preocupaciones (Mt. 11:28-30).

C. LOS DESASTRES

Guerra, violencia y desastres naturales transformaron radicalmente la vida de Job (Job 1:13-19). Todos estamos expuestos a los desastres, ya sean naturales o provocados por el mal que impera en este mundo. ¿Cómo reaccionó Job?

  • No culpó a Dios ni le rechazó.
  • Se aferró a Él con todas sus fuerzas.
  • Confió incluso en los momentos más oscuros.
  • Puso su vista en un futuro glorioso (Job 19:25-27).

Si no desfallecemos, podremos ver que incluso en nuestras pruebas más duras Dios siempre está ahí. Nos ama y nos fortalece para sacar fuerzas de la debilidad, ánimo del desfallecimiento y esperanza en los desastres (Joel 3:10; Ro. 5:3-5).

D. LAS DECEPCIONES

La perspectiva de los discípulos de Emaús era clara: Jesús es el Mesías que va a redimir a Israel. La realidad los devastó: ha muerto (Lc. 24:18-21). Su decepción fue tan grande que no les dejaba aceptar las evidencias más claras de la resurrección (Lc. 24:22-24).

Pacientemente, Jesús les ayudó a recobrar sus esperanzas. Finalmente, «se les abrieron los ojos» (Lc. 24:31), y corrieron a animar a quienes aún estaban decepcionados (Lc. 24:32-35; 2Co. 1:4). De su experiencia aprendemos que:

  • No debemos dejar que la duda se arraigue en nuestra mente.
  • Jesús camina a nuestro lado aún en nuestras decepciones.
  • Él aclarará nuestras perplejidades, si se lo permitimos.
  • Jesús sabe mejor que nosotros cuál es nuestra realidad.

E. VER A JESÚS

Cuando Elena G. White estaba en abyecta desesperación, tuvo una visión en la que vio a Jesús. Él comprendía todo lo que estaba pasando. En un momento determinado, posando su mano sobre su cabeza, le dijo: «No temas». Ella vio escenas gloriosas y alcanzó la seguridad y la paz del cielo. Ese sueño le dio esperanza, fe y la certeza de que podía confiar en Dios.

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PARA MEDITAR

«Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.» (Romanos 8:28)
«Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.» (Filipenses 4:6-7)
«Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna. Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman.» (Santiago 1:2-4, 12)
«Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.» (2ª Corintios 12:9)
«A todos nos tocan a veces momentos de intensa desilusión y profundo desaliento, días en que nos embarga la tristeza y es difícil creer que Dios sigue siendo el bondadoso benefactor de sus hijos terrenales […] Si en tales momentos pudiésemos discernir con percepción espiritual el significado de las providencias de Dios, veríamos ángeles que procuran salvarnos de nosotros mismos y luchan para asentar nuestros pies en un fundamento más firme que las colinas eternas.» Elena G. White, Profetas y reyes, p. 119.

Si estás pasando por momentos difíciles, recuerda: el amor y el cuidado de Dios hacia ti son lo más seguro y estable de tu vida. Él no está dormido. Está contigo.

Vídeo complementario de la lección:

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Revista Adventista de España
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