Actualidad Adventista

3 puertas para alimentar a los necesitados en mitad de la pandemia ADRA-Alenza

Hay un gran cambio respecto a la forma habitual de trabajo. Los voluntarios, protegidos con guantes y mascarillas, preparaban los lotes individuales.

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Hay un gran cambio respecto a la forma habitual de trabajo. Los voluntarios, protegidos con guantes y mascarillas, preparaban los lotes individuales.

¡Puertas abiertas! Las 3 puertas de la iglesia de Madrid-Alenza abiertas de par en par. Es lo primero que me sorprendió el domingo 19 de abril de este trágico 2020. Eran las 10 de la mañana cuando llegué para ayudar en la entrega de alimentos que ADRA hace a las personas necesitadas en coordinación con los Servicios Sociales Municipales de Tetuán y Chamberí con la aportación de los alimentos procedentes del Fondo Europeo de Ayuda a Desfavorecidos (FEAD) y el Fondo Español de Garantía Agraria (FEGA).

En cada puerta, los madrugadores voluntarios ya habían montado su correspondiente mesa, 2 mesas para el reparto y 1 mesa para las labores administrativas. En cada mesa había un lugar para el gel hidro-alcohólico, imprescindible para mantener la higiene y prevenir contagios por Covid-19.

En total fueron 10 voluntarios quienes realizaron las tareas: 8 de ellos dedicados a la preparación y entrega de los lotes, la coordinadora en labores administrativas y 1 para recibir, comprobar y redirigir a la mesa correspondiente, coordinando en esta ocasión las entregas sin contacto. Este voluntario, que pasó casi todo el día en la acera, seguro que fue quien más agradeció la cálida temperatura y el suave sol que les acompañó a lo largo del día.

Cambios en los repartos

Desde primera hora de la mañana, los voluntarios protegidos con guantes y mascarillas preparaban los lotes individuales para todos los beneficiarios. Días antes, un camión de transporte llevó los 13 palés de alimentos con un total de 8.500 kg, de alimentos no perecederos. Para la descarga hubo que construir una rampa móvil que facilitaba introducir los palés en el vestíbulo de la iglesia y dejarlos listos para preparar cada lote. Como dificultad añadida y debido a las obras que se están llevando a cabo en Alenza, hubo que quitar las paredes provisionales y hacer sitio para la labor de ADRA.

Gracias a Dios, quien ha dirigido las labores necesarias y derribado obstáculos para que ADRA continúe esta gran labor en favor de los más necesitados después de unas semanas de obligado parón. No hubo que suspender definitivamente el reparto, recurrir a locales vecinos ni delegar esta tarea en otras entidades.

Gratitud de los beneficiarios

Los testimonios de las personas que acudían a recoger los alimentos dan fe de ello, agradeciendo la ayuda en una situación límite que se acentúa entre los que están en una situación precaria. Los lotes incluyen alimentos apropiados para cada familia, teniendo en cuenta los niños, sus edades y necesidades específicas según su edad.

Es inspirador ser testigo de cómo reconocen la mano de Dios en esta acción, escuchar sus sinceras muestras de agradecimiento y sus “Dios te bendiga” al despedirse. Es difícil no conmoverse al conocer la situación de cada una de las personas que iban llegando, acudiendo a la hora que habían sido citadas por la responsable de coordinación. El objetivo era evitar el riesgo de contagio, escalonando la hora de recogida en intervalos de 10 minutos.

También se llevaron un gran testimonio los vecinos que pasaban por delante de la puerta de la iglesia, la veían abierta de par en par, los voluntarios trabajando sin descanso atendiendo a los necesitados y escuchaban las palabras de gratitud a Dios y a ADRA por esta labor.

Comida a domicilio

ADRA tampoco se olvida de las personas que por diversas circunstancias no pueden acercarse a la iglesia a recoger la comida, por lo que ha organizado una ruta de reparto para hacer las entregas en sus domicilios.

Confiamos en Dios que continúa obrando en favor de sus hijos, proveyendo qué comer y qué vestir en tiempos difíciles, así como lo hace en los tiempos que no lo parecen tanto.

Autor: Álvaro Ligero, colaborador de ADRA. Imágenes: Javier Díaz

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