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Vivimos en una época en la que todo parece fragmentado y se nos presenta a través de múltiples filtros: políticos, sociales, culturales y religiosos. En este mar de opiniones, el ser humano tiene una tendencia natural a consumir la verdad a su conveniencia. Nos acercamos a los canales, ideas y grupos que mejor validan nuestros planteamientos, eligiendo una versión que nos haga sentir cómodos e interiormente seguros.

«Todos desean fervientemente tenerla de su lado, pero muy pocos desean genuinamente estar del lado de la verdad.»

Estar de su lado exige mucho más que simplemente tener la razón; requiere coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos.

EL DILEMA DE PILATO

Históricamente, esta búsqueda ha sido una constante en todas las culturas. Uno de los momentos más reveladores ocurrió en el encuentro entre Jesús y Poncio Pilato. Cuando Jesús declaró:

«Para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad.» (Juan 18:37)

Pilato lanzó al aire su famosa pregunta: «¿Qué es la verdad?». Trágicamente, el procurador no esperó la respuesta. A pesar de reconocer la inocencia de Jesús, se dejó arrastrar por la presión de su entorno y el miedo a perder su estatus, dándole la espalda a lo que tenía frente a sus ojos.

NO ES UN MARTILLO, ES UNA ACTITUD DE VIDA

En el ámbito religioso y espiritual, existe un peligro enorme: adueñarse de ella para imponerla. Cuando usamos nuestros textos sagrados o creencias como un «martillo» para golpear a los demás y demostrar que tenemos la razón, solo generamos distanciamiento, rechazo y familias rotas.

Quien pretende poseer la salvación de forma exclusiva con el objetivo de imponerla a otros, actúa con un espíritu sectario que nada tiene que ver con el mensaje original del cristianismo. Como advertía Voltaire, la intolerancia es un derecho absurdo y bárbaro que nos lleva a destrozarnos moral y físicamente.

Por el contrario, el ejemplo de Jesús muestra que el mensaje auténtico siempre va de la mano de la libertad, el respeto y el amor hacia las personas. La verdadera identidad espiritual no se esconde, pero respeta profundamente las creencias y formas de vida de los demás.

UNA FORMA DE VIVIR

Entonces, ¿qué es la verdad en la práctica? Más que un concepto teórico, es una actitud de vida. Se manifiesta en el día a día, no mediante la imposición de ideas, sino a través de acciones concretas:

  • Dar de comer al hambriento.
  • Acoger al forastero.
  • Servir a los demás.
  • Aceptar a las personas tal como son, incluso si atraviesan momentos difíciles.

Quien vive genuinamente desde este lugar experimenta una transformación profunda. Ese compromiso otorga una libertad sin temores y una paz interior inquebrantable, y nos convierte en personas más comprensivas, abiertas y atentas a las necesidades del prójimo.

Conocer y vivir en la verdad nos libera de la necesidad de juzgar y nos impulsa a relacionarnos desde la empatía y el servicio. No se impone: se vive, se comparte y se irradia.

Este artículo es solo un resumen. Si quieres vivir la experiencia completa, te animamos a ver la predicación completa — ¡merece cada minuto!

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Revista Adventista de España
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